El pasado 19 de junio se cumplieron diez años de los hechos ocurridos en Nochixtlán, Oaxaca, un episodio que permanece como uno de los acontecimientos más dolorosos en la historia reciente del magisterio mexicano. La conmemoración reunió durante estos días a docentes, familiares de las víctimas y organizaciones sociales que reiteraron a Aurelio Nuño ex secretario de Educación -2015 a 2017-, su exigencia de verdad, justicia y reparación integral.
Los acontecimientos de 2016 ocurrieron durante el gobierno del entonces presidente Enrique Peña Nieto, en el contexto de las protestas contra la reforma educativa promovida por su administración. En ese periodo Aurelio Nuño, fue uno de los principales impulsores y defensores de dicha reforma, la cual generó un amplio rechazo entre sectores del magisterio, especialmente de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).
Diversas organizaciones de maestros y colectivos de derechos humanos sostienen que la estrategia gubernamental para implementar la reforma educativa contribuyó a un clima de confrontación que culminó en los hechos de Nochixtlán. En ese sentido, han señalado la existencia de responsabilidades políticas de los funcionarios que encabezaban la administración federal, entre ellos Aurelio Nuño, por las decisiones adoptadas durante ese periodo. Sin embargo, las responsabilidades legales individuales continúan siendo materia de investigación y debate, sin que exista una resolución judicial que determine responsabilidad penal de Nuño por esos hechos, pero sí la autoría de una reforma educativa que polarizó al magisterio, generó ocho muertes
A una década de distancia, la memoria de las maestras y los maestros agraviados, así como de las personas que perdieron la vida, forma ya parte de la conciencia histórica del país. Para las víctimas y sus familiares, el paso del tiempo no ha disminuido la demanda de esclarecimiento de los hechos ni el reclamo de que se garantice la no repetición.
Durante los actos conmemorativos, representantes del magisterio recordaron que Nochixtlán simboliza la resistencia de quienes se opusieron a la reforma educativa y reiteraron que la construcción de la memoria histórica debe ir acompañada del acceso a la verdad y la justicia. Diez años después, el caso continúa siendo un referente en la discusión sobre el uso de la fuerza pública, la protección de los derechos humanos y la relación entre el Estado y los movimientos sociales en México.