
Los muros cambian de un centro penitenciario a otro, pero detrás de ellos se repite una pregunta: ¿qué hacer cuando llegue el momento de recuperar la libertad?.
“Si una persona recupera su libertad pero sale sin trabajo, sin acompañamiento y sin oportunidades, estamos dejando incompleto el proceso de reinserción y también estamos dejando un problema para la seguridad pública”, precisó la diputada local Rebeca Peralta, quien trabaja para crear la Ley de Reinserción Social.
Para ello, la diputada del Partido Verde comenzó a recorrer distintos centros penitenciarios de la Ciudad de México, tanto varoniles como femeniles, con la intención de conocer de primera mano las necesidades de quienes viven en el sistema penitenciario y evitar que la legislación se construya únicamente desde un escritorio.
En el Reclusorio Norte, uno de esos recorridos comenzó con una de las poblaciones que enfrenta mayores dificultades dentro del penal: personas adultas mayores, algunas en silla de ruedas y otras tienen dificultades para caminar.
Ahí, Peralta les entregó cobijas y se repartieron tamalitos. La escena podría parecer alejada del debate sobre una nueva ley, pero es precisamente en esas necesidades cotidianas es donde comienza la discusión sobre reinserción.

Porque antes de hablar de capacitación, empleo o de lo que ocurrirá cuando una persona recupere la libertad, también están las condiciones en las que atraviesan su estancia en prisión.
Tras la entrega de cobijas, los hombres agradecieron la atención y, sobre todo, que la diputada frecuentara el lugar para escuchar lo que ocurre dentro del centro.
Un dormitorio al que ingresan por voluntad propia
Después, el recorrido continuó hacia el dormitorio 10, en esta zona se encuentran personas que, por voluntad propia, decidieron incorporarse al Programa de Atención a Tratamiento Contra las Adicciones.
Es otro de los rostros que forman parte de la reinserción: hombres que buscan enfrentar un problema de consumo durante el cumplimiento de su sentencia y que, mediante un programa especializado, intentan modificar condiciones que pueden influir en su vida dentro y fuera del penal.
También ahí hubo conversación, los internos agradecieron a Peralta que se acerque y permanezca pendiente de sus necesidades; además, muchos de ellos se comprometieron a mantener su buena conducta.
En esta zona, las habitaciones tenían otro ritmo, en las camas, entre las pertenencias de los internos, aparecía un objeto que se repetía: la Biblia. La mayoría tenía una sobre su cama, algunas abiertas, otras cerradas.
No hacía hizo falta preguntar, la encargada del lugar aseguro que el acompañamiento espiritual “les ayuda mucho”.
Para los internos, la presencia de una legisladora que pregunta directamente qué ocurre en el centro representa también la posibilidad de que esas necesidades lleguen a un espacio donde puedan convertirse en decisiones públicas.
En el momento en que se enteraron que se construiría una Ley de Reinserción Social, los hombres celebraron con porras a la diputada.
Pero el recorrido por el Reclusorio Norte no terminó entre cobijas ni conversaciones sobre carencias; en otro punto del penal, el cartón se convertía en calaveras monumentales.

Un grupo de internos trabajaba en las figuras que formarán parte de las actividades de Día de Muertos; también construían un nacimiento gigante, María y un caballo destacaban. El espacio parecía más, por momentos, un taller de artesanos que una prisión, en esa misma zona había hombre jugando ajedrez y un saco de box colgaba del techo.
¿Qué habilidades desarrollan los internos?
El trabajo también forma parte de lo que la diputada busca observar durante sus recorridos: qué actividades existen dentro de los centros, qué habilidades desarrollan las personas privadas de la libertad y de qué manera pueden convertirse en herramientas que les sirvan cuando recuperen su libertad.
Al final del recorrido, el ambiente cambió radicalmente, las personas de la comunidad LGBT prepararon una demostración para cerrar la visita; hubo danza típica, aérea y actuaciones con imitadoras.

Durante unos momentos, los muros dejaron de ser solamente el escenario de una sentencia para convertirse en escenario de una expresión artística.
Los participantes mostraron habilidades que forman parte de otra dimensión de la reinserción: la posibilidad de desarrollar capacidades, crear comunidad y encontrar espacios de expresión incluso dentro de un lugar marcado por la privación de la libertad.
Esas imágenes contrastan con la idea tradicional de la prisión como un sitio donde únicamente se cumple una condena; ahí aparece uno de los principales retos de la ley que Peralta prepara: determinar qué debe hacer el Estado para que el tiempo dentro de un centro penitenciario no sea solamente tiempo transcurrido, sino un periodo en el que las personas puedan adquirir herramientas para regresar a la sociedad.
Los recorridos de la legisladora también incluyen centros femeniles, en Santa Martha Acatitla, la realidad es distinta, ahí viven mujeres privadas de la libertad junto con niñas y niños; durante sus visitas más recientes, Peralta ha entregado apoyos como kits de limpieza y uniformes para los menores.

Y mientras la legisladora recorre los centros penitenciarios de la Ciudad de México, que alberga 13 en total, la futura ley comienza a adquirir un rostro distinto al de cualquier documento legislativo: el de las personas que tendrán que vivir sus consecuencias.
La diputada asegura que la reinserción no puede reducirse al momento en que se abre una puerta y una persona sale del penal, el proceso comienza mucho antes: con educación, capacitación, trabajo, atención a las adicciones, vínculos familiares, salud y herramientas para enfrentar una vida en libertad.
Son necesidades que difícilmente aparecen cuando la discusión se reduce a hablar de sentencias, delitos y números de población penitenciaria.