
Detrás de la actividad en Calzada de Tlalpan hay historias que no siempre salen a la luz, para algunas mujeres, el trabajo sexual no es una elección ideal, sino una forma de sostener a sus familias o continuar sus estudios ante la dificultad para encontrar empleo o los bajos salarios.
En los últimos meses las trabajadoras sexuales se han visto afectadas por la construcción de la ciclovía (que redujo significativamente su trabajo) entre ellas, destaca la historia de Minerva, una de las más jovencitas, tiene 19 años y estudia medicina, ella decidió dejar su trabajo como enfermera porque implicaba más horas y menores ingresos, por lo que encontró en Calzada de Tlalpan una alternativa para continuar con sus estudios sin la necesidad de invertir tanto tiempo en un trabajo.
Minerva reveló a este diario que este trabajo no será para siempre, sino de una etapa temporal, su objetivo es terminar la carrera y ejercer. “No es algo en lo que me vea a futuro, solo estoy aquí porque quiero terminar mi carrera. Estamos aquí por necesidad y no por gusto”.
Su familia aún desconoce que ella es una trabajadora sexual y piensa mantener el secreto, “no les he contado, a veces me salgo con pijama quirúrgica y mi maleta; ahora en vez de unos tenis blancos y un estetoscopio salen unos tacones y una faldita. Lamentablemente la ciclovía si nos afectó, si antes atendía a 10 en una noche, ahora muy difícilmente atiendo a dos clientes”, relató.
“Yo en un futuro me veo con un consultorio en el Hospital Ángeles y una plaza en el IMSS”, dijo entre risas.
Es un trabajo honrado
A diferencia de otras que mantienen su actividad en secreto, Ale, de 32 años, decidió hablarlo en casa. Sus cuatro hijos y su esposo saben a qué se dedica y para ellos representa “un trabajo digno”. Ella cuenta con estudios profesionales y habla inglés, pero la situación económica la llevó a trabajar en la calle.
Ale conoció a su esposo mientras estudiaba, lleva 15 años de casada y en la Calzada 17 años; aunque él le pidió que dejara de trabajar ahí, ella le dejó claro que era una manera digna de ganar un buen ingreso. Cuenta que antes de la ciclovía sacaba más de 30 mil pesos al mes, ahora muy difícilmente alcanza los 7 mil mensuales, “a veces no hago ni una vuelta al día”.
“Para mí esto es un trabajo, mis hijos y mi esposo saben. Fue difícil contarles a mis hijos, pero no quería que lo descubrieran por alguien más. Yo les digo que vean mi ejemplo para que hagan algo mejor que esto”.
Nuestra vida corre peligro a cada instante
En la calle, más allá del estigma, la inseguridad es una de las principales preocupaciones, además de los riesgos propios de su actividad (con los clientes), enfrentan insultos y agresiones constantes en la vía pública. Lo que las ha llevado a mantenerse unidas y a construir redes de apoyo para cuidarse entre ellas.
Para Chanel, también de 19 años, esta actividad representa un trabajo honrado y en ocasiones peligroso porque desconocen si los clientes son confiables o no, “muchas personas creen que es un trabajo fácil, pero no. Lo más difícil de mi día a día es saber que mi vida corre peligro”, aseguró.
Las historias coinciden en que el trabajo sexual es una actividad digna y que, antes de la construcción de la ciclovía, representaba una muy buena opción para sostener el presente —hijos, estudios o el propio sustento— frente a la falta de oportunidades y la necesidad de ingresos inmediatos.