
Desde Santiago de Chile, LARÓ construye una etapa musical marcada por la necesidad de hablar con mayor honestidad sobre sus emociones, sus temores y su identidad. Su próximo álbum, Niño Triste, previsto para el 12 de noviembre, reúne canciones que nacieron de un proceso personal en el que el músico decidió dejar de guardarse ciertas experiencias y convertirlas en composiciones más directas. Después de presentar “Ya no te hago falta”, el artista comparte “Una noche más”, tercer adelanto del disco y una pieza que utiliza la vulnerabilidad como punto de partida para hablar sobre la libertad de ser uno mismo.
“Una noche más”: atravesar el miedo para encontrar la libertad
Para LARÓ, el camino hacia Niño Triste comenzó con una revisión de su propia historia. La composición de las canciones le permitió reconocer sentimientos que había mantenido en silencio durante mucho tiempo, así como una sensación de no encajar del todo en la escena musical chilena, particularmente dentro de los espacios asociados con el folk y la canción de autor.
“Ya no te hago falta”, uno de los sencillos previos, surgió de ese reconocimiento. Sin embargo, el proceso creativo no se limitó a escribir y publicar inmediatamente todo lo que iba surgiendo. El músico llegó a componer alrededor de 30 canciones para un álbum que finalmente reunirá 12, por lo que tuvo que seleccionar las piezas que mejor representaban el momento personal y artístico que atravesaba.
La decisión de tomarse tiempo antes de publicar también respondió a la intención de contar verdades propias. En lugar de producir canciones únicamente para mantener una presencia constante, LARÓ buscó construir un relato que tuviera sentido en conjunto y que le permitiera expresarse con una franqueza distinta a la de sus trabajos anteriores.
En ese recorrido aparece “Una noche más”, una canción que aborda su bisexualidad, aunque el artista prefiere ampliar la lectura hacia una idea más universal: enfrentar los miedos puede convertirse en una forma de crecimiento y de libertad personal. La pieza no pretende reducirse a una sola experiencia, sino abrir un espacio para que cada escucha encuentre sus propias interpretaciones.
El tema se conecta con la intención general de Niño Triste: hablar de aquello que muchas veces se evita por temor al juicio de otras personas. Para el músico, poner esas experiencias en palabras implica asumir una posición frente a sí mismo y frente al mundo, pero también puede ofrecer compañía a quienes atraviesan procesos parecidos.
Esta voluntad de ser más explícito representa un cambio respecto de su material previo. En el nuevo álbum, las letras se acercan más al diario personal, con ideas expuestas de manera directa y menos preocupación por esconder lo que siente detrás de imágenes ambiguas. LARÓ apuesta por canciones que nacen de experiencias íntimas, pero que no se quedan encerradas en la historia de quien las escribió.
Su propósito es que el público pueda apropiarse de ellas y relacionarlas con sus propias vivencias. En ese sentido, “Una noche más” no funciona solamente como una confesión, sino como una invitación a cuestionar los límites que impone el miedo y a reconocer que mostrarse vulnerable también puede ser una manera de avanzar.
El calendario del proyecto continuará con otro sencillo previsto para las semanas siguientes, una colaboración con Rosario Alfonso que servirá como un nuevo acercamiento al universo del álbum. Con cada lanzamiento, el artista busca revelar una parte distinta de un trabajo concebido como una narración personal.

Guitarra, voz y cinta magnética: la búsqueda de un sonido humano
La honestidad de Niño Triste no está presente únicamente en sus letras. También se refleja en las decisiones sonoras que acompañan las canciones. En “Una noche más”, la guitarra y la voz ocupan un lugar central, con una producción que busca conservar una sensación orgánica y cercana, en contraste con la tendencia a saturar las canciones de capas y efectos.
LARÓ explica esta búsqueda desde una idea que aprendió durante su formación musical: “simple no es igual que fácil”. La frase resume una de las dificultades de trabajar con pocos elementos: cuando una canción depende principalmente de una voz y un instrumento, cada detalle queda expuesto. No hay tantos recursos detrás de los cuales esconder una interpretación, por lo que la intención y la emoción deben sostener la pieza.
La composición tampoco se limita por completo a las convenciones de la canción de autor. Aunque mantiene esa base, “Una noche más” incorpora una cadencia rítmica que dialoga con recursos asociados al trap y a las subdivisiones de tresillos. No se trata de convertirla en una canción de reguetón, sino de integrar elementos contemporáneos sin perder el carácter íntimo de la interpretación.
Uno de los aspectos más reveladores del proceso está en el origen de la primera maqueta. La versión inicial fue grabada con un iPhone, pero el registro tenía una frescura emocional que llevó al músico a conservarlo como referencia durante la producción. En lugar de desechar esa toma por sus limitaciones técnicas, decidió rescatar aquello que transmitía.
La canción pasó después por un proceso que incluyó cinta analógica y trabajo de posproducción. La mezcla estuvo a cargo del colombiano Nicolás Ramírez, mientras que Nacho Barrientos y Paula Cuña también participaron en el desarrollo sonoro. Entre los recursos utilizados destaca Galaxy Tape, un equipo de eco y reverberación magnética que contribuye a crear profundidad y textura.
Para LARÓ, el interés por lo analógico no significa que la tecnología digital carezca de posibilidades. Reconoce que muchos de esos efectos pueden emularse mediante herramientas digitales, pero encuentra en los procesos físicos una calidez particular y una oportunidad para conservar ciertas irregularidades. El objetivo no es alcanzar una perfección técnica absoluta, sino mantener los momentos en los que una interpretación transmite algo irrepetible.
Esa postura también se relaciona con su manera de entender la grabación musical. Cada toma funciona como un registro de un instante: la voz, la ejecución instrumental y las pequeñas variaciones forman parte de una interpretación que no necesariamente puede reproducirse de la misma manera. Para el artista, las imperfecciones pueden aportar identidad en lugar de convertirse en defectos que deban eliminarse automáticamente.
Como referencia, recuerda que incluso grabaciones de bandas tan influyentes como The Beatles conservan ruidos y errores. Esos detalles no impiden que las canciones conecten con el público; en ocasiones, contribuyen a que el registro se sienta vivo. En Niño Triste, esa búsqueda acompaña una escritura más directa y personal, donde la producción procura estar al servicio de las emociones y no al revés.
Inteligencia artificial, algoritmos y la responsabilidad de crear música
La defensa de una música más humana también lleva a LARÓ a reflexionar sobre la manera en que se consume y produce hoy. En una industria atravesada por las plataformas digitales, los lanzamientos constantes y la competencia por captar la atención, el músico considera que todavía existe un público dispuesto a escuchar historias y a encontrar momentos de calma.
Aunque reconoce que mantener la atención de los oyentes puede resultar complicado, no cree que la solución sea acelerar cada vez más las canciones o llenar las producciones de estímulos. Para él, las personas siguen buscando música que les permita detenerse, identificarse con una historia y compartir una experiencia colectiva.
Esa perspectiva implica, además, una responsabilidad para quienes crean. La música no es solamente un producto que debe responder a las exigencias de los algoritmos: también puede acompañar procesos personales, abrir conversaciones y ayudar a que alguien reconozca una emoción que no sabía cómo expresar. Por eso, LARÓ considera importante preguntarse qué se está ofreciendo al público y desde qué lugar se construye cada obra.
Su reflexión incluye el avance de la inteligencia artificial, una herramienta sobre la que mantiene una posición matizada. No rechaza todas sus aplicaciones y reconoce que puede resultar útil en tareas concretas, como separar elementos de una grabación o limpiar ruidos. Su principal preocupación aparece cuando los sistemas se entrenan con música de artistas sin su autorización ni una compensación adecuada.
Desde su perspectiva, utilizar obras ajenas para desarrollar herramientas comerciales sin considerar los derechos de quienes las crearon plantea un problema ético y laboral. La discusión no tendría que centrarse únicamente en si la tecnología es buena o mala, sino en establecer límites que protejan a las personas que trabajan en la música y garanticen que exista consentimiento para utilizar sus creaciones.
La inquietud se relaciona con la importancia que concede a la huella humana en una canción. Una interpretación contiene decisiones, errores, respiraciones y variaciones que forman parte de un momento específico. Aunque la tecnología puede facilitar procesos, para LARÓ no debería borrar la participación de quienes hacen posible una obra ni convertir sus aportaciones en material disponible sin condiciones.
Esa postura también se refleja en el modo en que ha construido su carrera. Sus trabajos anteriores superaron los dos millones de reproducciones y recibieron reconocimiento de los American Songwriting Awards. Además, ha colaborado con músicos como Benjamín Walker, Rosario Alfonso y Vicente y Fuentes, experiencias que forman parte de un recorrido en el que ha ido definiendo su voz artística.
Con Niño Triste, el siguiente paso consiste en acercarse todavía más a su propia historia. El álbum propone canciones menos inclinadas a ocultar sus intenciones y más dispuestas a decir aquello que suele permanecer en privado. En ese proceso, “Una noche más” representa una de las piezas centrales: una canción que parte de la experiencia personal para plantear una pregunta que puede atravesar distintas identidades y generaciones.
LARÓ quiere que quienes escuchen el disco puedan hacer suyas las canciones, sin que sea indispensable conocer todos los detalles que las originaron. La intención es que cada persona encuentre una frase, una emoción o una melodía que le permita reconocerse y, quizá, atreverse a expresar algo que hasta entonces había callado.
En una escena musical que exige novedades constantes, el artista elige detenerse en lo esencial: una voz, una guitarra, una historia y la decisión de contarla sin esconder sus partes incómodas. Niño Triste se perfila así como un ejercicio de sinceridad creativa, mientras “Una noche más” convierte esa búsqueda en una invitación a vivir con menos miedo y mayor libertad.