
“Me pidieron que desocupara porque en junio el departamento vale más por noche que por mes”, recuerda Ana Luisa, una inquilina que tuvo que abandonar el departamento que habitó durante tres años en las inmediaciones del Estadio Azteca, en la colonia Santa Úrsula.
En el entorno del Estadio Azteca —hoy rebautizado por FIFA como Estadio Ciudad de México— el Mundial 2026 ya no solo se mide en goles y remodelaciones, también se mide en contratos que no se renuevan, anuncios que cambian de “renta anual” a “estancia corta” y familias que vuelven a empezar la búsqueda de vivienda en una ciudad donde encontrar un techo estable ya era complicado antes del torneo.
El estadio, que reabrió el 29 de marzo de 2026, albergará cinco partidos del Mundial, incluido el juego inaugural del pasado 11 de junio, en una Copa del Mundo de 48 selecciones.
La presión se siente sobre todo en el sur de la capital, donde Tlalpan y Coyoacán concentran la proximidad con el estadio. Ahí, la lógica del mercado comenzó a moverse con el Mundial desde semanas antes del comienzo del torneo.
En Tlalpan, la oferta de alojamientos temporales en Airbnb pasó de 77 en 2025 a 767 en abril de 2026, un salto de 896%; en Coyoacán, la cifra llegó a 1,691 espacios activos. Para estos días, un anfitrión ocasional cerca del estadio podría cobrar en promedio 2 mil 500 pesos por noche, con rangos que van desde 817 pesos por una habitación hasta 20,948 pesos por un departamento completo para la noche de la inauguración.
En Ciudad de México la oferta de alquileres de corto plazo pasó de 18 mil propiedades en 2023 a casi 24 mil en 2026, un crecimiento de 30%, y esa bolsa ya equivale a más de la cuarta parte de la oferta total de alojamiento de la ciudad si se compara con los 63 mil cuartos de hotel reportados. Buena parte del negocio está ya en manos de empresas inmobiliarias o gestores profesionales, no de anfitriones ocasionales, y la concentración de inmuebles permite explotar mejor la temporada alta del Mundial.

El gobierno capitalino intentó poner orden antes de que la ola se desbordara. El 21 de mayo de 2026, la jefa de Gobierno, Clara Brugada, anunció el Sistema de Registro Digital de Anfitriones y Plataformas de Alojamiento Temporal.
La medida obliga a las plataformas y a los anfitriones a registrarse en 30 días y a reportar inmuebles y noches ocupadas; además, la ley de turismo vigente establece que quienes operen más de tres inmuebles para alojamiento temporal deberán constituirse como establecimiento mercantil.
La administración capitalina también afirma que el sector turístico local genera más de 800 mil empleos, de ahí su interés en “regular” sin frenar el negocio.
Pero la regulación llega tarde para muchos inquilinos, pues el fenómeno ya venía avanzando desde antes del Mundial. En la capital desaparecen del mercado de renta residencial tres viviendas cada 48 horas, porque pasan a plataformas de hospedaje temporal, según ha reportado Airbnb.
Además, durante el primer semestre de 2025, se sumaron 770 nuevos espacios y que el total superó los 27 mil alojamientos activos, una señal de que la conversión de vivienda permanente a temporal se acelera en medio de la crisis habitacional.
La renta larga pierde la carrera
“Llegamos con papeles, comprobantes y aval; él ya tenía la respuesta: ‘por ahora no rento por año, solo por días’”, explican Manuel y Lira, quienes buscaban una oportunidadde vivienda luego dentro de la colonia Santo Domingo, luego de ser desalojados de su departamente en la misma zona de la alcaldía Coyoacán.
Así resumen la misma escena que se repite en colonias del sur y del centro. Personas que buscan mudarse a un contrato normal compiten con un mercado que prefiere capturar la demanda turística. A medida que se acerca el Mundial, la presión sobre la vivienda en renta de la capital se intensifica y la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios ha detectado incrementos de entre 15% y 20% en rentas.
Si un departamento puede dejar más en una semana de torneo que en un mes de arrendamiento tradicional, el propietario tiene un incentivo inmediato para descolgar el anuncio de largo plazo.
La lógica de Airbnb y de las estancias turísticas eventuales ya se ha convertido en una herramienta de especulación inmobiliaria, con empresas que administran cientos de departamentos y con anfitriones que concentran miles de inmuebles.
En Ciudad de México, la mitad de la oferta está en manos de casi mil 400 anfitriones con cuatro o más espacios, una concentración que desmiente la vieja idea de la plataforma como economía colaborativa entre particulares.
En la zona del Azteca, el problema tiene un matiz extra, ya que no se trata de colonias turísticas clásicas donde el mercado ya estaba acostumbrado al flujo de visitantes, sino de un tejido urbano de vivienda cotidiana, con familias que dependen de rentas relativamente accesibles y de recorridos estables hacia escuelas, trabajo y transporte.
En marzo los residentes de Ciudad de México ya habían protestado contra la gentrificación, el desplazamiento de vivienda y la escasez de agua vinculadas a los preparativos del Mundial.
“Yo no compito contra otro inquilino; compito contra una semana de Mundial”, dice un pequeño propietario que mira la matemática del negocio con resignación y ambición a la vez. El propietario no siempre actúa por codicia desmedida; muchas veces responde a un mercado que le enseña que el ingreso por noche supera por mucho al ingreso por mes. El problema es que cada decisión individual, sumada a miles, reduce la oferta de vivienda estable y estrecha el margen de quienes sí necesitan quedarse.
Regulación y desarraigo
El registro obligatorio del Gobierno de la CDMX puede ayudar a saber cuántos son, dónde están y quiénes operan los alojamientos temporales, aunque aún no resuelve la parte de cómo evitar que la demanda del Mundial vacíe de oferta permanente barrios enteros. El propio gobierno capitalino reconoce que la plataforma debe reportar datos y que, a partir de cuatro inmuebles, ya estamos ante una escala mercantil.
Además, Airbnb, prevé que alrededor del 95% de los anfitriones ocasionales se darían de baja después del torneo porque no habrá una demanda sostenida en el sur de la ciudad.
En otros megaeventos la ganancia extraordinaria empuja a muchas viviendas fuera del mercado de largo plazo justo cuando más falta hacen.
Los vecinos temen que, cuando el balón se vaya, el daño permanezca y deje consigo más presión sobre rentas, menos casas disponibles y una ciudad donde vivir se vuelve una carrera contra el calendario de los eventos.