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Prevención, no prohibición: el reto de cuidarnos en una celebración multitudinaria

Las reacciones de activistas en defensa de los derechos de las personas con discapacidad abrieron una conversación necesaria sobre el mensaje emitido por las autoridades de cara al partido entre México e Inglaterra y los posibles festejos posteriores. La preocupación expresada parte de una realidad válida: todas las personas tienen derecho a disfrutar de los espacios públicos y de los grandes eventos.

Sin embargo, también vale la pena detenerse un momento en el contexto. Lo que plantearon las autoridades fue una petición preventiva, no una prohibición. Nadie puede impedir que una persona asista a un evento público por vivir con una discapacidad; hacerlo sería contrario a los principios de igualdad e inclusión. La invitación fue, más bien, a valorar los riesgos que implica una concentración masiva donde, en determinados momentos, el control simplemente deja de existir.

Cuando decenas o cientos de miles de personas celebran al mismo tiempo, el sentido común se vuelve una herramienta tan importante como cualquier operativo de seguridad. En una emergencia, un empujón, una estampida o un cambio brusco en la movilidad de la multitud puede poner en riesgo a cualquiera, pero especialmente a quienes utilizan silla de ruedas, bastón, andadera o tienen una condición que dificulta desplazarse con rapidez. No se trata de excluir, sino de reconocer que estos escenarios, por naturaleza, pueden rebasar cualquier capacidad de organización.

Festejos en la Minerva

Basta recordar lo ocurrido recientemente en la Ciudad de México, donde durante festejos multitudinarios se registraron personas fallecidas y lesionadas en medio de las aglomeraciones. Son hechos que obligan a reflexionar sobre la importancia de la prevención antes que sobre la reacción cuando ya ocurrió una tragedia.

Quizá el verdadero debate no deba centrarse en si alguien “puede o no puede” asistir, sino en cómo hacer que, en el futuro, este tipo de celebraciones sean cada vez más accesibles y seguras para todos. Mientras tanto, cada persona tiene el derecho de decidir si acude, pero también la responsabilidad de valorar las condiciones del evento y los riesgos que implica.

Después de todo, nadie quiere verse atrapado en una emergencia en medio de una multitud desbordada. Cuidarse no significa renunciar a la fiesta; significa procurar que la celebración termine con buenos recuerdos y no con una tragedia.

A veces confundimos una recomendación con una restricción. En realidad, la prevención busca anticiparse a escenarios que nadie desea vivir. Así como se recomienda no conducir bajo los efectos del alcohol, mantenerse hidratado durante una ola de calor o evitar ingresar con menores a zonas de alta concentración, también es válido invitar a valorar si un espacio con cientos de miles de personas ofrece las condiciones más seguras para quienes podrían enfrentar mayores dificultades de movilidad.

No es un acto de exclusión; es un llamado a poner el cuidado por encima del entusiasmo, sin perder de vista que el objetivo final debe ser construir eventos verdaderamente inclusivos para todos.

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