
La conservación ambiental comienza a buscar nuevas fuentes de financiamiento más allá de los recursos destinados tradicionalmente a la protección de los ecosistemas; en la Ciudad de México, empresas, inversionistas, proyectos ambientales y representantes de industrias creativas se reúnen esta semana para explorar cómo actividades como la moda y la música pueden contribuir económicamente a la regeneración de la naturaleza.
El encuentro, México por el Clima, forma parte de la Semana de Acción por el Clima y la Naturaleza 2026, y tendrá como sede el Papalote Museo del Niño, donde se reunirán empresarios, especialistas, emprendedores, organizaciones y desarrolladores de proyectos ambientales.
A este evento se sumará el Gobierno federal y local con la visita de autoridades como la jefa de Gobierno, Clara Brugada, y la titular de la Secretaría del Medio Ambiente, Alicia Bárcena.
Durante el evento, se planea que la conversación vaya más allá de reciclar, reducir emisiones o hablar de sostenibilidad; ahora, la apuesta será construir una economía donde bosques, agua, biodiversidad y suelo tengan un valor reconocido; donde la moda pueda recuperar en lugar de desechar; y donde la cultura y el entretenimiento también financien soluciones.
Durante el encuentro, NAT5 Live (que organiza el evento) propone uno de los giros más llamativos: tratar a la naturaleza no solamente como algo que necesita protección, sino como un activo cuyo valor puede medirse, financiarse y regenerarse.
Guillermo Hinojos, CEO de NAT5, afirmó que el reto es enorme, mientras miles de millones de dólares son destinados cada año a actividades que degradan ecosistemas, apenas una fracción llega a proyectos de conservación y restauración.
Bajo esa lógica, se busca conectar a quienes protegen y regeneran territorios con empresas, fondos e instituciones dispuestas a financiar resultados verificables en biodiversidad, carbono, agua y suelo.
“Conservación sin inversión es solo conversación”, resumió Guillermo Hinojos.
Detalló que desarrolladores de proyectos ambientales, corporativos, fondos de inversión, especialistas y proveedores tecnológicos compartirán un mismo espacio con una intención concreta, “que las conversaciones terminen en alianzas, financiamiento y proyectos reales”.
La acción climática también busca salir de las salas de juntas, se planea que el 7 de octubre, la diseñadora mexicana Erika Alfaro de Anda llevará esta discusión a la pasarela con K’ÁAN, el guardián de los arrecifes, una colección de 30 piezas inspirada en la obra de la artista Tatiana Siqueiros y desarrollada bajo principios de upcycling, economía circular y residuo cero.
Más de 150 personas participaron en un proceso que recupera textiles y técnicas artesanales para demostrar que diseño y sostenibilidad no tienen por qué caminar por rutas separadas.
“Quise convertir esa obra en ropa que proteja, igual que él protege el mar. No podemos hablar de cuidar los arrecifes usando una moda que los contamina”, explicó la diseñadora, cuya plataforma ha colaborado con cerca de un centenar de artistas, artesanos y confeccionistas y ha llevado manufactura mexicana a escaparates internacionales.
Esta misma lógica comienza a llegar a otra industria aparentemente distante, los grandes espectáculos; este año NAT5 trabaja con FUTUR Festival México, la versión nacional del encuentro de música electrónica nacido en Torino, Italia, que celebrará su primera edición mexicana los próximos 13 y 14 de noviembre en Parque Fundidora, Monterrey.
El modelo contempla destinar recursos derivados de la experiencia del festival a proyectos certificados de impacto social y ambiental, además de desarrollar mecanismos para medir y hacer visible ese impacto.
La propuesta abre una posibilidad poco explorada dentro del entretenimiento masivo: que bailar frente a un escenario también pueda alimentar un sistema de regeneración ambiental y que parte del valor generado por conciertos y festivales regrese a los territorios.
Con estas acciones, la Ciudad de México se convierte así en laboratorio con ideas ambiciosas y claras: que proteger la naturaleza deje de considerarse únicamente un costo y comience a entenderse también como una inversión en el futuro.