En días recientes, se ha dado a conocer un estudio en el cual se dice que el núcleo de la Tierra se ha frenado, teniendo así influencia sobre múltiples aspectos del planeta como lo es el campo magnético y el clima.
A partir de esta información, algunos individuos sugieren que la situación traerá consigo consecuencias catastróficas para el planeta, sin embargo, es de suma importancia ver estas noticias de manera crítica y no dejar de lado los estudios científicos que soportan estos hechos.
En este sentido, es vital comprender primeramente el modelo geológico existente. La tierra posee un núcleo formado casi exclusivamente de hierro y níquel, este se encuentra a presiones inmensas y su temperatura es similar a la que encontramos en la superficie del sol.
El núcleo se divide en una parte interna, la cual es sólida, y una externa, la cual es fluida. La rotación de esta gran masa de metal fundido genera un campo magnético, el cual nos envuelve y protege de la radiación proveniente del sol y otros confines del universo.
Respecto a esto, los investigadores Yi Yang y Xiaodong Song, del Instituto de Geofísica Teórica y Aplicada de la Universidad de Pekín, en China, han sido los autores de este novedoso descubrimiento, el cual ha sorprendido a gran parte de la población.
De acuerdo a los investigadores, gracias al estudio de casi 200 terremotos en las Islas Sandwich del Sur y en Alaska, apuntan a que la velocidad del núcleo decrece y que ahora gira en sentido contrario a la corteza.
Dicho fenómeno tiene su origen desde 2009, año en el cual comenzó a girar más lento que las capas que lo envuelven, a esto se le denomina “subrotación“.
Esta situación ha generado especulaciones y diversas teorías de que sucederá y como esto afectara al planeta y a la humanidad, sin embargo, expertos afirman que el impacto que tendrá para nosotros que nos encontramos en la capa más externa de la corteza será mínimo.
El día terrestre tiene una duración de 24 horas, es decir, en dar una vuelta sobre sí misma al girar 360 grados, dando lugar así al día y la noche, siendo así que las diferencias encontradas por el popular fenómeno, son del orden de 0.1 grados por año, lo cual no modificará la duración de un día por más de una milésima de segundo al cabo de varias décadas.
Esta información no representa una catástrofe para la vida en la tierra como la conocemos, ya que los días no siempre han durado 24 horas. Durante el Mesozoico los días tenían una duración de 23 horas, siendo esto comprobable a partir de los registros fósiles y el crecimiento de los corales.
En este sentido, dicha variación en la velocidad de rotación no es algo totalmente nuevo, puesto que en los años setenta, se observó una reducción similar a la detectada hace poco, sugiriendo así que esto podría tratarse de un ciclo de oscilación que dura unas cuantas décadas.
Lo que sucederá en los próximos años es algo incierto en este aspecto, puesto que si bien el modelo actual nos permite conocer y predecir algunas cuestiones de los procesos geológicos, aún quedan muchas interrogantes por responder, la dinámica de nuestro planeta es un sistema altamente complejo en el cual existe una miríada de factores que la afectan y hacen que su comprensión evolutiva sea un gran reto.