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Vans Warped Tour México 2026 llegó por primera vez a CDMX. Así fueron sus dos jornadas con Simple Plan, División Minúscula, punk, emo, lluvia y nostalgia

Vans Warped Tour México 2026: así fue su primera edición entre punk, lluvia y nostalgia

Lo mejor del Vans Warped Tour México 2026 en imágenes
Lo mejor del Vans Warped Tour México 2026 en imágenes Foto: Alejandra Miriel

El Vans Warped Tour finalmente llegó a México y cerró su primera edición en el Autódromo Hermanos Rodríguez después de dos jornadas marcadas por el punk, el emo, el rock alternativo, la nostalgia y una audiencia que convirtió la lluvia, el lodo y los problemas técnicos en parte de la experiencia.

Los días 12 y 13 de septiembre de 2026, más de 100 mil personas se dieron cita en el recinto capitalino para presenciar un cartel que reunió a agrupaciones internacionales y mexicanas de distintas generaciones. El resultado fue un encuentro entre quienes crecieron escuchando estos géneros durante los años 2000 y una nueva generación que los está descubriendo.

La expectativa no era menor. Después de décadas de formar parte del imaginario de la escena punk y alternativa, el Warped Tour tuvo finalmente su primera edición mexicana con nombres como Papa Roach, Yellowcard, Allison, Taking Back Sunday, Rise Against, Simple Plan, New Found Glory, Alexisonfire, Black Veil Brides, All Time Low, Pennywise y División Minúscula, entre muchos otros. La propia organización había planteado la llegada a México como una nueva parada dentro de la historia del festival.

Un viaje directo a los dosmiles

Uno de los principales atractivos del Warped Tour México fue su capacidad para conectar pasado y presente.

Desde las primeras horas del primer día quedó claro que la nostalgia sería uno de los protagonistas. Allison abarrotó uno de los escenarios principales y convirtió canciones conocidas por varias generaciones en uno de los primeros grandes momentos de la jornada. Erik Canales y compañía incluso describieron su participación como un sueño cumplido.

El comentario de una asistente que bromeó con que ya había gente de más de 30 años en el moshpit resumió, quizá sin proponérselo, una de las características del festival: buena parte del público ya no tenía la edad de cuando escuchó por primera vez aquellas canciones, pero seguía dispuesto a saltar, cantar y meterse a los slams.

Papa Roach también llevó el festival hacia uno de sus terrenos más intensos. La combinación de riffs, coros y mosh pits convirtió su presentación en uno de los puntos fuertes del primer día, mientras otras agrupaciones como Insite, 2 Minutos, Goldfinger, Atreyu y The Devil Wears Prada completaban una jornada que recorrió distintas vertientes del punk, emo, hardcore y rock alternativo.

Cuando el festival dejó de ser nostalgia

El segundo día demostró que el Warped Tour no dependía únicamente de los recuerdos de los dosmiles.

Motion City Soundtrack protagonizó uno de los reencuentros más especiales de la jornada. La agrupación regresó a México después de varios años y recuperó canciones que forman parte del repertorio esencial de la escena emo, entre ellas “The Future Freaks Me Out” y “Everything Is Alright”.

Hawthorne Heights llevó esa misma idea al extremo con una presentación que abrazó de lleno la estética de aquella época. Los visuales inspirados en Windows 98 y canciones como “Saying Sorry”, “Niki FM” y “Ohio Is for Lovers” convirtieron el escenario en una especie de cápsula del tiempo.

Pero también hubo espacio para propuestas que demostraron que el sonido sigue evolucionando. Movements, por ejemplo, aportó una lectura más contemporánea del emo y el post-hardcore, mientras que Fiddlehead, Thrice y Alkaline Trio llevaron distintas intensidades al segundo día.

Sgt. Papers y las monedas sobre el escenario

Entre los momentos más particulares estuvo el de Sgt. Papers.

El dúo mexicano comenzó su presentación enfrentando problemas de audio, una situación que también afectó a otros proyectos durante el festival. Sin embargo, lejos de detener el show, la banda consiguió conectar con el público y terminar provocando uno de los primeros mosh pits del domingo.

La interacción incluso derivó en una escena inesperada: después de bromear sobre cobrar por tocar, los asistentes comenzaron a lanzar monedas de 10 pesos hacia el escenario. La anécdota terminó convirtiéndose en una de esas imágenes pequeñas pero representativas de la primera edición mexicana.

Elli Noise y el encuentro con la historia del punk mexicano

Otro momento significativo llegó con Elli Noise.

La agrupación, considerada una de las representantes de la escena punk mexicana, enfrentó dificultades técnicas durante su presentación, pero Mariana Priego aprovechó el escenario para celebrar que finalmente la banda pudiera formar parte del festival.

Su participación tuvo un peso particular porque el Warped Tour no llegó a México únicamente para reproducir una fórmula internacional. La presencia de proyectos nacionales permitió que el festival también mostrara una parte de la historia construida por la escena independiente mexicana.

Ese cruce se volvió todavía más evidente cuando las bandas nacionales compartieron espacio con agrupaciones que, durante años, fueron referentes para músicos y seguidores mexicanos.

Thrice y la lluvia como parte del espectáculo

Thrice ofreció otro de los momentos destacados del segundo día.

La banda presentó un set concentrado pero intenso con canciones como “The Artist in the Ambulance”, “Gnash” y “Black Honey”. Mientras avanzaba la presentación comenzó a caer una lluvia ligera, creando una de las postales que terminarían definiendo la segunda jornada.

Para entonces, el público ya sabía que el clima sería parte de la experiencia. Los impermeables comenzaron a aparecer entre la multitud y las zonas de tierra se transformaron progresivamente en espacios de lodo.

La lluvia no detuvo los conciertos principales, pero sí cambió por completo la experiencia de desplazarse entre escenarios.

Alkaline Trio, una dosis de oscuridad

Si Thrice llevó intensidad, Alkaline Trio aportó una atmósfera distinta.

La agrupación encabezada por Matt Skiba recurrió a canciones como “Private Eye”, “Warbrain” y “Radio”, provocando algunos de los coros más fuertes de la tarde.

Fue uno de esos momentos en los que el festival dejó de sentirse como una reunión exclusivamente nostálgica y recordó que el punk y el emo también pueden tener un componente oscuro, melancólico y visceral.

Black Veil Brides y la teatralidad

Black Veil Brides llevó otra estética al escenario.

Andy Biersack apareció con la imagen característica de la agrupación y presentó canciones como “Knives and Pens”, “Bleeders” y “Hallelujah”. El espectáculo ganó un momento adicional cuando Juliet Simms apareció para interpretar “Cut” junto a Biersack.

La colaboración fue uno de los cruces que ayudaron a que el segundo día tuviera momentos distintos entre sí y no se limitara a repetir la fórmula de nostalgia emo.

Pennywise y el punk sin nostalgia

La participación de Pennywise fue importante por otra razón: mostró que el punk del Warped Tour podía mantenerse vigente sin depender de canciones asociadas exclusivamente con los años 2000.

Durante su presentación se formaron círculos y mosh pits mientras la banda interpretaba temas como “Peaceful Day”, “Same Old Story” y “My Own Country”.

La agrupación también dedicó palabras al público mexicano y lo calificó como uno de los mejores del mundo, además de celebrar que el festival finalmente hubiera llegado al país.

El momento funcionó como recordatorio de que el Warped Tour tiene raíces mucho más profundas que la estética emo que buena parte del público asocia con él.

Simple Plan y la postal más surrealista

Simple Plan protagonizó uno de los momentos más comentados de todo el festival.

La agrupación canadiense construyó un set pensado tanto para sus seguidores de la llamada “old school” como para quienes descubrieron sus canciones años después. “I’d Do Anything”, “Addicted” y “Welcome to My Life” provocaron algunos de los coros más grandes de la jornada.

Pero el espectáculo fue mucho más allá de la nostalgia.

La banda invitó a LØLØ para interpretar “Jet Lag”, compartió el escenario con State Champs en “Where I Belong” y recibió a Erik Canales, vocalista de Allison, para cantar “I’m Just a Kid”. Este último encuentro tuvo un significado especial porque puso a una banda mexicana dentro de uno de los momentos más reconocibles del repertorio de Simple Plan.

Y entonces llegó una de las imágenes más inesperadas del festival: un mariachi apareció para cantarle “Las Mañanitas” a Scooby-Doo.

Después, varias botargas del famoso perro aparecieron en el escenario mientras Simple Plan interpretaba “What’s New Scooby-Doo?”.

La escena mezcló pop-punk, cultura mexicana y una caricatura que muchos de los asistentes conocieron durante su infancia. Precisamente por lo improbable de la combinación, terminó convirtiéndose en una de las postales más recordadas de la primera edición.

División Minúscula puso el sello mexicano

Si hubo una banda capaz de resumir la importancia de la llegada del Warped Tour a México, fue División Minúscula.

La agrupación mexicana ocupó uno de los espacios centrales de la segunda jornada y presentó canciones de distintas etapas de su trayectoria. Su participación representó además un puente entre la historia del rock alternativo nacional y el festival que durante décadas fue una referencia para músicos y seguidores de todo el mundo.

La presencia mexicana no se limitó a División Minúscula. Allison, Insite, Elli Noise, Sgt. Papers y otros proyectos nacionales formaron parte de una programación que permitió mostrar distintas generaciones de la escena local.

En ese sentido, la primera edición mexicana tuvo algo que la diferenció de una simple reproducción del festival estadounidense: el público pudo reconocer parte de su propia historia musical sobre los escenarios.

Un público “chavorruco” que también fue protagonista

Más allá de las bandas, uno de los elementos más constantes durante las dos jornadas fue la participación del público.

Mosh pits, crowdsurfing, círculos de baile y miles de personas cantando canciones completas fueron parte del paisaje. El festival recuperó además una tradición asociada al Warped Tour: recorrer el recinto de un escenario a otro intentando descubrir nuevos proyectos.

Incluso la forma de organizar los horarios contribuyó a esa sensación. La programación diaria se dio a conocer el mismo día, una característica que obligó a los asistentes a decidir sobre la marcha qué presentaciones querían alcanzar.

Así, más que permanecer frente a un solo escenario, buena parte de la experiencia consistió en correr de un show a otro.

La lluvia, el lodo y los problemas técnicos

No todo fue sencillo.

La lluvia convirtió algunas zonas del Autódromo Hermanos Rodríguez en caminos de lodo y obligó a los asistentes a cambiar de estrategia para desplazarse por el recinto.

A esto se sumaron problemas de audio en algunas presentaciones, particularmente entre proyectos de menor tamaño. Sin embargo, varias bandas continuaron sus sets pese a esas dificultades.

La situación terminó formando parte de la memoria del festival. Tenis cubiertos de lodo, impermeables y público empapado se volvieron parte de la postal de un evento que, por primera vez, enfrentó las condiciones reales de un festival de estas dimensiones en la Ciudad de México.

Las ausencias que marcaron el festival

La primera edición también tuvo dos ausencias importantes.

Rise Against canceló su presentación durante la primera jornada debido a un problema de salud de su vocalista, Tim McIlrath. El anuncio apareció en las pantallas del festival y dejó uno de los huecos más notorios del cartel. Grupo Animal reportó que Kevin Lyman, fundador del Warped Tour, adelantó que la agrupación buscaría saldar esa deuda en 2027.

La segunda gran ausencia fue Jimmy Eat World.

La banda tenía previsto presentarse durante el segundo día y celebrar en México el 25 aniversario de “Bleed American”, uno de los discos fundamentales de su trayectoria. Sin embargo, su actuación fue cancelada.

La ausencia resultó especialmente significativa porque “The Middle” y otras canciones del álbum eran parte de los momentos que buena parte del público esperaba cantar durante el festival.

Conclusión: ¡Necesitamos una segunda edición del Vans Warped tour en México!

Más allá de las dificultades, la primera edición dejó una imagen clara: el punk, el emo, el hardcore y el rock alternativo todavía tienen una audiencia amplia en México.

Pero reducir el festival a una celebración de nostalgia sería quedarse corto.

Lo interesante estuvo precisamente en la convivencia de generaciones. Había asistentes que conocieron estas bandas durante la adolescencia, otros que las descubrieron años después y jóvenes que llegaron al festival para escuchar proyectos que continúan desarrollando estos sonidos.

El resultado fue un fin de semana de guitarras distorsionadas, coros generacionales, lluvia, lodo, mosh pits y encuentros inesperados.

El Vans Warped Tour llegó a México como un festival que durante años parecía pertenecer a otro lugar y otra época. Sin embargo, al instalarse en el Autódromo Hermanos Rodríguez encontró algo que probablemente era indispensable para que funcionara: un público que conocía su historia, pero que también estaba dispuesto a escribir una nueva.

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