Metrópoli

En torno a la estación del Metro San Antonio Abad y las colonias cercanas —como Tránsito y Obrera— la ciudad vive un paisaje urbano de obras, cierres, molestias y cambios

Vivir junto a la obra: el nuevo día a día en San Antonio Abad

Vivir junto a la obra: el nuevo día a día en San Antonio Abad (Andrea Murcia Monsivais)

Desde febrero de este año, la modernización de la Línea 2 del Metro —que conecta Tasqueña con Cuatro Caminos— entró en una fase compleja de trabajos que han interferido directamente con el tránsito de usuarios y vecinos.

A partir del 9 de febrero y con especial énfasis desde el 17 de marzo, la estación Estación San Antonio Abad del Metro quedó cerrada al ascenso y descenso de pasajeros, como parte de los trabajos de rehabilitación rumbo a la Copa Mundial de Fútbol 2026.

El cierre total de esta estación, así como ajustes en los horarios de otras como Chabacano, Viaducto y Xola, forma parte de una intervención mayor que implica renovación de vías, sistemas eléctricos, señalización y otras infraestructuras esenciales del transporte subterráneo.

Vivir junto a la obra: el nuevo día a día en San Antonio Abad (Daniel Augusto)

En paralelo, sobre la Calzada San Antonio Abad, se ha erguido una obra singular: la llamada “Calzada Flotante”, un corredor elevado que conectará Plaza Tlaxcoaque con Chabacano, cruzando sobre la estación San Antonio Abad. Esta estructura, de más de un kilómetro y con una inversión inicialmente estimada en cientos de millones de pesos, es presentada por las autoridades como parte de la mejora urbana, pero ha tenido efectos palpables en el entorno.

Las columnas de concreto, grúas y maquinaria pesada han transformado las calles, originando reducción de carriles, cierres viales y desvíos que se sienten en la rutina de todos los días. Automovilistas, peatones y ciclistas han tenido que adaptar sus recorridos, sumando minutos a trayectos que antes eran previsibles.

Vibraciones, ruido y vecinos al límite

Mientras las autoridades hablan de mejoras y preparativos para un evento global que ocurrirá en unos meses, quienes habitan a un costado de las obras describen una realidad muy distinta.

En colonias como Tránsito y algunas zonas de la Obrera, el impacto es constante. Vecinos denuncian que la maquinaria pesada opera las 24 horas, generando ruido persistente, vibraciones intensas y movimientos que algunos comparan con pequeños sismos.

“Hay noches en las que no se puede dormir. La cama vibra, las ventanas tiemblan y parece que están taladrando dentro de tu casa. Esto no para nunca, ni de madrugada”, relata una vecina que vive a unos metros de la avenida.

“Ya no podemos escuchar la televisión sin subirle todo el volumen. A veces ni entre nosotros nos oímos cuando hablamos. Es un ruido que se mete en la cabeza y no se va”, comenta otro habitante de la colonia Tránsito.

Quienes viven a pocos pasos de la avenida describen escenarios complejos, conformados por familias que han tenido que mover a personas mayores a otros domicilios para proteger su descanso, residentes que sienten las paredes de sus casas vibrar sin cesar, y otros que simplemente ya no pueden abrir las ventanas sin sentir el estruendo del tráfico de obra, o la molestia el exceso de polvo.

“Mi mamá tiene 82 años y tuvimos que mandarla con una tía porque aquí no podía descansar. El doctor nos dijo que el estrés y el ruido constante le estaban afectando la presión”, explica un vecino.

“Las paredes crujen todo el tiempo. Uno ya no sabe si es la obra o si de verdad se está dañando la estructura de la casa. Vivimos con esa preocupación todos los días”, señala otro residente.

Otro caso se presentó en marzo, cuando la demolición de un edificio en obra en la colonia Tránsito —a pocos metros de San Antonio Abad— colapsó de manera no controlada, dejando lesionados y atrapados entre los escombros, y obligando a la evacuación de decenas de personas. Esta emergencia repentinamente transformó una jornada cotidiana en una escena de rescate y angustia, con calles bloqueadas y servicios interrumpidos.

Vivir junto a la obra: el nuevo día a día en San Antonio Abad (Rogelio Morales Ponce)

Les han sumado denuncias por la tala de árboles en camellones aledaños a Lucas Alamán y San Antonio Abad para dar paso a la obra, lo que ha reducido espacios verdes y generado críticas ambientales entre los vecinos y activistas urbanos.

“Primero fue el ruido, luego el polvo, ahora ya ni los árboles están. La calle cambió por completo y no para bien”, lamenta una comerciante de la zona.

Movilidad en tensión

El cierre de la estación San Antonio Abad obliga a miles de usuarios diarios a prever tiempos de traslado mayores o rediseñar sus trayectos. El Sistema de Transporte Colectivo ha implementado servicios de autobuses de la Red de Transporte de Pasajeros (RTP) en sustitución entre algunas estaciones, mientras que autoridades viales recomiendan rutas alternas —como Isabel la Católica o Fray Servando Teresa de Mier— para sortear las restricciones en la superficie.

Esta recomposición del espacio urbano también ha tenido efectos socioeconómicos. Pequeños comercios que dependían del flujo de pasajeros han visto menguar su clientela, y trabajadores que antes se desplazaban con facilidad desde y hacia San Antonio Abad ahora deben considerar horarios más amplios o rutas secundarias, lo que impacta sus ingresos y calidad de vida.

Para algunos habitantes de la zona, incluso la vida social y cotidiana ha cambiado. Los cafés, fondas y tiendas que antes vivían del constante trajín del metro notan días de menor actividad, mientras las calles parecen más silenciosas, salvo por el constante sonido de martillos y maquinaria.

En medio de este panorama de obras, también ha surgido un intento de promover alternativas de movilidad, como la ciclovía Gran Tenochtitlan, recién inaugurada, recorre la avenida San Antonio Abad y ofrece una opción distinta de tránsito no motorizado. Sin embargo, esta infraestructura también convive con zonas donde la construcción sigue en marcha, generando un mosaico de rutas incompletas y transiciones abruptas entre tramos terminados y tramos en obra.

La inauguración de la ciclovía ocurrió en un contexto donde trabajadores sexuales de la zona se manifestaron por las afectaciones a su actividad, un factor más en el que las intervenciones urbanas moldean la movilidad y las dinámicas económicas y sociales de la comunidad.

Pese a que existen diversas quejas sobre la zona de San Antonio Abad y sus alrededores, para muchos las obras significan un avance necesario hacia un sistema de transporte más moderno y una ciudad más funcional de cara al gran evento internacional.

Más allá de los números de inversión o las metas proyectadas para 2026, la vida cotidiana de quienes transitan, trabajan o simplemente residen cerca del Metro San Antonio Abad es ahora diferente. Desde los horarios de salida para evitar filas interminables de tráfico hasta el reacomodo de actividades familiares por el constante ruido, “la obra es una presencia ineludible en cada paso”, como describe un vecino consultado.

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