Escenario

La nueva película protagonizada por Austin Abrams nos muestra un clásico conflicto entre el humano y la naturaleza en el que esta es una metáfora para algo más

Reseña de La caída de la ballena: Sobrevivir a la naturaleza y al duelo

La caída de la ballena Nueva película de supervivencia dirigida por Brian Duffield y protagonizada por Austin Abrams. (20th Century Fox)

Desde antes del Internet, con canales como National Geographic, nos hemos podido enterar de historias reales sobre el ser humano enfrentando a la naturaleza, a veces con resultados fatales. Christopher McCandless, Timothy Treadwell, Thomas y Eileen Lonergan son personas reales con finales trágicos que ponen foco en los peligros de la naturaleza y los cuidados que debemos tener al adentrarnos en ella.

Esta cualidad ha hecho que se produzcan películas y documentales sobre casos como los ya mencionados y muchos más, en las cuales se explora cómo el hombre tiende a subestimar su pequeñez ante la naturaleza y por lo tanto su capacidad de sobrevivir situaciones limítrofes. En años recientes hemos visto La sociedad de la nieve, sobre los sobrevivientes del vuelo 571 en los Andes, o 127 horas, sobre la historia de Aron Ralston.

Una historia similar, aunque ficticia, llega a los cines con La caída de la ballena, dirigida por Brian Duffield (Oso intoxicado, Nadie podrá salvarte) y protagonizada por Austin Abrams.

Es la segunda película de este año donde vemos a Austin Abrams intentar sobrevivir a una situación que pondría a cualquiera de nosotros al límite, la primera siendo Resident Evil: Noche Cero. La diferencia es que aquí se trata de algo que se siente más palpable que un apocalipsis zombie: el mar y los misterios que en él habitan. La caída de la ballena gira en torno a Jay Gardiner, quien tras la muerte de su padre, un pescador y buzo profesional, decide adentrarse al mar en un intento por superar los traumas que nunca arregló con este. El protagonista se sumerge a las aguas durante una tormenta y termina siendo tragado por un cachalote, del cual deberá escapar antes de quedarse sin oxígeno. El reparto también incluye a Josh Brolin, Elizabeth Shue, John Ortiz, Jan Levy y Emily Rudd.

Comienzo mencionando casos reales porque la película toma aspectos de otras adaptaciones de lo que podríamos llamar el cine de supervivencia. Combina aspecto terroríficos, mas no “de terror”, en los que muestra hasta dónde debe llegar el ser humano para sobrevivir. Momentos que provocan que la audiencia, muy cómoda desde una sala de cine o detrás de un televisor, se estremezca y sienta pánico. Sin embargo, el género muchas veces también incorpora elementos dramáticos, los cuales nos recuerdan que no estamos viendo una película de Juego del miedo, cuyo único objetivo es mostrarnos el dolor infligido a los personajes, sino que se trata de personas reales con vidas que dejan atrás de no sobrevivir a sus predicamentos.

La caída de la ballena toma este acercamiento a pesar de que se trata de una historia ficticia. La cinta es una adaptación de una novela de Daniel Kraus. Esto lleva a que la película se asemeje más a otras historias que más bien utilizan el conflicto de hombre contra la naturaleza como una metáfora para algo más. Sea la obsesión egoísta en Moby Dick, la explotación de la naturaleza en El viejo y el mar o la pérdida de la inocencia en Pinocho. Ser capaz de sobrevivir dentro de una ballena incluso por unos minutos es un mito, pero eso no es lo importante en esta historia. Lo importante es contar una historia sobre el duelo y cómo lo superamos.

El conflicto al centro de La caída de la ballena es la relación que lleva Jay Gardiner con su papá, Mitt, quien cometió suicidio lanzándose al mar para no sufrir una enfermedad terminal en el hospital. Antes de su muerte, el padre llevaba una relación tormentosa con su hijo debido a su regimiento casi militar, una inhabilidad de comunicarse con él en un plano sentimental y una falta de entendimiento de que su hijo es una persona con sus propias metas y deseos. La ballena sirve como un dispositivo para retratar que el duelo, sobre todo aquel que vivimos con personas importantes para nosotros pero con las que pasamos momentos duros, no son cinco etapas bien definidas que se viven con transiciones bien definidas. Es un proceso doloroso y desordenado que requiere de una fuerza de voluntad extraordinaria para superarlo.

Diría que a mí lo que me faltó un poco más son escenas en las que se desarrollaran los buenos momentos entre padre e hijo. La película comunica lo que necesitan comunicar: que la relación de Jay con su padre estaba mal desde hacía años debido a visiones del mundo distintas. Sin embargo, tal vez una exploración de los momentos en que ambos se sintieron felices juntos habría añadido mucho más peso dramático. En vez de esto, la película elige resolver la relación entre el protagonista y su padre a través de diálogos imaginarios entre ambos —los cuales son ejecutados de una manera que raya con lo risible— en los que Mitt le comunica a su hijo lo mucho que lo ama a pesar de todo el dolor y distancia que se presentó durante la relación.

En general, la película se disfruta mucho como una experiencia cinematográfica, aunque tal vez no la esperada (como dije, no entres a la sala esperando una película de terror). Creo que al pasar buena parte de la película atrapados en el estómago de una ballena, con efectos especiales muy bien logrados, la oscura cinematografía es mejor disfrutada en la pantalla grande.

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