En una época marcada por la productividad constante, donde cada minuto parece destinado a ser aprovechado, la escritora argentina Mariana Enríquez propone una idea que puede parecer casi revolucionaria: para escribir, también es necesario no hacer nada.
Durante una entrevista reciente, la autora reflexionó sobre la importancia de los momentos de ocio, de las pausas y de esos espacios aparentemente improductivos que permiten que las ideas maduren. Lejos de considerar el descanso como una pérdida de tiempo, Enríquez lo entiende como una parte fundamental del proceso creativo.
La escritora sostiene que la escritura no ocurre únicamente cuando alguien está frente a una computadora o una libreta. Muchas veces el trabajo sucede antes, mientras se camina, se observa el entorno, se recuerda una conversación o simplemente se permanece en silencio. Son esos momentos de aparente inactividad los que permiten ordenar pensamientos, construir personajes o encontrar soluciones narrativas.
Su reflexión llega en un contexto en el que las redes sociales, los teléfonos inteligentes y la presión por mantenerse siempre ocupado han reducido considerablemente los espacios para la contemplación. La necesidad de estar produciendo, consumiendo contenido o respondiendo mensajes deja poco margen para el aburrimiento, una experiencia que durante décadas fue considerada una fuente de imaginación y creatividad.
Para quienes se dedican a escribir, la idea de Enríquez funciona como un recordatorio de que la creación literaria no siempre es visible. Pensar una historia, dejar que una idea repose o incluso atravesar periodos en los que parece que no ocurre nada también forman parte del trabajo. La página escrita es apenas la etapa final de un proceso mucho más amplio.
Quizá por eso la autora defiende esos tiempos vacíos que hoy parecen escasos. Porque, en ocasiones, no hacer nada es precisamente lo que permite que algo termine siendo escrito.