
La Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) cumplimentó ordenes de aprehensión en contra de Gerardo “N” y Diego Sebastián “N”, presuntos asesinos de Jonathan Meléndez Ochoa, tecladista del grupo de rock “Camilo Séptimo”, así como de su esposa embarazada, su hija de seis años, la empleada doméstica y de su perro.
La familia fue asesinada el pasado dos de septiembre dentro de su domicilio en el complejo Grand Viure, ubicado en la zona Esmeralda, en el municipio de Atizapán, Estado de México.
Diego Sebastián “N” y Gerardo “N” fueron ingresados al Centro Penitenciario de Reinserción Social de Tlalnepantla, a disposición de la Autoridad Judicial. El cinco de septiembre serán sometidos a la audiencia inicial, con la finalidad de que se les formule la imputación.
Asimismo, autoridades revelaron que los homicidas tenían información de que las víctimas poseían una importante cantidad de numerario en “criptomonedas”, por lo que tratarían de localizar en el departamento “una caja fría con cantidades millonarias de dólares en Bitcoins” y una vez obtenidos los recursos, Diego Sebastián “N” le daría a Gerardo “N” dos millones de pesos “por la ayuda”.
Estos sujetos podrían ser sentenciados a una pena de 25 a 70 años de prisión por cada víctima; en tanto que, por el delito de maltrato y crueldad a los seres sintientes en agravio de la dignidad animal (canina raza Golden Retriver de un año edad aproximadamente) podrían alcanzar una pena de tres a seis años de prisión; asimismo, por el delito de interrupción del embarazo, en contra del producto de la gestación de la esposa del tecladista, podrían ser acreedores de una pena de cinco a 10 años de cárcel.
Un día antes del crimen, el 31 de agosto, y durante la mañana del día de los hechos, Diego Sebastián “N” le instruyó a Gerardo “N”, “conseguir un desarmador plano, un desarmador de cruz, electrónicos, cinchos grandes, guantes negros de tatuajes y cubrebocas” para lo cual le daría dinero después. Estos artículos y un rollo de cinta adhesiva industrial guardan correspondencia con los utilizados para maniatar a las víctimas, así como con los indicios asegurados al interior del vehículo KIA.
El arma de fuego con la que las víctimas fueron privadas de la vida, presuntamente tenía un silenciador e incluso el homicida lo reconoció: “la desensamblé y aventé a una barranca”; por lo tanto, los vecinos no escucharon sonidos asociados a detonaciones de arma de fuego.
De igual forma, testigos refirieron que luego de cometido el multihomicidio, a altas horas de la noche, Diego Sebastián “N”, habría acudido a un conocido restaurante ubicado en la Avenida Mixcoac en la Ciudad de México, con la intención de comer tacos, sin embargo, al percatarse que ya no había servicio, se retiró con rumbo a la colonia Del Valle.