
El son jarocho tiene una historia profundamente ligada a la tradición, pero también ha demostrado que puede transformarse sin perder aquello que le da identidad. En Xalapa, Veracruz, La Calandria lleva una década explorando precisamente ese territorio: conservar la raíz mientras encuentra nuevas maneras de contar historias desde la música.
La agrupación, integrada por Raymundo Pavón Lozano, Alejandra Paniagua y Diego Huerta Cerroblanco, nació en 2016 y ha construido una propuesta que cruza el son jarocho con distintas experiencias musicales y escénicas. Su recorrido ya los ha llevado por escenarios de México, Colombia, Bélgica y España.
Ahora el grupo abre una nueva etapa con “Ensamble de los Grandes Vientos”, un formato de diez músicos creado específicamente para llevar su repertorio a una dimensión sonora diferente.
La propuesta tendrá su estreno absoluto el 8 de agosto en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, donde el trío ampliará su formación original con secciones de cuerdas y alientos.
Pero detrás de este concierto hay una historia mucho más amplia: años de colaboración, experimentación, amistad entre músicos y una reflexión sobre el lugar que puede ocupar actualmente la música tradicional mexicana.
La Calandria: tres músicos, tres caminos y una misma raíz
Una de las particularidades de La Calandria es que sus integrantes no llegaron al son jarocho exactamente por el mismo camino.
El trío está formado por Alejandra Paniagua en el arpa, Diego Huerta Cerroblanco en el guitarrón y Raymundo Pavón en la jarana.
Esa diversidad de experiencias se convirtió en uno de los elementos que definieron el sonido de la agrupación.
Paniagua tiene una trayectoria relacionada con la composición y la canción de autor, además de haber desarrollado una manera propia de explorar el arpa más allá de su uso estrictamente tradicional.
Diego Huerta Cerroblanco, originario de Querétaro, tiene una formación vinculada al mariachi y al guitarrón, pero también estudió contrabajo y ha transitado por el jazz, la música contemporánea, la música experimental y diferentes expresiones de la música mexicana.
Pavón, por su parte, comenzó a tocar la jarana desde los 14 años y posteriormente llevó su experiencia hacia otros terrenos, incluyendo la música para danza contemporánea y teatro.
Para Raymundo, esa combinación permite que cada integrante aporte un universo distinto cuando se encuentran dentro de La Calandria.
“Los saberes compartidos siempre van a generar un bien mayor”, explica Pavón al hablar de la manera en que esas diferentes formaciones enriquecen el proyecto.
La idea resulta fundamental para entender por qué la agrupación no plantea su propuesta como una reproducción del son jarocho tradicional, sino como una conversación entre la tradición y las experiencias musicales de sus integrantes.
De un trío a un ensamble de diez músicos
La transformación que ahora presenta La Calandria comenzó antes de que existiera formalmente el Ensamble de los Grandes Vientos.
Durante la producción de su segundo álbum, la agrupación empezó a incorporar instrumentos que no formaban parte de su configuración habitual.
En algunos momentos aparecieron violines, trompetas y otros elementos que permitieron imaginar cómo podía crecer el sonido del proyecto.
El reto siguiente fue convertir esa exploración en una formación musical capaz no solamente de grabar, sino también de presentarse en vivo.
Así nació la idea del ensamble.
El nuevo formato incorpora cuatro músicos de cuerdas y tres de alientos, además del trío base. La intención es ampliar las posibilidades armónicas y tímbricas del repertorio sin abandonar el pulso del son jarocho.

El proyecto también cuenta con Emilio Huerta Cerroblanco como director musical y arreglista.
Uno de los aspectos más interesantes del proceso es que los arreglos no fueron concebidos únicamente pensando en instrumentos, sino también en las personas que los ejecutan.
Raymundo explica que cada integrante del ensamble tiene una personalidad, una historia musical y una manera particular de interpretar, por lo que la música fue adaptándose a quienes forman parte de ella.
Ese proceso convierte al ensamble en algo más que una ampliación numérica del grupo.
Es una nueva forma de entender a La Calandria.
“La Calandria no es solamente un trío”
Para Pavón, uno de los grandes cambios que representa este proyecto es precisamente romper con la idea de que La Calandria tiene que permanecer limitada a su formato original.
“No estamos casados con la idea de que La Calandria sea solamente un trío”, señala.
El Ensamble de los Grandes Vientos representa, en ese sentido, una tercera etapa para la agrupación.
La primera fue la consolidación del trío; después llegó una etapa de exploración sonora que desembocó en su segundo álbum y ahora aparece una nueva posibilidad: ampliar el proyecto y construir un formato colectivo.
La presentación del Teatro de la Ciudad será especialmente significativa porque los arreglos fueron creados exclusivamente para esta ocasión y no forman parte del repertorio habitual de la agrupación.

“Antes de Salir el Sol”: una noche convertida en música
Buena parte de esta nueva etapa está relacionada con el segundo álbum de La Calandria: “Antes de Salir el Sol”, publicado en 2024.
El disco surgió a partir de diferentes momentos de creación y de una serie de canciones y arreglos que fueron apareciendo durante la segunda etapa del proyecto, iniciada alrededor de 2020.
El título terminó encontrando sentido en una experiencia cotidiana para los integrantes: las reuniones con amigos que comenzaban cuando caía la tarde y se prolongaban hasta las primeras horas del día.
La noche se convirtió entonces en una especie de hilo narrativo.
En el universo del son jarocho existen los llamados sones de madrugada, piezas que acompañan una etapa más tranquila del fandango, cuando baja la intensidad y la celebración comienza a entrar en otro momento.
Esa idea ayudó a La Calandria a conceptualizar el álbum como un recorrido nocturno.
El inicio representa el momento en que desaparece el sol.
Después llega la convivencia, la oscuridad, los recuerdos, la nostalgia y finalmente el amanecer.
El cierre con “Gallito Cantor” funciona como una especie de anuncio de un nuevo día.
Más que una colección de canciones, “Antes de Salir el Sol” puede entenderse como un recorrido emocional
Uno de los aspectos más interesantes de la propuesta de La Calandria es que su acercamiento al son jarocho no parte únicamente de la vida rural o de una representación folclórica de Veracruz.
Los integrantes son jóvenes que han vivido en Xalapa, una ciudad y capital estatal, y desde ahí han construido su propia relación con esta tradición.

Raymundo explica que el son jarocho les permitió hablar también de sus propias experiencias, inquietudes y emociones.
Es decir, la tradición se convierte en un lenguaje para contar historias contemporáneas.
Esta perspectiva ayuda a explicar por qué la agrupación considera que la música tradicional puede dialogar con nuevas generaciones sin tener que renunciar a sus elementos fundamentales.
Una nueva generación está redescubriendo la música tradicional
El interés de jóvenes músicos por las raíces mexicanas también ha comenzado a transformar el panorama.
Pavón reconoce que actualmente observa a músicos de 18, 19 y 20 años formando agrupaciones, componiendo nuevas piezas y creando arreglos desde la música tradicional.
Para él, La Calandria no pretende ser la única representante de este movimiento.
Más bien, forma parte de una escena mucho más amplia.
La agrupación es consciente de que existen muchas maneras de acercarse al son jarocho y que cada proyecto representa una de esas posibilidades.
Esa diversidad, lejos de ser un problema, puede convertirse en una fortaleza.
Porque el son jarocho puede conservar sus instrumentos, estructuras y raíces mientras encuentra nuevas formas de expresarse.
La Calandria llega al Teatro de la Ciudad este 9 de agosto
El crecimiento de esta escena también tiene una dimensión cultural.
Hace una década, explica Pavón, para muchas agrupaciones de música tradicional era complicado acceder a determinados teatros, radios y espacios culturales de la Ciudad de México.
Hoy existen más puertas abiertas, aunque considera que todavía falta mucho por hacer.
La razón es sencilla: hay numerosos músicos y proyectos de música tradicional que necesitan espacios para presentarse, desarrollar sus propuestas y construir públicos.
Para La Calandria, profesionalizar los proyectos y pensar también en su producción y estructura puede ayudar a que más agrupaciones encuentren caminos para crecer.
No se trata únicamente de tocar.
También hay que construir las condiciones que permitan que los músicos puedan continuar haciendo su trabajo.

Boletos disponibles a través del sistema Ticketmaster.
¿Qué viene para La Calandria?
Después de una década de trayectoria, la agrupación no parece interesada en quedarse en el mismo lugar.
Uno de sus próximos objetivos es grabar un álbum específicamente con el Ensamble de los Grandes Vientos.
También trabajan en la idea de comenzar la producción de un tercer álbum de La Calandria.
Pero existe otro proyecto que tiene un componente especialmente importante: recorrer el sur de México con el trío.
La intención es llegar a lugares donde normalmente las actividades musicales y artísticas tienen menos presencia debido a la falta de presupuesto o infraestructura.
Para ellos, ese recorrido también sería una oportunidad para conocer a otros músicos, descubrir nuevas expresiones y fortalecer las redes que han construido durante estos primeros diez años.
Así, el futuro de La Calandria parece apuntar en dos direcciones al mismo tiempo: crecer hacia afuera y profundizar hacia adentro.
Crecer con nuevos formatos, músicos y escenarios, pero también regresar a las comunidades y raíces que alimentan su música.