Metrópoli

Desde 1970, tres modelos a escala muestran cómo ha cambiado el corazón de la capital, desde México-Tenochtitlan hasta los primeros años del siglo XX

Las maquetas del Metro Zócalo: un viaje por la historia de la Ciudad de México

Maquetas del metro Zócalo-Tenochtitlan

Entre las prisas, las aglomeraciones y el ir y venir de pasajeros, la estación Zócalo/Tenochtitlan de la Línea 2 del Metro guarda una pequeña ventana al pasado de la Ciudad de México. En sus pasillos, tres maquetas permiten observar cómo era la principal plaza de la capital en distintas etapas de su historia, desde la época prehispánica hasta los primeros años del siglo XX.

Aunque forman parte del paisaje cotidiano de la estación, estas representaciones a escala son mucho más que un elemento decorativo: reúnen investigaciones históricas y arqueológicas que ayudan a imaginar las transformaciones del corazón de la ciudad a lo largo de los siglos.

Las maquetas fueron donadas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en 1969, un año antes de la inauguración de la estación, el 14 de septiembre de 1970. Desde entonces, generaciones de usuarios se han detenido a observar sus edificios, plazas, mercados y pequeños detalles de la vida cotidiana.

Maquetas del metro Zócalo-Tenochtitlan

Tres épocas, un mismo lugar

Cada modelo representa un momento distinto de la historia del Zócalo y permite comparar los cambios en la arquitectura, el espacio público y la organización de la ciudad.

La primera maqueta recrea el recinto ceremonial de México-Tenochtitlan en 1521, la cual fue elaborada en 1969 a partir de los estudios y bosquejos del arquitecto Ignacio Marquina, cuyas investigaciones también sirvieron como referencia para otro modelo exhibido en la Sala Mexica del Museo Nacional de Antropología.

La representación muestra la dimensión del centro religioso mexica antes de la caída de Tenochtitlan, con el Templo Mayor como uno de sus elementos principales. Su reconstrucción se apoya en fuentes históricas y arqueológicas que permiten aproximarse a la apariencia que tuvo el recinto.

La segunda maqueta sitúa al visitante en 1824, tres años después de la consumación de la Independencia de México. En ella aparece la Plaza Mayor con edificios y espacios que marcaron aquella época, entre ellos los antiguos mercados de El Parián y El Volador, además del Palacio Nacional, que entonces tenía dos pisos.

La tercera representación corresponde a 1900 y muestra una ciudad en transformación, con espacios públicos, mercados y estaciones de tranvía. También permite reconocer edificaciones y elementos urbanos que cambiaron o desaparecieron con el paso del tiempo.

En conjunto, las tres piezas funcionan como una comparación visual de la evolución del primer cuadro capitalino: de la ciudad mexica a la urbe novohispana y, después, a la Ciudad de México que comenzaba a modernizarse a principios del siglo XX.

Maquetas del metro Zócalo-Tenochtitlan

Restauración

En 2018, las tres maquetas fueron sometidas a trabajos de restauración y mantenimiento con la participación de especialistas del INAH, las labores incluyeron limpieza, mejoras en la pintura, cambio de vidrios e instalación de nueva iluminación.

También se actualizaron los contenidos históricos y se renovaron las fotografías y litografías exhibidas en los corredores de la estación, con el propósito de ofrecer imágenes de mejor calidad y ampliar la información disponible para los usuarios.

Uno de los trabajos más relevantes se concentró en el modelo de México-Tenochtitlan, que recibió asesoría del investigador emérito del INAH Eduardo Matos Moctezuma y del arqueólogo Raúl Barrera. La intervención incorporó investigaciones arqueológicas y documentales más recientes sobre el recinto ceremonial mexica.

De acuerdo con la información difundida sobre el proyecto, la maqueta alcanza una aproximación histórica de alrededor de 90% respecto a cómo habría sido el complejo religioso. La reconstrucción incorporó detalles sobre las dimensiones de vestigios localizados y explorados, así como referencias al color que habrían tenido estructuras como el Huey Teocalli —o Templo Mayor— y los monolitos de Tlaltecuhtli y Coyolxauhqui.

El modelo también permite relacionar la representación histórica con descubrimientos arqueológicos posteriores, entre ellos vestigios del Calmécac, el Tzompantli y el templo dedicado a Ehécatl, localizados en distintos puntos del Centro Histórico.

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