
El Palacio de Bellas Artes fue intervenido la noche del 15 y durante el 16 de junio con el videomapping “Memoria Luminosa IV: México, Ciudad que Baila”, espectáculo proyectado sobre la fachada principal del recinto con entrada libre y 12 funciones distribuidas en dos jornadas, como parte de la programación cultural que la capital ofreció a habitantes y visitantes durante el ambiente mundialista.
La inauguración estuvo a cargo de la jefa de Gobierno, Clara Brugada, quien presentó la propuesta como una manera de sacar el arte de los recintos cerrados y llevarlo al espacio público, con la danza y el baile como una especie de lenguaje común para recibir a público nacional y extranjero.

El espectáculo se programó de las 20:00 a las 23:00 horas, con seis proyecciones por noche, una cada media hora, y todas fueron gratuitas. La Secretaría de Cultura capitalina explicó que la pieza hacía un repaso por los géneros que han marcado la vida e identidad de la ciudad.
Estuvo compuesto por una secuencia sonora y visual que cruzó danzón, chachachá, mambo, salsa, cumbia, vals, norteña, sinaloense, rock and roll, rock, ska, reggae, high energy, electrónica y reguetón, además de alusiones a la música prehispánica.

Al arrancar la función de las 20:00 horas, la fachada del palacio se iluminó con imágenes de bailarines y una narrativa que rindió homenaje a distintos momentos de la vida cotidiana de la capital, desde celebraciones populares hasta expresiones urbanas contemporáneas.
El espectáculo buscó conectar esa memoria afectiva con un mensaje de bienvenida a quienes llegaron a la ciudad en el contexto del Mundial.
La producción aprovechó las características arquitectónicas del inmueble para generar efectos visuales tridimensionales. Mediante la técnica de videomapping, las columnas, relieves y elementos ornamentales del Palacio de Bellas Artes se integraron a la narrativa audiovisual, creando la sensación de movimiento sobre uno de los edificios más emblemáticos del país.
Cabe mencionar que esta tecnología ha sido utilizada en diversos monumentos históricos alrededor del mundo para desarrollar experiencias inmersivas que combinan patrimonio, arte digital y divulgación cultural.

El recorrido visual también hizo referencia a espacios tradicionales del baile en la Ciudad de México. El danzón evocó la historia de plazas y salones que desde mediados del siglo XX se consolidaron como puntos de encuentro para miles de personas; el mambo recordó la influencia de ritmos caribeños que encontraron en la capital uno de sus principales centros de difusión, mientras que géneros como el rock, el ska y la electrónica reflejaron la transformación cultural de distintas generaciones de habitantes de la metrópoli.
La elección del Palacio de Bellas Artes como escenario tuvo además una carga simbólica particular. Considerado el máximo recinto cultural del país, el edificio inaugurado en 1934 concentra buena parte de la memoria artística nacional y suele ser utilizado para actividades de relevancia cultural y conmemorativa.
Su ubicación frente a la Alameda Central permitió que miles de personas observaran las proyecciones desde distintos puntos del Centro Histórico.
Durante ambas jornadas, familias, turistas y habitantes de la ciudad ocuparon la explanada y los alrededores del recinto para seguir las funciones.
“Memoria Luminosa” no nació con esta edición. La Secretaría de Cultura de la Ciudad de México ya había usado ese nombre en 2021 para una proyección sobre el Huey Teocalli y, en 2025, para el gran videomapping del Zócalo dedicado a los 700 años de México-Tenochtitlan; la edición de Bellas Artes trasladó esa lógica de memoria pública a otro de los símbolos mayores de la capital. En todos los casos, la fórmula ha sido la misma, que consiste en combinar historia, tecnología y espacio abierto para convertir monumentos y plazas en escenarios de divulgación cultural.
La cuarta entrega de Memoria Luminosa mantuvo esa línea al centrar su narrativa en el baile como una expresión compartida por generaciones y comunidades distintas.