“La peor forma de injusticia es la justicia simulada”
Platón

La existencia del Estado, solo se justifica si garantiza seguridad, justicia y servicios públicos básicos, le hablaré de la justicia, explicaré qué está pasando, porqué se está convirtiendo en un fracaso que amenaza convertirse en un grave foco de indignación social de efectos impredecibles.
Cómo servicio público, tiene dos umbrales, la impartición, a cargo de las fiscalías y la impartición, a cargo de tribunales y dependencias públicas que substancian procedimientos.
LA JUSTICIA EN FISCALIAS
Está a cargo del Ministerio Público, se volvió anacrónica, ineficiente, ahogada en sus vicios estructurales, le diré sólo 4 de ellos.
1.- MANDOS CORRUPTOS; De las 33 fiscalías de México, casi todas están dirigidas por políticos, sin carreras ministeriales, subordinan la institución al titular del poder ejecutivo, convirtiéndolas en su “rottweiler” político, llegan al cargo a aprender a hacer negocios y traficar poder, designan en altos cargos a políticos que van a lo mismo, la improvisación es un karma de la inexistencia de autonomía política, funcional y técnica.
2.- INEXISTENCIA DE GRATUIDAD, en casi todas las fiscalías, salvo ameritados casos donde se desempeñan servidores públicos ejemplares, que sí los hay, todo avance procesal cuesta dinero, la corrupción es regla, normalizada e invisibilizada, prácticamente es la única posibilidad para que fluyan las cosas; sin ética jamás habrá servicios de calidad.
3.- SATURACION DE CARGAS DE TRABAJO, no hay proporción entre las cargas de trabajo y la capacidad operativa para desahogarlo, el volumen de asuntos es un cuello de botella aplastante, imposible de fluir funcional estructural y orgánicamente, las altas autoridades no han encontrado solución a esta abrumadora carga, se deben diseñar mecanismos viables, simplificar procesos, abatir formulismos anacrónicos, concluir procesos ministeriales y trabajar en la cultura de la prevención.
4.- DESPRESTIGIO, La pérdida de credibilidad institucional es muy grave, a esa catástrofe de desconfianza aportan policías judiciales, peritos, ministerios públicos sin escrúpulos que han lastimado enormemente la fe en esas entidades.
Las consecuencias son funestas, hoy padecemos fiscalías con hasta 98% de ineficacia que mandan un mensaje a la sociedad y a delincuentes sobre la rampante impunidad.
LA JUSTICIA EN TRIBUNALES E INSTITUCIONES DEL EJECUTIVO
Tiene varios problemas graves, le platicaré tres, lo anacrónico de sus estructuras, el austericidio presupuestal y la saturación de asuntos.
1.- Sus ESTRUCTURAS OPERATIVAS, no han evolucionado en decenios, no al ritmo de las abrumadoras cargas de trabajo y necesidades sociales; desde hace tiempo perdieron creatividad sus ejercicios modernizadores han sido gravísimos fracasos por sustentarse en ocurrencias sin respaldo financiero ni metodológico ni apoyo en tecnología.
No es culpa de juzgadores, es culpa institucional resistente a la innovación inteligente, que mantiene procedimientos anacrónicos y asfixia a los tribunales con ausencias de personal capacitado, falta de insumos, herramientas y desdén de órganos superiores.
Operan con mínimo papel y tinta, sin mantenimiento debido en sus equipos, con mínimos recursos, así no hay manera de trabajar en condiciones razonables, menos de satisfacer la necesidad social.
2.- El AUSTERICIDIO PRESUPUESTAL, es un problema brutal, no hay forma de retener servidores públicos calificados con sueldos bajos, no se reponen trabajadores en plazas vacantes.
Debiera haber cuando menos el triple de secretarios proyectistas y apoyo técnico asistencial en cada órgano que substancie procedimientos; sin manos que trabajen no hay resultados posibles.
3.- ABRUMADORAS CARGAS DE TRABAJO. En la mayoría de instituciones que substancian procesos, son muy escasas las inteligencias que analizan, escriben y redactan resoluciones, las que operan, viven abrumados de cargas de trabajo aplastantes, ellos mismos requieren más apoyo con secretarios escribanos, adolecen de equipos y tecnología que les permita hacer mejor su trabajo.
La solución no está en que trabajen más horas, está en que las autoridades cupulares les doten de más y mejores recursos para operar, en el rediseño de los procedimientos y en abatir el abuso del derecho y malas prácticas de postulantes.
LAS CONSECUENCIAS DE LA INJUSTICIA.
La injusticia genera rencores, impotencia, rabia, coraje, despierta deseos de venganzas, la víctima no queda conforme con ser revictimizado y burlado, la indiferencia o perversión de la autoridad produce reacciones funestas cada día más violentas.
La impunidad insulta, ofende y si la autoridad es cínica, como es el caso en México, incita a la desobediencia y optar por la autodefensa.
En términos reales ya no hay vía que ofrezca esperanzas razonables de éxito justo y pronto para reclamar a gobiernos, desapariciones de familiares, invasiones de predios, investigación ministerial; todo tarda infinitos y se pierde en abismos y laberintos procesales que pueden dilatar mucho tiempo, transitarlos producen desgastes emocionales, económicos y enormes costos de frustración y resentimientos.
Nadie creería que el máximo tribunal está en manos de juzgadores cuyo presidente convoca a rituales con un pollo o togadas que balbucean sin entender lo que dicen y piden pausas para que pasen sus colaboradores a explicarles lo que votarán y además les cause gracia; es de dar pena.
La impunidad habitual genera una espiral decadente en la sociedad, incita a no cumplir contratos, no pagar deudas, a que unos se pasen de listos sobre otros, al fin que es poco probable que la justicia les alcance.
El asunto es de alarma, la normalización de la injusticia es un salto al vacío sin retorno, los vacíos se llenan, como el estado no presta ese servicio con eficiencia y eficacia, lo empezaron a prestar carteles criminales que ofrecen procedimientos alternativos; hoy ya ofrecen servicios de cobranza rapidita en las puertas de los tribunales, en redes y en oficinas de abogados.
Sirvan estas líneas como llamado de alerta por la descomposición social producida por la injusticia que va degradándose a pasos agigantados sin que las autoridades reaccionen ni se den cuenta de las consecuencias funestas a donde va conduciendo su desdén por este tema.