
Cuarenta años después de recibir la Copa del Mundo de 1986, la Ciudad de México vuelve a ser protagonista de la inauguración del Mundial de Fútbol, siendo la tercera ocasión en recibir esta celebración (la primera fue en 1970), pero en un contexto completamente distinto.
Hace cuatro décadas el torneo llegó a una ciudad con una oferta limitada de telecomunicaciones, sin redes sociales y con una cobertura mediática concentrada en la televisión, radio y prensa escrita; ahora, el Mundial de 2026 salió de la cancha y se desbordó por las calles de toda la ciudad y la Zona Metropolitana.
En 1986, el entonces Estadio Azteca se convirtió en el epicentro de un país que se recuperaba del terremoto de 1985; la llegada del Mundial representó un mensaje de reconstrucción y capacidad organizativa. En contraste, esta edición encuentra a una Ciudad de México inmersa en proyectos de modernización urbana y movilidad, aunque también marcada por debates sobre el espacio público, las obras, el comercio informal y las manifestaciones sociales que permanecen entre la celebración.
La experiencia de la afición también ha cambiado. Hace cuarenta años, apenas se lanzaban los primeros celulares, los aficionados seguían los partidos desde sus hogares o en espacios públicos limitados, hoy la Ciudad de México vive un Mundial muy distinto: de manera simultánea en el estadio, en fan zones, restaurantes, centros comerciales y redes sociales.

Sin embargo, hay cosas que jamás cambian a pesar de los años: las camisetas de la selección, las reuniones familiares, los turistas recorriendo la ciudad y la emoción colectiva que genera la llegada del torneo más importante del futbol.
Este 2026 la inauguración no sólo se vivió en el estadio, además de llegar al Centro Histórico —que albergó el Fan Fest más grande de la capital, en el Zócalo— y a otros 18 puntos en los que hubo festivales, se desbordó en las calles de la ciudad y de la Zona Metropolitana.

En el transporte público, en las calles y establecimientos abundaban las playeras de la selección mexicana, hasta las mascotas fueron partícipes de ello; los sombreros, banderas y máscaras de luchador fueron portadas con orgullo; los cláxones de los autos, las matracas, silbatos y cornetas sonaron durante todo el día.

Aún sin saber cómo quedaría el marcador, la emoción de la afición se sintió en cada rincón y contagió incluso a quienes no son amantes del futbol, a chicos y grandes. Y es que el fútbol une, sin importar la nacionalidad o el idioma, mexicanos y extranjeros hicieron conexión.

No sólo grandes cadenas de restaurantes y centros comerciales se unieron a la celebración con actividades, también los pequeños negocios hicieron alusión a la justa deportiva con decoración.
Coexiste plantón de la CNTE y aficionados en el Zócalo
Las movilizaciones que durante semanas generaron incertidumbre sobre posibles complicaciones para la inauguración de la justa deportiva tampoco se tradujeron en un escenario de caos para la ciudad.
Pese a la presencia de manifestantes en puntos estratégicos como en zonas aledañas al estadio o en Centro Histórico, la actividad cotidiana continuó y los traslados hacia las zonas vinculadas con el torneo se realizaron sin contratiempos.
La imagen de una ciudad paralizada, que algunos anticipaban, contrastó con una jornada en la que protestas y actividades mundialistas coexistieron sin alterar significativamente la dinámica urbana.

Ejemplo de ello fue el Centro Histórico, pese a que seguía parte del plantón de la CNTE en la calle Francisco I. Madero —el corredor peatonal más famoso de la zona— y aún hay vallas metálicas cercando algunas de las calles, los aficionados y manifestantes convivieron en el mismo espacio junto con vendedores ambulantes que ofrecían una gran variedad de artículos y alimentos.
Ni siquiera la lluvia impidió las celebraciones, ni cambió el ánimo de una afición emocionada por el inicio del Mundial y el triunfo de la selección mexicana; aunque las precipitaciones registradas durante la tarde provocaron algunos encharcamientos e inundaciones en distintos puntos de la capital, los festejos continuaron.
Paraguas, impermeables y refugios improvisados formaron parte del paisaje, pero no frenaron la presencia de personas en las calles.
Cuando cayó la noche, las camisetas seguían visibles en las calles, así como la música y alegría en distintos puntos de la ciudad, dejando evidencia de una jornada excepcional.