
El siempre acertado Don José Grillo tiene mucha razón en sus dichos acerca del sainete derivado de la conducta troglodita del barbaján ex director de Petróleos Mexicanos, cuyo mérito mayor en la vida, si no el único a la vista de su pasado, consiste en haber sido amigo cercano de la señora presidenta (con A) desde sus remotos y altamente productivos tiempos universitarios.
Y digo haber sido amigo porque a partir de los repugnantes videos de golpes, empujones con playera o sin camisa; los apretones de cuello y las inaudibles pero imaginables maldiciones, imprecaciones e insultos, no podrá el cavernario esperar siquiera respuesta en un teléfono mudo para siempre.
“Cuando estén secas las pilas de todos los timbres que vos apretas…”, le diría el reflexivo milonguero. Ya hace unos días nadie quiere tenderle una mano ni prestarle un peso. Ahora quizá, en el tiempo de los “perrijos”, ni uno sólo de ellos ladrara a su paso. No se ha convertido en un apestado con campanitas en el sayo: se ha descubierto su pestilencia.Y lo hizo su esposa, con las cámara de seguridad de su propia casa. Habrase visto. Justa circunstancia para el petulante cuyos piés ya no tocaban el piso y su caminar llevaba el pecho un metro atrás de sus talones.
Pero ya mucho se ha hablado de este abusador y cobarde. Basta.
Son embargo las circunstancias en torno del caso distan mucho de ser tan oportunas como se hubiera deseado a la vista de las evidencias.
“Aquí no es de que es conocido de uno –dijo muy severa Doña CSP-- y se aplica la ley de manera distinta. Que se aplique la ley y que la fiscalía de Morelos determine cuál es la sanción penal que debe tener este caso”.
Plausible actitud pero sin necesidad de la evasiva. No he firmado el nombramiento como director del Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias, dijo la presidenta después de haber soltado la condena sobre la testa del violento cónyuge cuya limpieza no está ni en la energía de sus estudios ni en su conducta.
¿Y si este señor hubiera seguido -digamos- al frente de Pemex o del mentado instituto donde era y no era, cuál habría sido la diferencia. Desembarazarse hasta de un nombramiento confirmado en comunicados oficiales no sirve de nada porque no se está juzgando su designación sino su comportamiento personal. Y de eso nadie, sólo él es responsable y culpable.
Pero el embrollo resulta innecesario y hasta cierto punto ensucia la claridad con la cual la presidenta lo condenó abiertamente y hasta apartó hasta de futuras tareas públicas, aunque --se debe decir--, en su mano esta contratar o no, pero dictaminar las inhabilitaciones no es tema del Poder Ejecutivo sino de la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno. Otra pifia. Menor, pero un error.
Entonces recapitulemos: el señor no era director confirmado excepto si su nombramiento fue expedido por la secretaria de Energía o la Directora de la Comisión Federal de Electricidad, con anuencia de la señora presidenta (con A), pues se trata (el instituto de la discusión) de un órgano descentralizado “estrechamente vinculado a la industria eléctrica y en particular a la CFE.
¿Entonces cómo le fue posible entonces al aludido tomar posesión del ya dicho instituto y externar con la vista en el porvenir estas sentidas palabras de principios del mes pasado?
“Asumo con honor y responsabilidad, la Dirección General del INEEL, comprometiéndome a fortalecer sus capacidades para que la institución continúe consolidándose como un referente en investigación, desarrollo tecnológico, innovación y formación de recursos humanos especializados ante los retos que implican la soberanía energética, la transición hacia sistemas más limpios y eficientes y la innovación tecnológica…”
Frases para el mármol, mire usted, porque comprometerse a enfrentar los retos que implican la soberanía energética, la transición hacia sistemas más limpios y eficientes y la innovación tecnológica… no es cualquier baba de loro. Debe ser más fácil moquetear a la cónyuge con las cámaras prendidas.
“Por cierto, quiero aclarar, porque a Víctor Rodríguez Padilla lo íbamos a nombrar; digo “lo íbamos”, porque él ya había anunciado ahí en el Instituto de Investigaciones en Energías Renovables de la CFE, bueno, del Gobierno Federal, su entrada.
“Yo no había firmado… Porque lleva un trámite la firma del nombramiento. Entonces, yo no había firmado ya el nombramiento, apenas iba a pasar el nombramiento. Entonces, bueno, no hay, digamos, que se le retire del cargo. Y mientras tanto, vuelve a tomar posesión el director que estaba ahí, Alejandro Salcido”. Vuelve a tomar posesión sólo quien fue desposeído y perdido previamente el cargo, ¿no?
Excepto si como en el caso de la Secretaría de la Mujer (tan albina y elefantiásica como el INEEL) no haya tenido cabeza durante mucho tiempo.
“…Cero impunidad a la violencia contra las mujeres, cero impunidad. Esto no es un asunto, es que se aplique la ley, como en todo. Nosotros somos juaristas. La ley es igual para todos, no para unos de una manera y para otros de otra”.
Y aquí, nos hallamos de pronto con otra confusión. Si todos somos iguales ante la ley; ¿porque hay leyes para unos mexicanos y leyes para otros si todos debemos ser iguales ante la ley y la Constitución? Es el otro racismo.
Porque anteayer --precisamente-- se dieron a conocer, con orgullo interminable, los paquetes jurídicos en favor (nada más) de los descendientes de los pueblos originarios y de raíz africana. Al presentar el arranque de las consultas, para continuar el proceso legislativo, la presidenta (con A) dijo:
“…Esta Ley fue construida —como ya se explicará más adelante— por muchas dependencias. Llevó muchos meses de trabajo, llegó el momento de consultar a sus titulares, se trata de 69 pueblos indígenas, un pueblo afromexicano y 16 mil 728 comunidades registradas en el Catálogo Nacional de Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanas...”
Adelfo Regino, Director General del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, quien saludó en la lengua de su etnia y prosiguió sus doctas palabras con el idioma del conquistador, en el nombre de las comunidades ya dichas, trazó una raya en el horizonte de la patria y nos dijo:
“…este país por fin va a tener una Ley en la materia. Son 200 años de existencia del Estado mexicano, nunca habíamos tenido una Ley Indígena. Bueno, ahora tendremos una Ley en la materia; y con ello, nuestros pueblos, nuestras comunidades aportan su grano de maíz en este proceso de construcción de la vida pública nacional”.
Muchos conocemos muchas aportaciones indígenas a la construcción de la vida pública mexicana, pero gracias a Adelfo ahora sabemos del error.
Como no tenían una ley no participaron en 200 años en la construcción de la casa de todos. Vaya jactancia del señor Regino. Sin su trabajo no habría nada, debemos suponer.