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Universidad Panamericana

Impacto de la guerra arancelaria bilateral EE. UU.-Canadá en la economía mexicana

La imposición y escalada de aranceles compensatorios recíprocos entre Estados Unidos y Canadá implica un cambio sustancial en la dinámica comercial de América del Norte.

Aunque pudiera parecer que los hechos indicaran que una pérdida de competitividad de las exportaciones canadienses en el mercado estadounidense podría detonar un efecto “sustitución de importaciones” favorable a las manufacturas mexicanas, un análisis serio evidencia un panorama sustancialmente distinto.

La disrupción del esquema comercial trilateral genera externalidades negativas que vulneran la competitividad, la estabilidad institucional y los flujos de inversión en México.

El modelo de integración económica configurado en América del Norte se caracteriza por la fragmentación internacional de la producción. La manufactura de bienes complejos, tales como la industria automotriz, aeroespacial y electrónica, no opera mediante el intercambio de productos finales terminados, sino mediante el flujo continuo de bienes intermedios que cruzan las fronteras regionales de forma repetida.

La adopción de medidas proteccionistas de castigo entre Washington y Ottawa desgasta el marco de gobernanza institucional establecido en el T-MEC puesto que ahora habrá un precedente de discrecionalidad ya que la imposición de barreras arancelarias unilaterales invalida la lógica de previsibilidad normativa que fundamentó la firma del tratado, estableciendo el uso de aranceles como un instrumento de dominación política o económica y la ruptura del frente trilateral aísla la posición de México.

Frente a la revisión del T-MEC programada para 2026, la fragmentación de la alianza con Canadá incrementa la asimetría de poder en las negociaciones de revisión con Estados Unidos, exponiendo a México a presiones bilaterales severas.

La estrategia de relocalización de cadenas de suministro (“nearshoring”) hacia territorio mexicano no depende únicamente de la proximidad geográfica o de los costos laborales, sino de la garantía de acceso preferencial y sin fricciones al mercado norteamericano.

La inestabilidad comercial entre Estados Unidos y Canadá introduce una prima de riesgo país sobre la región en su conjunto. Ante la volatilidad arancelaria y la incertidumbre normativa, las corporaciones multinacionales tienden a diferir la inversión en capital fijo. El estancamiento o desaceleración en las decisiones de inversión privada debilita el potencial de crecimiento del PIB mexicano a mediano y largo plazo.

El conflicto arancelario entre los dos socios del norte de ninguna manera constituye una oportunidad coyuntural de ganancia de mercado para México, sino un evento de riesgo sistémico.

La interdependencia económica de América del Norte implica que cualquier distorsión en sus nodos productivos o en su certidumbre jurídica impacta directamente la estructura de costos y el atractivo de la economía mexicana. Para mitigar estos efectos, la política comercial del Estado mexicano debe orientarse a la preservación del marco multilateral del T-MEC, el fortalecimiento del contenido nacional en las cadenas de valor y el mantenimiento de una activa e influyente diplomacia comercial técnica que mitigue los riesgos de contagio proteccionista.

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