El miércoles 5 de agosto no fue fácil para el policía regordete a bordo de la patrulla Narvarte MX8550-5. Este día ha debido invertir tres cuartos de hora para “resolver” un sólo caso y explotar su recién concedida condición de policía con atribuciones para detener vehículos, algo que le estuvo impedido por años ante el temor de que se dedicaran exclusivamente a extorsionar.
Como se mencionó, su jornada fue extenuante: Luego de detener a la motocicleta con placas 39PHV3, debió usar su teléfono para convencer de sus serias intenciones al conductor; intimidar a un vecino de camisa azul que le inquirió por qué retenía al muchacho sin multarlo y, finalmente, gastar más tiempo de su jornada laboral con un tercero, el patrón del muchacho anonadado que, en su papel de repartidor privado, se vio obligado a hacer llamadas para que lo fueran a auxiliar al lugar. Un día pesado para el uniformado, quien por fin logró hacer entrar en razón al patrón y, al mismo tiempo, hacerlo entrar a la patrulla donde el asunto, el que fuera, fue solucionado de fondo.
La moto referida aparece hoy sin multa en los sistemas de consulta capitalinos.

La escena, ocurrida frente a la Unidad SCOP en la Narvarte, alcaldía Benito Juárez, está íntegramente grabada por cámaras de vecinos, escenas que fueron entregadas a los correos electrónicos de la policía capitalina solicitando que se aclare qué reportó el policía en el Informe que la ley le obliga a realizar al retener a un ciudadano.
En el video se muestra al policía segundos después de que marcara el alto a la motocicleta. EL primer diálogo con el conductor lo deja insatisfecho y pronto pasa al fastidio, según se ve en la grabación. Pocos minutos después, se hace evidente que ha accedido a que el mucho haga llamadas y luego viene una espera que quizás hubiese resultado más tolerable si un vecino narvartino, que pasea a su perro por la acera, no le increpara lo que está haciendo. El policía regordete hace, por primera vez, movimientos menos aletargados y le planta en la cara, a un par de centímetros de la nariz del vecino, la tarjeta de circulación del motociclista, presumiblemente para que el metiche vea que su vocación y dedicación lo conducen sólo a cosas oficiales. En realidad, ha debido pedirle la tarjeta al muchacho, se ve en la grabación, porque el policía no la retuvo en su momento.
El vecino abandona la escena, intimidado, el policía regresa con el motociclista y descubre que el muchacho ya ha acabado las llamadas. Y luego, el fastidio de cumplir con su deber otra vez: 5, 10, 15 y 20 minutos pasan hasta que finalmente aparece otra moto que se detiene en el lugar. Es el patrón del muchacho.

El diálogo se reanuda. Nuestro héroe azul debe gesticular, mostrar ambas palmas elevadas (el universal ‘ahí tú sabes’); el patrón gesticula a su vez, como tratando de mostrar firmeza al argumentar, aunque eso no hace dudar al uniformado, seguramente este ciudadano no dice nada que no haya escuchado antes. Y el oficial decide que ha llegado el momento de ser firmes. Ahora las manos las muestra en un gesto de “se acabó el tiempo” y se sube a la patrulla.
Atraído por un cordel invisible, como un pez espada que ha sido derrotado por cansancio, el patrón hace unas ultimas consultas en la pantalla del celular y finalmente sube, cansino, por la otra puerta de la patrulla.
Y si el abordaje del caso de la moto ha requerido que el policía le invirtiera de las 11:13 am hasta casi el mediodía, la solución es alucinantemente rápida. Sube, platica, las manos contactan y todos tan amigos como siempre.
La patrulla y su conductor parte.
La escena ha acabado sin detenidos, sin vehículo, asegurado, ni infracciones y con el muchacho que conduce la moto mirando a la patrulla que se retira. El policía no se digna voltear a verle.
