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El anuncio llegó después de una madrugada marcada por la tensión y el dolor. Desde las primeras horas del 7 de enero comenzaron a arribar camiones con transportadoras al predio

Desalojo del Refugio Franciscano: entre la legalidad, el conflicto y el bienestar animal

Desalojo del Refugio Franciscano: entre la legalidad, el conflicto y el bienestar animal

El conflicto en el Refugio Franciscano continuó y se intensificó durante las últimas horas, luego de nuevos enfrentamientos entre activistas y autoridades capitalinas. Desde la madrugada del miércoles 7 de enero, vecinos y defensores del refugio se congregaron a las afueras del inmueble para intentar impedir el retiro de los animales, lo que derivó en bloqueos intermitentes de la carretera México-Toluca.

Durante las primeras horas del día, las autoridades regresaron al sitio con un amplio operativo policial para continuar con la extracción de perros y gatos. Las acciones derivaron en gritos, empujones y momentos de tensión, luego de que elementos de la policía encapsularan a varias personas para evitar que cerraran por completo la vialidad como parte de su protesta.

¿A dónde serán trasladados los animales del Refugio Franciscano?

Tras más de un mes de tensión, protestas y exigencias públicas centradas no en la posesión de un predio, sino en el destino de los animales que ahí habitaban, el Gobierno de la Ciudad de México fijó postura sobre el desalojo del Refugio Franciscano, ubicado en la alcaldía Cuajimalpa. La jefa de Gobierno, Clara Brugada, informó que los animales serán trasladados a instalaciones gubernamentales en la zona del Ajusco, bajo resguardo de la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema) y la Brigada de Vigilancia Animal, con atención veterinaria en el Hospital Veterinario de la CDMX y, de ser necesario, en clínicas privadas.

El anuncio llegó después de una madrugada marcada por la tensión y el dolor. Desde las primeras horas del 7 de enero comenzaron a arribar camiones con transportadoras al predio donde, durante 48 años, el Refugio Franciscano brindó cuidado a animales en situación de abandono, maltrato y enfermedad. Para los integrantes del refugio y activistas, el conflicto nunca fue la propiedad del terreno vendido de manera definitiva hace años, sino el bienestar de los animales y la forma en que se ejecutó el desalojo.

A las primeras horas del día, cuando el movimiento inusual rompió la calma de la zona. Camiones, patrullas y personal operativo se presentaron en el predio. El desalojo, largamente temido, comenzaba a hacerse realidad. Para las personas del Refugio Franciscano, no hubo margen para la despedida: los animales que cuidaron durante décadas serían retirados sin que se les permitiera verlos por última vez.

Hacia las 11:00 de la mañana, la presencia de autoridades aumentó. Camiones de la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT) llegaron al lugar, mientras alrededor de 50 elementos policiacos formaron vallas y encapsularon a manifestantes y trabajadores del refugio. Entre empujones y reclamos, los integrantes del Refugio intentaron impedir confrontaciones, pidiendo a gritos que no se lastimara a nadie, pues entre los manifestantes se encontraba gente mayor que fue golpeada en la cabeza y una embarazada que fue casi asfixiada.

El ambiente se volvió más tenso conforme avanzaban las horas. No hubo violencia mayor, pero sí enojo, llanto e impotencia. La exigencia principal era clara: que los animales no sufrieran.

Desalojo del Refugio Franciscano: entre la legalidad, el conflicto y el bienestar animal

Para las 13:37 horas, la escena era desoladora. Perros ya se encontraban encerrados en transportadoras, cubiertas con lonas, bajo el rayo directo del sol. El calor se acumulaba en el interior de las cajas mientras los ladridos se mezclaban con gritos de auxilio de activistas y rescatistas.

“Si se los van a llevar, que lo hagan ya, pero no así”, se escuchaba entre la multitud. El reclamo no era impedir el traslado, sino evitar el sufrimiento innecesario. El destino de los animales parecía ya definido, pero la forma seguía siendo cuestionada.

Los gritos eran intensos cada que veían una camioneta de la PAOT e incluso camiones de la basura de la CDMX salían con transportadoras apiladas de la peor manera para trasladar a un animal. Los del refugio gritaban que no era la manera adeacuada de transportar a un ser sintiente,adecuada pues los trataban y los transportaban como si fueran basura; sin embargo, por parte de los policías que realizaron su supuesto trabajo, la prepotencia y comentarios como “Hoy cenamos barbacoa” se veían en sus caras y las risas se hacían presentes cada vez, provocando más a los activistas por los derechos animales.

¿Cuál fue la postura oficial del Gobierno de la CDMX ante el caso del Refugio Franciscano?

Horas después, el Gobierno de la Ciudad de México difundió un comunicado en el que reiteró su compromiso con el bienestar animal y señaló que se encuentra a la espera de los resultados de las investigaciones que realizan la Fiscalía General de Justicia de la CDMX y la PAOT por denuncias de presunto maltrato animal en el refugio.

Comunicado Brugada

El documento subrayó que, en lo relativo al conflicto entre particulares por la posesión del predio, el gobierno se apegará a lo que determinen las instancias judiciales, y que en materia de bienestar animal actuará conforme a los resultados de las investigaciones. Asimismo, hizo un llamado a las partes a poner en el centro el bienestar de los seres sintientes.

No obstante, integrantes del Refugio Franciscano señalaron una contradicción clave: previamente se había establecido que ningún animal sería retirado del predio sin un comunicado oficial por parte del Gobierno capitalino, condición que aseguran no se respetó antes del operativo.

El conflicto no surgió de un día para otro. Durante cuatro años hubo mesas de diálogo, acuerdos y promesas que, de acuerdo al Refugio, nunca se cumplieron. Mientras tanto, el predio tiene como destino final la construcción de departamentos y oficinas, un proyecto que para los defensores de animales simboliza el choque entre el desarrollo inmobiliario y la protección de los seres sintientes.

Hoy, el Refugio Franciscano queda vacío. Los animales ya no están y quienes los cuidaron durante casi medio siglo permanecen con una sola certeza: la lucha nunca fue por la tierra, sino por la vida de quienes no tienen voz. La ciudad, que se define como animalista, enfrenta ahora el reto de demostrarlo más allá de los comunicados.

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