
Personas privadas de la libertad del Centro Penitenciario El Castillo, en Mazatlán, participaron en la siembra de alevines de tilapia como parte de un proyecto productivo que busca fortalecer su proceso de reinserción social mediante el aprendizaje de nuevas habilidades y oficios. La iniciativa pretende brindar herramientas que les permitan construir un mejor futuro una vez que concluyan sus procesos legales y recuperen su libertad.
El proyecto de acuacultura cuenta con el respaldo del Club Rotario Mazatlán, organización que realizó la inversión inicial para poner en marcha la actividad dentro del centro penitenciario. Además, especialistas de la Facultad de Ciencia del Mar de la Universidad Autónoma de Sinaloa brindaron capacitación técnica para la construcción de estanques y el adecuado manejo de los peces.
Los participantes tienen la responsabilidad de cuidar las crías de tilapia desde su etapa inicial hasta que alcanzan el tamaño adecuado para su comercialización, proceso que puede tardar entre cuatro y ocho meses. Durante ese tiempo deben alimentar a los peces varias veces al día, monitorear la calidad del agua, supervisar las condiciones de los estanques y atender cualquier situación derivada de los cambios climáticos.
Las labores se realizan mediante turnos organizados que inician a las ocho de la mañana y concluyen a las cuatro de la tarde. De esta manera, las personas privadas de la libertad adquieren conocimientos prácticos relacionados con la acuacultura, además de fomentar valores como la disciplina, la responsabilidad y el trabajo en equipo.
Uno de los participantes es José Ángel, quien ha permanecido cerca de dos décadas en el centro penitenciario y considera que este tipo de programas representan una oportunidad para cambiar su vida. Según relató, esta es la segunda ocasión en que se desarrolla el proyecto y aseguró que la experiencia le ha permitido mantenerse motivado, aprender nuevas actividades y pensar en alternativas productivas para cuando recupere su libertad.
El interno destacó que la crianza de tilapias le ha enseñado la importancia de la constancia y el compromiso, además de demostrarle que es posible adquirir nuevos conocimientos aun en circunstancias difíciles. También agradeció el apoyo de las instituciones y personas que participan en la iniciativa, ya que considera que existen muchas personas dentro de los centros penitenciarios interesadas en cambiar su rumbo y reincorporarse positivamente a la sociedad.
De acuerdo con Agustín Frías Vázquez, director de Proyectos Especiales del Club Rotario Mazatlán, una vez que las tilapias alcanzan el tamaño adecuado y son comercializadas, los recursos obtenidos benefician directamente a las personas privadas de la libertad que participan en el programa. Asimismo, una parte de las ganancias se reinvierte en la compra de nueva semilla para garantizar la continuidad del proyecto.
Las autoridades penitenciarias señalaron que este tipo de actividades forman parte de una estrategia integral enfocada en la reinserción social, la capacitación laboral y el aprovechamiento productivo del tiempo dentro de los centros de reclusión. El objetivo es que los participantes desarrollen habilidades que puedan utilizar en el futuro para obtener ingresos de manera legal y mejorar sus oportunidades de vida.
Durante la siembra de los alevines estuvieron presentes representantes del Club Rotario Mazatlán, autoridades penitenciarias y personal académico de la Universidad Autónoma de Sinaloa, quienes coincidieron en la importancia de impulsar programas que fomenten el trabajo, el aprendizaje y la construcción de nuevas oportunidades.