
En teoría, un Punto Violeta debe representar una diferencia vital para una mujer en situación de riesgo. La idea es simple: un espacio donde cualquier mujer que se sienta amenazada, acosada o en peligro, pueda entrar y recibir ayuda inmediata y efectiva. En este esquema, no sólo son espacios de gobierno los que protegerán a la mujer, pues negocios de barrio, tiendas, taquerías o cafeterías, pueden sumarse y convertirse en Puntos Violeta para expandir el esquema de apoyo a las víctimas de violencia de género.
La propagación de los Puntos Violetas es notable en la Ciudad de México, aunque trae consigo también casos en lo que lo único que hay es un sello y ninguna posibilidad real de auxilio para la víctima.
Durante un recorrido realizado esta semana en la zona centro, la realidad es distinta a la teoría en algunos establecimientos donde aparece la calcomanía, ya que las personas en el lugar no saben qué significa el sello o no saben cómo actuar ante una emergencia.
El programa es promovido actualmente, entre otras instancias, por la Alcaldía Cuauhtémoc, donde autoridades aseguran que existen cientos de espacios seguros distribuidos en comercios, hoteles y oficinas. De acuerdo con información oficial, la estrategia Reacción Violeta busca brindar resguardo temporal, acompañamiento y canalización inmediata a mujeres en situación de violencia.
Sin embargo, durante el recorrido realizado, la primera dificultad fue dar con el Punto Violeta en sí, no fue sencillo en algunos casos aunque ya se sabía, por medio de los mapas oficiales, que allí se habían colocado. En varias calles transitadas no había ningún distintivo visible e incluso comerciantes vecinos consultados aseguraron no haber escuchado nada sobre el programa.
“Sí he visto el logo en internet, pero aquí no nos han dicho nada”, comentó una trabajadora de una cafetería ubicada cerca de Avenida Juárez, incluida en los listados de Puntos Violeta de la app que está disponible para telefonía celular y que, en teoría, muestra estos lugares de auxilio. La chica de la cafetería, en este caso, explicó que jamás recibieron capacitación sobre cómo atender a una mujer en riesgo.
Este tipo de aplicaciones fue lanzado originalmente por las alcaldías Miguel Hidalgo, Álvaro Obregón y Benito Juárez en 2023, cuando las tres eran gobernadas por la oposición, bajo la iniciativa de los entonces alcaldes Mauricio Tabe y Lía Limón. Alessandra Rojo de la Vega, hoy alcaldesa de Cuauhtémoc, estuvo involucrada en aquel proyecto, lo que puede explicar que la app hoy en día se centre mucho en esa demarcación.
Siguiendo con el recorrido, en otro establecimiento que sí tenía una calcomanía morada pegada en la entrada, la respuesta fue todavía más confusa. Al preguntar sobre el funcionamiento del Punto Violeta, uno de los empleados respondió que “eso lo puso la administración pasada”, pero reconoció que nadie sabía qué hacer si una mujer pedía ayuda.
La escena refleja uno de los principales problemas que enfrenta este tipo de iniciativas: la falta de capacitación constante y seguimiento real en los establecimientos afiliados, algo que incluso fue criticado por Claudia Sheinbaum, entonces jefa de Gobierno capitalina, en aquel mismo 2023.

Según información difundida por autoridades locales, los espacios actualmente adheridos al programa deben contar con personal capacitado para actuar en casos de violencia de género, además de facilitar orientación y canalización a las víctimas hacia apoyo psicológico, médico o legal.
Durante el recorrido, esto no se cumplió, empleados de los establecimientos implicados desconocían incluso el significado del programa.
De acuerdo con autoridades de la Alcaldía Cuauhtémoc, actualmente existen más de 400 Puntos Violeta distribuidos en la demarcación y se quiere aumentar la cifra rumbo al Mundial de 2026. En febrero de este año, la alcaldía aludida informó que más de mil 200 mujeres habían recibido asesoría y acompañamiento mediante la estrategia Reacción Violeta.
Incluso recientemente fueron inaugurados nuevos puntos en hoteles y negocios de zonas turísticas como Plaza Garibaldi, donde autoridades informaron que el personal sí recibió capacitación especializada.
En efecto, es posible encontrar Puntos Violetas con clara capacidad para brindar apoyo, pues cuentan y muestran protocolos claros, pero otros parecen haber quedado únicamente como parte de una campaña visual.
La diferencia se notó especialmente entre oficinas de gobierno especialmente preparadas para el programa y comercios afiliados en el proceso de expansión. Cafeterías, tiendas y otros establecimientos similares son vitales para lograr que el programa tenga mayor alcance, por lo que, en este esquema, los espacios de gobierno no pueden considerarse suficientes.
Uno de los casos observados fue el módulo instalado dentro de la sede de la Alcaldía Cuauhtémoc, donde sí existe señalización clara sobre el funcionamiento del Punto Violeta.
En el lugar, una pequeña caseta ubicada en la explanada explica mediante letreros que se trata de un espacio de apoyo para mujeres en situación de violencia o peligro. Ahí, personal orienta a quienes llegan y las canaliza hacia módulos especializados donde reciben atención.

Lo mismo que en algunos comercios visitados, los trabajadores sí conocían el protocolo y explicaban inmediatamente a dónde debía dirigirse a una persona para recibir ayuda.
Así, aunque las cifras oficiales muestran crecimiento constante del proyecto, el número de puntos no necesariamente refleja un funcionamiento real.
En la práctica, la situación cambia de lugar a lugar, a dónde sí llegó la protección y a dónde no.
Especialistas y colectivas feministas han señalado en distintas ocasiones que la efectividad de estos programas depende menos de la cantidad de puntos y más de la preparación real del personal. Ante una situación de riesgo, aluden, unos minutos pueden hacer la diferencia y piden por tanto no sólo inscripciones masivas de espacios, sino capacitación continua y supervisión para evitar que los programas se conviertan únicamente en campañas de imagen.
Si el personal desconoce cómo reaccionar, la promesa de protección queda incompleta.
Hasta donde se puede percibir en el recorrido realizado por Crónica esta semana, la diferencia entre dos tipos de espacios, uno con capacidad de auxiliar y otros que sólo tienen el logo sin respaldo real, termina siendo evidente desde el primer contacto.
El recorrido dejó una conclusión clara, sí existen espacios que cumplen con la función de apoyo y orientación, especialmente en instalaciones oficiales, pero todavía hay muchos, especialmente los adheridos desde la sociedad civil, donde el concepto de Punto Violeta parece quedarse únicamente en la pared.