
La posibilidad de que una nueva ruta del Mexibús atraviese parte de la Unidad Habitacional El Rosario ha generado preocupación, debates y versiones encontradas entre habitantes de la zona. Mientras algunos vecinos temen la tala de cientos de árboles que forman parte del camellón ubicado sobre Avenida Las Culturas, otros aseguran que aún no existe un proyecto definitivo y consideran que la información que circula ha sido utilizada con fines políticos.
Durante un recorrido realizado por la zona, habitantes compartieron sus puntos de vista sobre un proyecto que desde hace más de un año ha provocado reuniones vecinales, colocación de carteles en árboles y discusiones entre quienes apoyan y quienes rechazan la posible obra.
Uno de los principales temores entre algunos residentes es la afectación ambiental que podría ocasionar la construcción de una nueva línea de transporte. De acuerdo con testimonios de vecinos que han asistido a reuniones informativas, en algún momento se habló de la existencia de cerca de 800 árboles en el área que podrían verse involucrados en el proyecto.
“Todos les habían puesto sus carteles de ‘No me quites el oxígeno’, ‘No a la tala de árboles’, porque esta zona es como un pulmón para la unidad”, comentó una habitante durante la entrevista.
La vegetación del camellón es considerada por muchos vecinos como una de las áreas verdes más importantes de la zona. Además de proporcionar sombra, representa un espacio de tránsito para estudiantes y familias que diariamente caminan por la avenida.
La entrevistada explicó que durante varios meses observó cómo vecinos colocaban mensajes de protesta en los árboles con la intención de visibilizar su preocupación ante una posible tala.
Sin embargo, la información disponible sigue siendo limitada. Muchos habitantes aseguran desconocer con precisión el recorrido que tendría el supuesto Mexibús y cuáles serían exactamente las áreas afectadas.
“Nos dijeron que sería de ida y vuelta, pero realmente no sabemos hasta dónde abarcaría ni cómo quedaría”, explicó.
Las reuniones vecinales comenzaron a realizarse desde el año pasado. De acuerdo con los testimonios, algunas de ellas se llevaron a cabo en espacios públicos de la unidad habitacional, donde representantes de distintos sectores acudieron para escuchar información relacionada con el proyecto.
Aunque en varias ocasiones se solicitaron firmas de apoyo o rechazo, la participación ciudadana fue irregular. Algunos residentes consideran que los horarios en los que se realizaban las reuniones dificultaban la asistencia de trabajadores y estudiantes.
“Sí iba gente, pero para toda la cantidad de habitantes que somos, no participaban muchos”, relató una vecina.
Uno de los temas que más llama la atención es que, pese a la preocupación existente, hasta el momento no se ha presentado públicamente un proyecto definitivo que detalle las características de la obra.
Según otra versión proporcionada por Veronica Corona, una representante vecinal, funcionarios del Estado de México explicaron en reuniones previas que únicamente se encontraban analizando la viabilidad del proyecto.
“Nos dijeron que todavía estaban revisando qué tanto afectaría entrar por una zona o por otra. Era apenas una etapa de análisis”, señaló.
Esta misma habitante afirmó que existe información incorrecta sobre una supuesta tala masiva de árboles.
“No se ha talado ni un solo árbol desde que empezó toda esta situación”, aseguró.
La vecina explicó que en una ocasión circuló una fotografía de un árbol derribado que fue presentada como evidencia de una tala relacionada con el proyecto. Sin embargo, indicó que dicho ejemplar había caído previamente debido a las condiciones climáticas y no por trabajos de construcción.
Además, señaló que varios árboles del camellón presentan enfermedades o deterioro desde hace años, situación que incluso había sido reportada por algunos residentes antes de que surgiera la controversia actual.
“Hay árboles enfermos y eso ya se había señalado desde administraciones anteriores”, comentó.
Las opiniones encontradas también han provocado divisiones dentro de la comunidad.
Mientras algunos habitantes consideran que cualquier modificación al camellón representa una amenaza para las áreas verdes, otros creen que el tema ha sido utilizado como herramienta de confrontación política.
La señora Verónica, afirmó conocer a personas involucradas en los movimientos de oposición al proyecto y aseguró que parte de las protestas responden a diferencias políticas más que a preocupaciones ambientales.
“Lo agarraron como un golpeteo político”, expresó.
No obstante, otros vecinos mantienen sus reservas y consideran que la falta de información oficial alimenta la incertidumbre.
La ausencia de fechas concretas para el inicio de obras, la falta de detalles sobre empresas constructoras y la inexistencia de un proyecto definitivo hacen que continúen las dudas.
De acuerdo con lo comentado durante la entrevista, una de las hipótesis más mencionadas entre los habitantes es que la nueva ruta podría conectar zonas de Lechería con sectores cercanos a El Rosario, aprovechando diversos proyectos de infraestructura que actualmente se desarrollan en municipios mexiquenses.
Más allá del debate sobre el transporte, la conversación con los vecinos permitió conocer otros problemas que afectan cotidianamente a la comunidad.
Entre ellos destacan temas relacionados con seguridad pública, mantenimiento urbano y conservación de espacios comunes.
Habitantes reconocieron que recientemente se han realizado trabajos de rehabilitación en algunas áreas deportivas y espacios públicos.
Una cancha ubicada en la zona fue remodelada como parte de programas vinculados a actividades deportivas y recreativas rumbo a eventos internacionales relacionados con el futbol.
Sin embargo, incluso estas mejoras generaron desacuerdos entre algunos sectores vecinales.
“Había vecinos que no querían que se arreglara la cancha”, relató Veronica.
Veronica explicó que muchas veces los conflictos surgen debido al uso indebido de los espacios por parte de algunas personas, especialmente estudiantes que generan basura o realizan actividades que molestan a quienes viven cerca.
Vecinos señalaron que recientemente se pintaron bardas, banquetas y estructuras urbanas, pero poco tiempo después comenzaron a aparecer nuevamente grafitis y daños en la infraestructura.
“Muchas veces somos los mismos vecinos quienes no cuidamos lo que se hace”, comentó una habitante.
Aunque algunos sectores de la unidad son considerados relativamente tranquilos, residentes señalaron que existen zonas donde los asaltos, consumo de drogas y conductas antisociales continúan siendo una preocupación constante.
“La seguridad sí es horrible”, afirmó una vecina al referirse a determinados puntos cercanos a la unidad.
Según relató, aunque existen canales para solicitar apoyo policial, las respuestas suelen tardar y en ocasiones resultan insuficientes para resolver los problemas reportados.
También mencionó que algunas áreas cercanas presentan mayor incidencia de delitos, especialmente durante la noche.
A pesar de ello, destacó que el sector donde ella reside continúa siendo más seguro en comparación con otras partes de la zona.
La discusión sobre el Mexibús ocurre precisamente en este contexto: una comunidad que enfrenta retos relacionados con movilidad, seguridad y conservación de espacios públicos.
Mientras algunos habitantes consideran que una nueva línea de transporte podría representar beneficios para la conectividad de miles de personas, otros creen que cualquier intervención debe realizarse garantizando la protección del entorno ambiental.
Las reuniones vecinales han disminuido en frecuencia y muchos residentes aseguran que ya no reciben información actualizada sobre el proyecto.
A más de un año de que comenzaran los rumores y las primeras manifestaciones, la comunidad continúa esperando respuestas concretas.
Entre árboles marcados con mensajes de protesta, opiniones divididas y expectativas sobre el futuro de la zona, el camellón de Avenida Las Culturas se ha convertido en el centro de una discusión que refleja las distintas visiones sobre el desarrollo urbano y la conservación ambiental.
Mientras no exista una definición oficial sobre el proyecto, el debate seguirá abierto entre quienes buscan mejorar la movilidad y quienes defienden uno de los espacios verdes más representativos de la Unidad Habitacional El Rosario.