En San Antonio Tecómitl, en 1955, Fidel Castro todavía no era el líder de la Revolución Cubana, pero Para Leónides Tapia Jiménez, abuelo de la diputada local Judith Vanegas, era un extranjero alto, barbado, que llegaba a su tienda para comprar provisiones y conversar.
La tienda se llamaba La Moderna y estaba ubicada en el centro de Tecómitl, en Milpa Alta, de acuerdo con los recuerdos que la familia Tapia ha conservado durante generaciones, Fidel acudía con frecuencia durante su estancia en México, pues llegó a esa zona a prepararse junto con sus compañeros para posteriormente regresar a Cuba para combatir al régimen de Fulgencio Batista.

De acuerdo con el relato familiar, en una de las visitas, Fidel le aseguró a Leónides que algún día sería una persona importante, que haría grandes cosas y que transformaría la realidad.
Años después, cuando la Revolución Cubana había triunfado, Leónides volvió a encontrarse con aquel hombre, aunque esta vez a través de la pantalla de la televisión; el visitante de La Moderna se había convertido en un gran líder de Cuba.
Hoy, décadas después, esa memoria familiar es también el punto de partida de una iniciativa en el Congreso de la capital, en entrevista con Crónica, la diputada Vanegas reveló que presentará próximamente una iniciativa para que las esculturas de Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara, que actualmente están bajo custodia de la alcaldía Cuauhtémoc, sean colocadas en Milpa Alta, particularmente en San Antonio Tecómitl.
La diputada consideró que el sur de la Ciudad de México tiene una relación poco conocida con la estancia de Fidel en México y que las esculturas podrían convertirse en una forma de recuperar y contar esa parte de la historia.
“Es el lugar donde realmente vivió Fidel Castro en México; tal vez se conoció con el Che en la Cuauhtémoc y ahí hicieron acuerdos”, aseguró.
Los caminos de Fidel por Milpa Alta
Para Vanegas, la historia de Fidel en México no se encuentra únicamente en los libros ni en los lugares que habitualmente se relacionan con su estancia en el país, sino también en los caminos y Pueblos Originarios del sur de la capital que, según la memoria de sus habitantes, convivieron con él cuando todavía era un hombre prácticamente desconocido.
En Tecómitl, recordó, era simplemente “Fidel”, un hombre que entraba a La Moderna, compraba provisiones y tenía trato con la familia.
Pero la historia no terminaba en la tienda. Según el relato familiar, Fidel y sus compañeros necesitaban trasladarse hacia las zonas donde realizaban sus ejercicios y entrenamientos, en la región del Ayaquemetl, entre Milpa Alta y Chalco.
Ahí aparece otro integrante de la familia: Betuel Tapia, tío de la diputada. Él y Leónides contaban con un pequeño camión al que llamaban “Betuelito”, que de acuerdo con la familia, fue prestado para trasladar a Fidel y sus acompañantes hacia la zona de entrenamiento.

Un pequeño vehículo de un pueblo del sur de la capital terminó ligado, sin que sus propietarios pudieran imaginarlo entonces, a los preparativos de una revolución que cambiaría la historia de Cuba.
La familia también conserva el recuerdo de que Ernesto “Che” Guevara tenía reservas sobre confiar en personas ajenas al grupo revolucionario, pero Fidel defendió a quienes los ayudaban con una frase sencilla: “Son amigos” —en referencia a la familia de la diputada—.
Para Vanegas, esos recuerdos muestran una dimensión distinta de aquella historia: antes de convertirse en personajes inscritos en los libros, Fidel y el Che fueron hombres que caminaron por pueblos, entraron a una tienda, conversaron con habitantes de la comunidad y recibieron ayuda de familias que difícilmente podían anticipar la trascendencia de aquellos encuentros.
Un orgullo
Esa historia tiene para Vanegas un significado personal, al ser cuestiona sobre cómo se siente al saber que su familia tuvo una relación cercana con Fidel, respondió sin titubeos: “Me siento muy orgullosa, muy orgullosa”.
Pero su orgullo no se limita al encuentro con el líder cubano, la diputada vincula aquella memoria con la propia historia de su familia.
Habla de sus abuelos Leónides y Miguel papá de su padre, quien fue campesino, agricultor, comerciante, y de las raíces revolucionarias de su familia. Cuenta que su abuelo Miguel recibió incluso un reconocimiento póstumo por su participación en las filas zapatistas.

Para ella, esa herencia familiar explica parte de los valores que han permanecido en su familia, “la defensa de la tierra, la justicia social y la igualdad”.
“La tierra que es herencia no se vende porque les costó primero vidas en la Revolución”, señaló.
Por ello, aseguró que el encuentro entre su familia y Fidel representa algo más que una simple anécdota.
“Es un orgullo para nosotros ver que la familia haya formado parte de la historia, de la convivencia con él”, señala.
Una propuesta para recuperar la memoria
La propuesta de trasladar las polémicas esculturas a Milpa Alta parte de esa concepción de la memoria.
Vanegas sostiene que mucha gente desconoce la presencia de Fidel en los pueblos del sur de la Ciudad de México y que llevar las figuras a esta zona permitiría visibilizar esa historia.
“Es dar a conocerlo, visibilizar la importancia del sur de la Ciudad de México y de los pueblos del sur”, plantea.
La diputada considera que San Antonio Tecómitl y otros pueblos originarios de la zona forman parte de una historia más amplia que también incluye el movimiento zapatista y distintos episodios de la historia nacional.
“Y ojalá que lo logremos, porque fue en estos pueblos donde Fidel estuvo, aquí hizo su vida, y fue la convivencia”, señaló.
Fidel y el Che, entre la historia y la controversia
Vanegas reconoció que hay críticas hacia personajes como Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara, pero considera que fueron hombres con ideales que arriesgaron su vida y protagonizaron una lucha que trascendió las fronteras de Cuba.
“Yo creo que debe de ser recordado como un héroe y como un gran ejemplo”, expresó al hablar de Fidel.
Para ella, retirar las figuras de un espacio no debería significar borrar la historia, sino encontrar los lugares y las formas adecuadas para contarla y preservarla.
Que la historia llegue a los jóvenes
La legisladora considera que recuperar estos episodios también implica acercar la historia de los pueblos originarios del sur de la capital y a las nuevas generaciones.
“Yo creo que tenemos que impulsar en los jóvenes la historia, la cultura, porque un pueblo sin historia, un pueblo sin cultura no vale”, expresó.
Para Vanegas, aquel cuadro donde aparecen su abuelo Leónides y Fidel no representa únicamente el encuentro entre dos hombres, representa la memoria de una familia, de un pueblo y de un momento en que los caminos de México y Cuba se cruzaron.
Una historia que, de acuerdo con la diputada, no debería quedarse en el recuerdo familiar.
“Los hombres se forjan por los ideales y se reconocen por sus obras y creo que podemos formar parte de ello, seguir haciendo historia y seguir transformándola”, concluyó.
