Jalisco

Mientras hace apenas cinco años el discurso dominante invitaba a las mujeres a “ser jefas”, hoy TikTok e Instagram están llenos de contenido que idealiza la vida de esposa tradicional, aunque muchas veces desde una perspectiva de privilegio económico

Del sueño de ser girl boss al auge de las tradwives: el debate que domina las redes sociales

En redes sociales se libra uno de los debates culturales más intensos del momento: ¿es mejor aspirar a ser una girl boss o una tradwife? La conversación, que parecía marginal hace algunos años, se ha vuelto omnipresente en plataformas como TikTok, Instagram y YouTube, donde miles de creadoras muestran rutinas domésticas impecables, desayunos elaborados, vestidos vaporosos y una vida centrada en el hogar y el cuidado de la familia.

El fenómeno de las tradwives —abreviatura de traditional wives o esposas tradicionales— ha ganado una enorme visibilidad. Sus defensoras sostienen que reivindica tareas históricamente menospreciadas, como cocinar, criar hijos o administrar el hogar. Sin embargo, el discurso suele estar atravesado por un elemento que no pasa desapercibido: el privilegio.

Muchas de las influencers más populares de esta tendencia viven en casas amplias, cuentan con electrodomésticos costosos, tienen flexibilidad de tiempo y, en numerosos casos, dependen de ingresos familiares elevados o de las propias ganancias generadas por su contenido digital. Por ello, diversas usuarias cuestionan que la vida doméstica se presente como una elección universalmente accesible, cuando para millones de mujeres trabajar fuera de casa no es una opción, sino una necesidad económica.

La discusión contrasta con el ambiente que predominaba en redes alrededor de 2020 y 2021. En aquel momento, el mensaje aspiracional estaba marcado por el auge del concepto girl boss: emprender, escalar profesionalmente, liderar empresas, invertir, monetizar hobbies y construir una independencia financiera sólida. Las frases motivacionales alentaban a “no depender de nadie”, “facturar” y “convertirse en la propia jefa”.

Ese ideal de productividad y éxito profesional dominó buena parte de la conversación digital durante años. Las figuras femeninas más celebradas eran empresarias, creadoras de startups, ejecutivas o emprendedoras que mostraban agendas saturadas, reuniones, viajes de trabajo y metas de crecimiento constante. La independencia económica era presentada como una forma de empoderamiento.

Ahora, el péndulo parece haberse movido hacia el extremo contrario. El contenido de las tradwives suele enfatizar la suavidad, el descanso, la feminidad clásica y la satisfacción de cuidar a la pareja y al hogar. Algunas usuarias interpretan este giro como una reacción al agotamiento que dejó la cultura de la hiperproductividad y la presión por “tenerlo todo”: éxito profesional, estabilidad económica, vida social activa y bienestar personal.

No obstante, especialistas y creadoras feministas advierten que el problema no es elegir una vida más doméstica, sino romantizarla sin reconocer las desigualdades estructurales. Señalan que una mujer con respaldo económico puede decidir reducir su carga laboral para dedicarse al hogar, mientras que otras enfrentan dobles jornadas de trabajo remunerado y doméstico sin posibilidad real de elegir.

El debate también ha revelado una fatiga generacional frente a los modelos extremos. En los comentarios de estas publicaciones abundan mujeres que aseguran no identificarse ni con la ejecutiva obsesionada con el trabajo ni con la esposa dedicada exclusivamente al hogar. Más que escoger entre girl boss o tradwife, muchas expresan el deseo de tener autonomía para combinar trabajo, descanso, relaciones personales y cuidado del hogar de la manera que mejor se adapte a sus circunstancias.

Así, el choque entre ambos modelos se ha convertido en un reflejo de las tensiones actuales sobre trabajo, género y bienestar. Hace cinco años las redes inspiraban a “ser jefa”; hoy una parte importante del contenido viral propone volver a la casa y a los roles tradicionales. La pregunta que subyace no es solo qué estilo de vida resulta más atractivo, sino quién tiene realmente la posibilidad de elegirlo.

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