Metrópoli

Se busca evitar que los seres sintieses queden desprotegidos tras la separación de quienes asumieron conjuntamente su cuidado

Movimiento Ciudadano propone pensión para perros y gatos tras divorcios o separaciones

Lucas, un husky siberiano, se convirtió en el primer perro en recibir una pensión alimenticia tras el divorcio de sus dueños. Conoce cómo se logró el histórico fallo y qué precedente deja para las mascotas en México.
El histórico caso de Lucas El perro Lucas es un husky siberiano de tres años que hizo historia en México al convertirse en la primera mascota en recibir una pensión alimenticia obligatoria tras el divorcio de sus dueños en el estado de Tabasco.

El grupo parlamentario de Movimiento Ciudadano en el Congreso de la Ciudad de México propuso reformar el Código Civil para que, cuando una pareja se divorcie o termine su relación, ambos integrantes puedan quedar obligados a cubrir la manutención de sus perros, gatos u otros animales de compañía.

La iniciativa, presentada por la vicecoordinadora de la bancada naranja, Luisa Ledesma Alpízar, busca evitar que los seres sintieses como perros, gatos y otras mascotas queden desprotegidos tras la separación de quienes asumieron conjuntamente su cuidado.

De aprobarse esta propuesta, un juez podrá determinar la forma en que deberán cubrirse gastos como alimentación, consultas veterinarias, medicamentos, rehabilitación y cualquier otra atención necesaria para garantizar el bienestar animal.

Asimismo, busca que la responsabilidad podrá cumplirse mediante el cuidado directo, aportaciones económicas o combinando ambas formas, dependiendo de las circunstancias de cada caso. Y uno de los aspectos más relevantes es que esta iniciativa no se limita al matrimonio.

La legisladora dio a conocer que la iniciativa surge en un momento en que los tribunales mexicanos comienzan a enfrentar una nueva realidad familiar.

Recordó que recientemente “el caso de Lucas”, un perro husky, marcó un precedente al resolverse judicialmente que ambas personas que habían compartido su cuidado debían continuar contribuyendo a su manutención mediante una pensión mensual y el pago proporcional de sus gastos veterinarios, aun después de haber terminado su relación.

Para la legisladora, ese caso demuestra que las familias mexicanas han cambiado y que el Derecho debe evolucionar junto con ellas.

“Hoy el desafío ya no consiste únicamente en determinar con quién permanecerá un ser sintiente después de una separación, sino en establecer reglas claras que garanticen que nunca deje de recibir alimento, atención veterinaria, medicamentos y todos los cuidados necesarios para vivir con bienestar”.

Evolución legislativa

La diputada recordó que la Ciudad de México fue la primera entidad del país en reconocer, mediante la reforma conocida como “¿Con quién se queda el perro?”, que los seres sintientes forman parte de muchas familias y que, cuando existe un divorcio, las personas pueden establecer un plan de cuidados para proteger su bienestar.

Aquella reforma representó un parteaguas en la legislación mexicana; colocó a la Ciudad de México como referente nacional e internacional, fue retomada por diversos congresos locales y abrió una nueva forma de comprender jurídicamente a las familias multiespecie.

La nueva iniciativa representa el siguiente paso en esa evolución legislativa, al fortalecer el modelo construido por la Ciudad de México y establecer reglas claras para hacer efectivo ese plan de cuidados, otorgando a las autoridades jurisdiccionales herramientas para garantizar su cumplimiento.

Además, reconoce que hoy miles de familias están conformadas por personas que viven en concubinato o mantienen relaciones de convivencia sin haber contraído matrimonio, pero que decidieron asumir conjuntamente el cuidado de un ser sintiente.

En todos esos casos, si ambas personas compartieron voluntariamente esa responsabilidad, la autoridad podrá establecer con claridad cómo deberán mantenerse los cuidados y la manutención del animal después de la separación.

La diputada enfatizó que la propuesta no pretende equiparar jurídicamente a los animales con las personas, sino reconocer una realidad distinta que requiere reglas propias para proteger el bienestar de los seres sintientes de compañía, brindando certeza jurídica tanto a las familias como a las autoridades encargadas de resolver estas controversias.

Tendencias