Hay ciudades que reciben partidos. Y hay ciudades que terminan recibiendo al mundo.
Eso está pasando estos días en Guadalajara.

El Mundial 2026 encontró aquí algo que no aparece en los calendarios oficiales ni en las estadísticas: una ciudad que decidió salir a la calle. Porque sí, están los partidos, las pantallas y las zonas oficiales, pero el ambiente mundialista se siente sobre todo en esos espacios donde nadie tiene boleto y aun así siente que está en primera fila.
El Fan Festival es el ejemplo más claro. Ahí el futbol dejó de ser noventa minutos para convertirse en una tarde completa: gente llegando temprano, familias, turistas, grupos de amigos, música, comida, banderas y esa sensación rara y bonita de estar rodeado de desconocidos que por unas horas parecen conocidos de toda la vida.

La respuesta ha sido tanta que incluso hubo que abrir más espacios y sumar pantallas tanto en la zona del Fan Fest como en La Minerva. Y se nota: donde antes había un punto de reunión, ahora aparecen varios pequeños estadios improvisados en la ciudad.
Porque La Minerva ya no es solamente glorieta. Durante estos días se volvió sala de festejo, punto de encuentro y lugar para ir a gritar un gol aunque no conozcas a nadie alrededor. Ahí llegan quienes vienen del estadio, quienes salieron del trabajo y quienes solo quieren sentir el ambiente.
Y si uno se mueve un poco más, el Mundial también aparece en el Centro de Guadalajara, donde se cruzan camisetas de Corea del Sur, Colombia, República Checa, México y muchos otros países. Hay gente tomando fotos, buscando dónde comer, entrando a cafeterías, preguntando direcciones o simplemente caminando sin prisa.

En Zapopan el ambiente también se extendió. El Auditorio Benito Juárez y distintas zonas públicas se fueron llenando de familias, grupos de amigos y visitantes que encontraron otra manera de vivir el torneo fuera de los estadios. Porque este Mundial también se está jugando en las banquetas.
Y luego está Chapultepec.
Esa avenida que normalmente ya tiene vida propia, estos días parece convertirse en un paseo permanente: gente que va, viene, se detiene, canta, echa porras, grita cuando cae un gol y sigue caminando. Ahí aparece también uno de los sonidos más comentados del Mundial tapatío: el famoso “quiere volar”. Hay quienes ya lo adoptaron como parte del folclor mundialista y quienes confiesan que después de escucharlo veinte veces ya no tanto. Pero así funcionan estas fiestas: tienen sus himnos no oficiales.
Eso sí: entre toda la emoción hay algo que vale la pena cuidar para que esto siga siendo una celebración y no un dolor de cabeza.

La limpieza.
Da gusto ver plazas llenas, pero daría más gusto da verlas limpias cuando termina el partido. Tirar la basura en su lugar también es parte de apoyar a la Selección.
Y la convivencia.
Porque cuando Chapultepec se llena o cuando miles llegan a La Minerva, hay autos intentando pasar, vecinos regresando a casa y personas que simplemente no están en modo Mundial. Tener paciencia, no bloquear cruces, respetar espacios y bajar un poco el volumen cuando toca, también hace que la ciudad siga siendo disfrutable para todos.

Guadalajara está viviendo uno de esos momentos que se recuerdan años después.
Y quizá esa sea la mejor postal del Mundial: una ciudad llena de gente, sí, pero también una ciudad que sabe celebrar sin dejar de cuidarse.