Jalisco

Sandra Ruiz Llamas, doctora en filología e integrante de la Red de Investigadores Francia–México, nos presenta una charla con el escritor francés Philippe Besson acerca de su novela “Une pension en Italie”

Diálogo con Philippe Besson: la transformación de la experiencia en novela

  1. Monsieur Besson y el arte de narrar: sobre Une pension en Italie

Sandra Ruiz Llamas: En Une pension en Italie, la Toscana no aparece como un simple escenario, sino como un espacio que parece modificar la mirada, el ritmo e incluso la conciencia de los personajes. ¿Qué le ofrece Italia —y más precisamente la Toscana— desde el punto de vista literario que otros lugares no le ofrecen?

Philippe Besson: No puedo empezar a contar una historia si no conozco su geografía. Incluso me ha sucedido que un lugar sea el detonante de la escritura de un libro. Muy a menudo, además, el espacio se convierte en un personaje de la novela. Ese es el caso de Une pension en Italie.

Quería que el lector viera los pueblos encaramados en lo alto de las colinas, los olivares, las avenidas bordeadas de cipreses, las fachadas doradas de las casas y la piedra de las iglesias. Quería que sintiera el calor agobiante, el peso cenital del sol, que adivinara el silencio de las calles desiertas en pleno corazón de la tarde. Incluso quería que percibiera el aroma de los platillos que Sandro, el cocinero, sirve a los huéspedes de la pensión.

Era necesario que todo resultara sensible, sensorial, casi sensual. ¿Y qué mejor lugar para ello que la Toscana?

SRLL: De Stendhal a Pasolini, Italia ocupa un lugar singular en el imaginario literario francés. Al escribir Une pension en Italie, ¿tuvo la sensación de dialogar con esa tradición o buscó, por el contrario, construir una Italia más íntima, más contemporánea y menos mitificada?

PB: Se trata, en efecto, de una Italia más íntima. La de las habitaciones que conservan el frescor, con pisos de baldosas bajo los pies, azulejos en los baños, un misal guardado en la cómoda y un Cristo crucificado colgado sobre la cama. La de las estancias sumidas en una penumbra suave cuando se cierran las persianas.

Afuera se despliega el paisaje rural; adentro, se vive el amor.

Y es también la Italia de los años sesenta, marcada por el cine de Dino Risi y Federico Fellini, por el milagro económico y el auge de la sociedad de consumo, pero que todavía carga con el peso de las tradiciones, las convenciones sociales y la religión.

  1. Los territorios de la memoria: sobre Un personnage de roman

SRLL: En Un personnage de roman, usted retrata a una figura pública sin renunciar nunca a las herramientas del novelista. ¿En qué momento comprendió que ciertos destinos reales exigían un abordaje literario más que histórico o periodístico?

PB: Lo interesante de la victoria de Emmanuel Macron en 2017 es que no debía ocurrir. Iba en contra de la tradición política francesa. No podía ser sino una inmensa anomalía.

Cuando comprendí que aquello que parecía imposible finalmente sucedería, pensé que la realidad es, en ocasiones, más poderosa que la ficción.

Escribir el libro dedicado a su campaña presidencial obedecía a la misma lógica que me había llevado a escribir Les Jours fragiles, donde daba vida a Arthur Rimbaud; o Vivre vite, donde relataba el destino de James Dean. Se trata de trayectorias extraordinarias que probablemente ningún novelista habría sabido —o se habría atrevido— a inventar.

SRLL: El propio título del libro invita a reflexionar sobre la frontera entre la persona y el personaje. Según usted, ¿en qué momento un ser real se convierte en materia novelesca?

PB: Cuando su destino desafía toda lógica y su trayectoria resulta absolutamente improbable. Cuando, tras haber sido marginado o cuestionado por sus elecciones de vida, termina imponiéndolas al mundo.

  1. La forja del texto: sobre el oficio de escribir

SRLL: Después de más de veinte novelas, ¿qué sigue detonando hoy el deseo de escribir un nuevo libro: una imagen, una frase, una voz, una obsesión o una pregunta sin respuesta?

PB: No responde a ninguna regla ni a ningún mecanismo preciso. Durante mucho tiempo permanece en un estado subterráneo, confuso, impreciso. Y de pronto emerge.

Con frecuencia ocurre por accidente. Está ahí, se impone. Entonces hay que escribir, dedicarse únicamente a eso.

SRLL: Su obra se caracteriza por una gran fluidez narrativa y una aparente sencillez estilística. ¿Esa claridad es el resultado de un proceso consciente de depuración o corresponde a su manera natural de escribir?

PB: Con los años he aprendido a avanzar hacia la sobriedad, la sencillez, casi hacia la desnudez.

Y necesito que la escritura fluya, que brote como el agua de un manantial.

SRLL: En su práctica cotidiana, ¿existe una disciplina casi artesanal de la escritura o deja un espacio importante para la intuición y lo imprevisto?

PB: No tengo ninguna disciplina.

Lo único que sé es que, cuando llegan las palabras, cuando las frases se encadenan unas con otras y la historia comienza a escribirse, no hay que soltar la pluma; hay que resistir, continuar, incluso hasta el agotamiento si es necesario.

En cambio, cuando eso no ocurre, cuando nada llega, no hay que forzar las cosas. Claro que puede hacerse y siempre se puede producir algo, pero resulta inútil, porque al día siguiente termina en la basura.

SRLL: Cuando comienza una novela, ¿conoce ya su arquitectura profunda y su desenlace, o acepta dejarse sorprender por los personajes durante el proceso de creación?

PB: Siempre conozco el final de la historia antes de empezar.

Un libro es un impulso, una trayectoria, una meta. Imaginen a un corredor al que le dijeran: “Corre, pero no te diré dónde está la línea de llegada”. Sería como la carrera desenfrenada de un pato sin cabeza.

Eso no impide que, durante la escritura, aparezcan sorpresas, imprevistos o accidentes; que uno tome caminos alternos y descubra rutas inesperadas.

SRLL: Con frecuencia ha explorado vidas reales, recuerdos personales y experiencias íntimas. ¿Cuáles son, a su juicio, las responsabilidades éticas del escritor cuando transforma la realidad en literatura?

PB: Yo no ajusto cuentas con nadie en mis libros. Rindo homenajes. Probablemente por eso corro menos riesgos.

Por lo demás, nunca reproduzco la realidad con exactitud: transformo, traslado, modifico lugares, nombres y circunstancias.

Precisamente, lo importante es abandonar el terreno de lo real para ingresar en el de la literatura. No se trata de contar una vida, sino de contar una historia. De convertir una experiencia íntima en algo universal.

SRLL: En una época en la que la imagen y la inmediatez dominan las formas de comunicación, ¿qué función esencial sigue siendo capaz de cumplir la novela que ningún otro discurso puede sustituir?

PB: La novela apunta directamente al corazón, despierta conciencias y deja una huella duradera.

Además, se lee en silencio, en calma, con lentitud; justamente lo contrario de casi todo lo que caracteriza a la época en que vivimos.

Sandra Ruiz Llamas es traductora, maestra en Lenguas por Francia, doctora en Filología por España y miembro de la Red de Investigadores Francia – México.

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