
Este domingo 30 de agosto, la Ciudad de México volverá a correr con la edición 43 del maratón que Sandalio Sainz de la Maza puso en marcha hace más de cuatro décadas.
En 1983, la capital todavía no sabía lo que significaba detenerse un domingo por la mañana para ver pasar a miles de corredores. Sandalio Sainz de la Maza, entonces al frente de la Dirección de Promoción Deportiva del Distrito Federal, se encargó de cambiar esa historia.

Sin un manual, sin una referencia local y con la visión de que la capital podía tener una carrera a la altura de las grandes ciudades del mundo, organizó la primera edición del Maratón de la Ciudad de México.
El 25 de septiembre de aquel año, 7 mil 500 corredores tomaron la salida en el Autódromo Hermanos Rodríguez y tuvieron como meta el Monumento a la Revolución. Apenas 500 eran mujeres.
El estreno fue tan improvisado como emocionante. Tres corredores llegaron prácticamente al mismo tiempo disputándose el triunfo, mientras surgían acusaciones de que algunos participantes se habían “colado” en el pelotón de punta. Los jueces tardaron dos horas en confirmar como ganador a Casimiro Reyes, marino de la Armada de México.
En la rama femenil, la vencedora fue María del Carmen Cárdenas.
El premio para ambos ganadores fue un boleto directo al Maratón de Nueva York del año siguiente, una oportunidad que entonces representaba un sueño para muchos corredores mexicanos.
Una apuesta que creció en tiempo récord
A Sainz de la Maza le bastó un año para duplicar la apuesta.
En 1984, la participación alcanzó los 15 mil corredores, el doble de los registrados en la primera edición. Pero la intención no era solamente hacer crecer el número de participantes: también buscaba convertir al maratón en un acontecimiento capaz de generar identidad entre los habitantes de la capital.
Para 1985, Don Sandalio quiso darle además una imagen que permaneciera en la memoria de los participantes. Para ello encargó el cartel oficial al reconocido pintor José Luis Cuevas.
Sin embargo, ese mismo año la historia de la carrera se cruzó con uno de los episodios más dolorosos de la Ciudad de México.
El terremoto del 19 de septiembre obligó a modificar por completo los planes. El maratón estaba programado para tres días después del sismo, pero tuvo que ser pospuesto hasta el 8 de diciembre, cuando buena parte de la ciudad todavía se encontraba en proceso de reconstrucción.
Aquella edición quedó marcada para siempre como el “maratón del sismo”. Ni siquiera esa circunstancia frenó el crecimiento de la carrera.
De una carrera local a un récord mundial
En 1986, apenas tres años después de su primera edición, el Maratón de la Ciudad de México ya reunía a más de 32 mil corredores y consiguió entrar al Libro Guinness de los Récords como el maratón con mayor participación en el mundo.
Ninguna otra ciudad había logrado reunir hasta entonces a una cantidad semejante de personas corriendo al mismo tiempo.
El crecimiento no fue producto de la casualidad.
Sainz de la Maza entendió desde el principio que cada edición tenía que ofrecer algo distinto. No quería que quien ya había cruzado la meta tuviera simplemente el recuerdo de una carrera más, sino una razón para volver al año siguiente.
Y, al mismo tiempo, buscaba despertar en quienes nunca habían participado la curiosidad y el deseo de ponerse los tenis y formar parte del evento.
Esa visión convirtió una carrera prácticamente nueva en un fenómeno deportivo que, en apenas tres años, alcanzó un récord mundial de participación.
Una ciudad que aprendió a correr
Por eso, este domingo, cuando la Ciudad de México vuelva a modificar su ritmo para recibir a miles de corredores en la edición 43 del maratón, la historia seguirá conectada con aquella primera apuesta de 1983.
Más que una competencia deportiva, el Maratón de la Ciudad de México se convirtió en un acontecimiento capaz de transformar por unas horas la vida cotidiana de la capital.
Y detrás de esa transformación permanece el nombre de Sandalio Sainz de la Maza, el hombre que hace más de cuatro décadas imaginó que una carrera podía hacer algo más que llevar corredores de una línea de salida a una meta: “podía poner a correr a toda una ciudad “.