
Dada la advertencia del gobierno capitalino de que solo 25 mil personas podrían acceder al Ángel de la Independencia, como medida de seguridad para evitar aglomeraciones como la ocurrida el martes pasado que dejó 4 fallecidos como saldo, cientos de aficionados se dieron cita en el monumento nacional horas antes de que diera inicio el encuentro entre México e Inglaterra enfrentando a la lluvia, cierres viales y al transporte público.
Cerca de las tres de la tarde, las inmediaciones de Paseo de la Reforma ya comenzaban a inundarse de aficionados con el objetivo de reunirse para celebrar masivamente el partido en octavos de final de México, ni siquiera una intensa lluvia que pausó el Fanfest del Zócalo, pudo detener su paso: con impermeables, capas de plástico, paraguas y bolsas se cubrieron y buscaron refugio bajo los techos de hoteles, bancos o tiendas de la emblemática avenida de la Ciudad de México.
En varios puntos alrededor del Ángel, como la glorieta del Ahuehuete, se establecieron puntos de revisión para controlar la entrada de los aficionados con el apoyo de 6 mil policías de Tránsito, Inteligencia, Participación Ciudadana y paramédicos del ERUM, quienes encabezaron la supervisión de bolsas y mochilas con el fin de evitar el ingreso de bebidas alcohólicas y sustancias ilícitas. También, se prohibió el ingreso a la zona de comerciantes, quienes habían sido elementos importantes en las celebraciones pasadas dotando a los aficionados de botanas, comida, bebidas y toda clase de artículos para engrandecer el festejo como espumas, que está vez no estuvieron permitidas.
Durante las horas de espera, se anunció que el anticipado partido seria retrasado una hora, por lo que los asistentes al Ángel decidieron replegarse dentro de la zona delimitada pues el aforo fue superado cerca de las cuatro de la tarde, así que quien salía ya no podía volver a entrar. De esta forma los restaurantes y cafeterías de la zona fueron abarrotados, algunas personas prefirieron esperar abajo de algunas marquesinas o incluso dentro de establecimientos de cajeros automáticos.
Autoridades capitalinas hicieron uso de diversos medios como pantallas, redes sociales y altavoces para avisar que los puntos del Ángel y el Zócalo ya se encontraban llenos y cerrados, en consecuencia orientaban a la afición a dirigirse a puntos como el Monumento a la Revolución y Juárez para disfrutar del evento. Aunque un grupo de insistentes prefirieron dar portazo al cerco del Ahuehuete, comprometiendo la integridad de los elementos de seguridad como la de los demás asistentes.
Como medida de prevención los transportes públicos más cercanos para llegar a este punto de la ciudad suspendieron su funcionamiento como las estaciones Sevilla e Insurgentes de la línea 1 del metro y el metrobus Rojo Gomez a Dr. Galvez de la línea 2, por lo que los aficionados tuvieron que caminar desde distintos puntos para congregarse en el centro de la ciudad.
A pesar de las fuertes lluvias que se presentaron en diversas ocasiones en el centro de la ciudad, está vez no se generó un problema relacionado a encharcamientos o inundaciones, ya que personal de mantenimiento de la capital estuvo bombeando coladeras con equipo especializado, y elementos de limpia estuvieron rodando las calles incansablemente toda la jornada asegurándose de no dejar un solo empaque o etiqueta libre en el piso que pudiera tapar los desagües.
Mientras el partido avanzaba, las emociones fluctuaron en sentidos contrarios; en los últimos 10 minutos de la contienda, los aficionados sudaban y se aferraba a la idea del “¿Y si sí?“, y aunque al silbatazo final, México quedó fuera del Mundial, hubieron aplausos para los seleccionados.
El desalojo de los miles de congregados fue rápido y sin incidentes, la mayoría no perdió el ánimo y emprendió el incierto camino de regreso a sus hogares al toparse todavía con vialidades cerradas, un metrobus sin servicio y el metro hasta el tope de mexicanos que querían seguir cantando el Cielito lindo.