Los sueños, esa otra vida que ocurre mientras dormimos y que muchas veces se desvanece apenas abrimos los ojos, son el punto de partida de Un carretón de gitanos (o la otra vida de los sueños), el nuevo libro de la escritora oaxaqueña Araceli Mancilla Zayas, publicado por Almadía.

La autora llega a la Ciudad de México para presentar el poemario después de haberlo compartido en Oaxaca. La presentación se realiza en Casa Tomada, un espacio distinto al de su ciudad de origen y ante nuevos lectores, algo que, reconoce, también modifica la manera en que una obra puede ser recibida.
“Cada quien podrá desde su lugar, desde el lugar en el que esté de su experiencia de vida, pues darle un sentido u otro, ¿no? Claro. Pensar, bueno, esto va por acá o va por allá, ¿no? Pero bueno, creo que en cada una de estas historias de estos sueños se acerca posiblemente algo que se ha vivido ya por las lectoras o los lectores”.
El libro reúne 84 poemas construidos a partir de sueños que Mancilla recopiló y trabajó durante cinco años. El proceso comenzó con algo aparentemente sencillo: registrar lo que había soñado. Sin embargo, llevar esas experiencias al terreno de la poesía implicó un ejercicio de precisión y depuración.
“Entonces, es un primer paso que di, soñé y luego dije, bueno, pues lo pasé a, como no recordaba, lo pasé a un diario y era pasarlo literalmente, ¿no? Narrar lo que había pasado en el sueño, soñé que tal cual, ¿no? Y esto podía ser un mirado, conozco todo el desarrollo de, pues tal como pasó el sueño, la historia, el suceso, lo que se haya visto en el sueño, pero a la hora de decir el poema, claro que estaba yo segura que no, la forma para exponer esto literariamente no era una narración tal cual modificándolo a partir de notas, ¿no? De las anotaciones, sino buscarle cuerpo de poema fue un reto”.
Uno de los principales desafíos, explica, fue encontrar la forma de cada texto sin intervenir demasiado en aquello que había aparecido durante el sueño. Los poemas, además, son breves: ninguno supera aproximadamente una página y media.
“¿Cómo formar el poema? ¿Qué alcances va a tener? ¿Va a ser versos largos, versos cortos? ¿Cómo se puede exponer el sueño? ¿Cómo darle su propia voz al sueño? Y en la medida, sí, eso fue un reto para mí, no intervenirlo, ¿no? No intervenirlo con explicaciones”.
Para Mancilla, se trataba de permitir que el sueño conservara su naturaleza y, al mismo tiempo, encontrar las palabras exactas para transformarlo en una pieza literaria.
“Hay un sueño y quiere salir de esa nebulosa de ser sueño, de ser un argumento, algo que se está diciendo y pasará a ser un poema, ¿no? ¿Qué forma? Y buscarle la forma fue un reto muy bonito, muy bonito porque fue ir acomodando, ¿no? Acomodando las palabras, casi con mi estudio, porque es un trabajo de precisión, ¿no? Son tan pequeños los poemas que si no tenía esa precisión, ¿no? Ya fuera que le sobrara o le faltara, entonces como que no se realizaba, ¿no? Eso fue un reto formal muy importante”.
Una escritura abierta a la interpretación
En Un carretón de gitanos, los sueños no aparecen necesariamente como relatos que deben ser explicados o descifrados. Por el contrario, la autora busca conservar cierta extrañeza propia de la experiencia onírica y dejar espacios para que cada lector complete aquello que queda sugerido.
Mancilla explica que, después de terminar el libro, continuó leyendo sobre los sueños y encontró el concepto de los llamados sueños de umbral: aquellos que colocan a quien sueña “en la orilla de algo”, frente a una posible transformación, pérdida, encuentro o continuidad.
“Y yo creo que en ese sentido, cada quien lo integra, cada lector lo integra de acuerdo a su experiencia, ¿no? Alguien puede pensar, pues si yo entraría a esto, si yo fuera el soñador o la soñadora, yo, a mí me pasaría esto, ¿no? A una relación amorosa, por ejemplo, o estaría a punto de cambiar mi vida por una situación de otro tipo, ¿no? Laboral o porque ya estoy cansado de estar haciendo lo que hago o de mi actividad, ¿no? O lo que sea, pueden ser mil situaciones”.
La apertura, para la autora, no significa que al poema le falte algo, sino que forma parte de la propia naturaleza del sueño.
“Yo quería que el sueño pudiera, cuando quedaba abierto, tener ese alcance y no más bien que sintieras, ¡ay!, como que literariamente algo había faltado, sino dentro de la naturaleza de ser sueño, más bien que abriera la posibilidad de integrar lo demás”.
La otredad como misterio
Otro de los elementos centrales del libro es la aparición de otras personas dentro de los sueños. Algunas son conocidas, otras desconocidas; algunas permanecen iguales y otras cambian durante el propio sueño. Esa transformación lleva a la autora a preguntarse no sólo quién es ese otro, sino qué dice sobre quien sueña.
“Sí, la otredad es un misterio, un misterio, porque se te presenta, en el sueño se me presentaron algunos personajes conocidos, otros no los conozco”.
Y añade:
“Entonces, ¿qué me está diciendo ese sueño respecto a esa persona o respecto a mí misma, más bien a mí misma con relación a esa persona? ¿Cómo la miro? ¿Por qué la soñé? ¿Por qué era así la atmósfera?”
Para Mancilla, incluso la identidad de quien aparece en un sueño puede desdibujarse.
“El otro se vuelve un misterio aún más profundo porque a veces soñamos a personas que no hemos visto durante mucho tiempo y entran, ¿no? Entran y sí, es muy interesante porque el otro en el sueño a veces soy yo misma”.
Cinco años, 84 sueños y un proceso de depuración
La autora recopiló más de un centenar de sueños durante cinco años y trabajó cada uno de ellos. Al final, 84 llegaron a convertirse en poemas que forman parte del libro.
“Fueron, pues están trabajados 84 sueños, son 84 poemas, y fueron más de 100 seguro. Y los trabajé, los trabajé todos”.
No todos los textos sobrevivieron al proceso. Algunos fueron descartados porque, aunque el sueño le parecía interesante, consideraba que no había conseguido hacerle justicia al llevarlo al poema.
“Como decía, sí el sueño fue muy interesante, decía, pero yo no alcancé sinceramente como a dar con lo que el sueño merecía, ¿no? Y aunque estaban ahí, los trabajaba, y eran a veces muy pequeños, o sea, me daban para algo muy pequeño, pero no, o algo, bueno, del tamaño que fuera, no me dejaba satisfecha, como que pensaba que no le había hecho justicia al sueño, los deseché”.
En ese proceso también participaron dos poetas y amigos cercanos de la autora, quienes leyeron distintas versiones del libro y realizaron observaciones que llevaron a modificar, reducir y eliminar algunos textos.
“Eso debía ser cuidado, ¿no? Muy cuidado. Y eso pasó que, ante esas preguntas y ante algunas observaciones, yo decía, bueno, a ver, quite, quite muchas cosas, modifique algunas cositas, que parecen mínimas, pero a la hora del resultado final son muy importantes, ¿no? Para darle fuerza a alguna idea o al sentido, ¿no?”
La casa, el agua y una vida en transición
Entre las imágenes que recorren el poemario aparece de manera recurrente la casa. Mancilla descubrió que esa presencia estaba relacionada con el momento vital en el que surgieron los sueños: durante un periodo de transición entre dejar una casa que había amado durante años y encontrar un nuevo lugar para vivir.
“Sí, bueno, mira, fue durante un momento, eso no se lo he contado a nadie. A ver. Mira, advierto que los sueños justo desembocaron en un periodo de transición de vivir en una casa y cambiarme a otra”.
La casa que habitó durante años había dejado de ser el lugar que necesitaba, y la búsqueda de un nuevo hogar coincidió con los cinco años en los que recopiló los sueños que posteriormente darían forma al libro.
“Entonces ese periodo, que fue como de cinco años de estar pensando, tengo que buscar otro lugar y tiene que ser un lugar adecuado y encontrar el lugar donde vivo actualmente, fue en el periodo en que soñé”.
El agua es otro de los elementos constantes del poemario. Aparece en forma de lluvia, mar, ríos, lagunas y corrientes, y puede representar tanto una fuerza vital como una amenaza.
“Sí, bueno, el agua es muy constante, es posible que aparezca casi en los cuatro apartados que llamé, pero sí, la lluvia, claro, la lluvia es una presencia importante en varios de ellos, y bueno, el agua es como todo un elemento maravilloso para extrañar, porque es no solamente que llueve, sino puede referirse también a nuestro propio cuerpo”.
Para la escritora, la frontera entre el interior y el exterior también se vuelve difusa dentro de los sueños.
“Nosotros llovemos, y entonces, cuando soñamos que llueve, estamos siendo conscientes de que cuando llovemos nosotros, estamos lloviendo también con el exterior, aunque afuera esté seco, como que somos conscientes de esa integración con el afuera”.
Y en esa relación aparece también el mar, capaz de transportar, arrastrar o incluso destruir.
“¿Qué pasa cuando el mar aparece así en nuestra vida? En nuestra otra vida, que es la vida del sueño. ¿Qué está diciendo? ¿Qué es lo que te quiere dejar? ¿A qué quiere empujar? ¿O te quiere llevar? ¿Qué está sucediendo ahí?”
El origen de Un carretón de gitanos
El título del libro surgió de uno de los propios poemas. Durante un periodo inicial, Mancilla trabajó con un título provisional, hasta que el poeta Jorge Esquinca le sugirió recuperar una frase que aparecía en uno de los textos: “Un carretón de gitanos, donde todo se pierde”.
“Fíjate que así empieza uno de los poemas, Un carretón de gitanos, donde todo se pierde”.
La frase terminó convirtiéndose en el título definitivo. Más adelante, cuando surgió la posibilidad de publicar el libro, la autora añadió el subtítulo o la otra vida de los sueños para acercar desde el inicio a los lectores al tema del poemario.
“Yo le añadí O la otra vida de los sueños, para un poquito acercar más a los lectores al tema, para que pudieran ver de entrada de qué iba”.
Publicado por Almadía, editorial cuyo origen está en Oaxaca, el libro representa también un nuevo encuentro de Mancilla con una casa editorial que conoce tanto como lectora como autora.
“Porque Almadía, como tú sabes, tiene su origen en Oaxaca, un editorial nacional e internacional, su sede también en España, en Madrid, y bueno, yo vine a hacer Almadía como lectora y como autora también porque tengo un libro anterior en Almadía”.
La escritora destaca especialmente el trabajo editorial detrás de sus publicaciones y la búsqueda de autores y títulos que caracteriza al sello.
“Y el trabajo extraordinario que ha realizado, que se ha realizado, la búsqueda de títulos, de autores, bueno, pues, el trabajo con el libro en general, de cómo trabajar un libro en todo su proceso, desde el diseño, la tipografía, las series que tiene, entonces yo tengo una profunda admiración por Almadía”.
Más allá de intentar descifrar los sueños, Un carretón de gitanos propone detenerse en ellos. Escribirlos, conservarlos y compartirlos como una forma de reconocer esa vida paralela que ocurre mientras dormimos.
Para Mancilla, parte del sentido del libro está precisamente en esa invitación: prestar atención a aquello que normalmente dejamos atrás al despertar.
“Pues esta invitación a que anotemos nuestros sueños, simplemente por el gozo de ver tu otra vida también puede ser, que te invite este libro a anotar tus sueños o a no dejarlos de lado”.