
La Ciudad de México vivió una de sus peores crisis de inundaciones en 2025, cuando avenidas principales como el Viaducto Río de la Piedad, antes cauce del río homónimo, buscaron recuperar su antiguo caudal, ocasionando que los diversos bajopuentes que recorren esta vialidad quedaran bajo el agua, acarreando afectaciones importantes a automovilistas que terminaron por estancarse y, en algunos casos, perder sus autos.
Pero.. ¿esto porque ocurrió?

La capital mexicana encuentra su origen en México-Tenochtitlán, fundada cuando los mexicas, siguiendo las órdenes de Huitzilopochtli, peregrinaron desde la ciudad de Aztlán hasta encontrar la señal, un águila posada sobre un nopal en un islote devorando una serpiente, fue ahí en el lago de Texcoco, donde decidieron fundar su ciudad.
Después, en 1629, se originó la inundación más grave en la historia de la capital: el diluvio de San Mateo, una lluvia de más de 40 horas que provocó que el agua alcanzara hasta dos metros de altura en algunas zonas de la hoy CDMX. Unos siglos más tarde, en el porfiriato, se estableció exitosamente un sistema de drenaje y se tomó la decisión de desecar o entubar los ríos y otros cuerpos de agua del interior y de la periferia de la ciudad.
Asimismo, tras la Revolución Mexicana, en 1951 ocurrió la gran inundación de la Ciudad de México, cuando el río Churubusco subió tanto su nivel por las lluvias que terminó por desbordarse. Por esto, la solución que encontró el gobierno de aquel entonces fue entubar la corriente de agua, así como otros arroyos (Churubusco, Consulado, San Joaquín), con la finalidad de construir vías rápidas y avenidas amplias donde pudieran circular un millar de automóviles. El proyecto de desarrollo del Circuito Interior fue lo que terminó por sepultar a otro de los ríos que corrían por la urbe mexicana: el Río Mixcoac.
De modo que hoy día, las inundaciones son ocasionadas en parte porque la ciudad está construida por encima de cuerpos de agua entubados que tras fuertes diluvios y la saturación o taponamiento de los drenajes que buscan volver a la superficie.
Ríos que permanecen fuera de tubos

A pesar de que la mayoría se encuentran bajo tierra, hay algunos cuerpos de agua que aún sobreviven a nuestra necesidad de ampliar la carpeta asfáltica, este es el caso de los ríos Magdalena, Ameca y San Buenaventura.
El río Magdalena, por ejemplo, nace del Cerro de San Miguel en el Desierto de los Leones, atraviesa la reserva natural de Los Dinamos, y llega aún libre sin techumbre hasta los Viveros de Coyoacán. Se trata del único río a cielo abierto que aún corre por la ciudad y posee una longitud de 20 kilómetros.
La importancia de los ríos urbanos
La Dra. Rosa María Ramírez Zamora, investigadora del Instituto de Ingeniería de la UNAM, indicó que las autoridades capitalinas iniciaron una serie de acciones para recuperar algunos cuerpos de agua que sobreviven en la urbe. Como parte de la conferencia “Recuperación de la calidad ambiental de los ríos urbanos mediante el tratamiento de las aguas residuales”, precisó que estos cumplen importantes funciones ambientales, económicas y sociales. Por ello, presentó una serie de medidas que se pueden tomar para recuperar los ríos urbanos, tales como implementar un amplio programa de restauración, que permita devolver un ecosistema a su estado natural. Esta operación busca “restablecer las dinámicas ecológicas, la biodiversidad y los servicios ambientales o el aprovechamiento que podemos hacer de ese cuerpo natural”.
Además, el rescate implica la recuperación de un río para sus usos sociales, ambientales, tomando en cuenta su valor ecológico, cultural y económico; este nivel de intervención puede incluir acciones de saneamiento, rehabilitación o incluso restauración, dependiendo del nivel de daño que se pueda tener o también para qué se quiere recuperar este cuerpo de agua.
¿Esto es posible?
Lo que expresa Ramírez Zamora implica un arduo trabajo de restauración que también llevaría al cierre de alguna de estas vialidades para recuperar el agua que corre debajo de ellas, esto puede ser algo complicado… pero no imposible.
El río Cheonggyecheon

En Corea del Sur, específicamente en Seúl, existe en medio de la gran ciudad un río que recorre 5.8 kilómetros, en la década de 1950, un importante flujo de inmigrantes dio lugar a la invasión de asentamientos informales a lo largo de sus riberas.
Utilizado posteriormente como alcantarilla, el arroyo pasó a estar fuertemente contaminado y a representar un riesgo sanitario, además de ser propenso a inundaciones dado el riesgo de desbordamiento.
Para mitigar el riesgo en 1958 el río fue cubierto con hormigón y a principios de 1970 se construyó sobre él una autopista de 16 metros de ancho. Tales acciones ocasionaron el desalojo de los pobladores de alrededor del río.
En ese entonces, esto fue considerado como un ejemplo de “la exitosa industrialización y modernización del país asiático”. No obstante, a finales de los ochentas, esa misma autopista llegó a ser vista como causa de la mala calidad de aire y degradación ambiental, un foco de polución para toda la ciudad.
De tal suerte que, en 2003, el alcalde de Seúl (luego presidente de Corea del Sur) Lee Myung-Bak, decidió retirar la autopista y restaurar el río. El proyecto de renovación urbana de Cheonggyecheon fue visto como una oportunidad para mejorar el medio ambiente, la movilidad, para embellecer el espacio público y fomentar el desarrollo económico a través de actividades recreativas relacionadas con el disfrute del río.
Tras estas labores de restauración, hoy en día el río es un espacio de recreación popular entre residentes y turistas. La movilidad alrededor de la ciudad mejoró con cerca de 170 mil viajes menos en automóvil, el aumento del 4.3 y 1.4 por ciento en usuarios del metro y autobús respectivamente, así como la creación de itinerarios peatonales.
Igualmente, la calidad del aire mejoró, notándose en la reducción de partículas pequeñas en el aire de 74 a 48 microgramos por metro cúbico. Las temperaturas disminuyeron hasta 5° C debido a la disminución del tráfico vehicular y del efecto isla de calor, la proximidad de agua fría y el aumento del 50% en las velocidades medias del viento después de remover la autopista, ayudando, además, al consumo de energía.
….¿Y en México hay posibilidad?

La investigadora postdoctoral del Instituto de Geografía de la UNAM, Natalia Soto Coloballes, comentó que esto se puede implementar en la urbe mexicana, además de que traería muchos beneficios ambientales, pero sería un trabajo complicado. “Es complejo el sistema que corre debajo de nosotros, así que es complicado sacar o desenterrar los cuerpos de agua”, destacó.
Por otra parte, hace unos 10 años, se creó un proyecto de parte del despacho de arquitectos Taller 13 que buscaban desenterrar el viaducto río de la Piedad para ofrecer a los pobladores un espacio verde recreativo, la idea fue implementada finalmente como un humedal y planta tratadora de agua artificial donde se trata el agua y se ocupa para regar las áreas verdes de la zona circundante.
La propuesta original contemplaba la regeneración del Río de la Piedad desde su origen en las vertientes de la Cuenca de Anáhuac, pasando por su inclusión en la parte occidental de la ciudad, fluyendo hasta la desembocadura, en la zona del aeropuerto capitalino. Igualmente, se buscaba crear un parque lineal con distintos espacios a lo largo del río. Mientras que, a nivel urbano, el proyecto ofrecía un nuevo eje de movilidad este-oeste, en dos sentidos a los lados del río, cada vertiente conformada por dos carriles para el tránsito de automóviles, un carril para transporte público y uno más para ciclistas, además de un corredor peatonal.
Así que la respuesta es sí, esto puede hacerse, pero es un proyecto complejo que representaría sacrificar algunos aspectos de la movilidad de la Ciudad de México, pero en aras de mejorar notablemente la calidad de aire, dilatar la biodiversidad y embellecer el espacio público.