Metrópoli

Vecinos recuerdan las vibraciones que provocaron las excavaciones y las preocupaciones por la seguridad de la estructura, mientras propietarios de talleres señalan afectaciones por los trabajos de pavimentación

Vivir bajo el Tren Insurgente: vías pasan por arriba, las preocupaciones permanecen abajo

Casas debajo del Tren Insurgente

En las calles San Miguel Arcángel y Presa Tacubaya, de la colonia El Capulín, cerca de la estación Observatorio, las enormes columnas que sostienen las vías del Tren Interurbano México-Toluca, conocido como El Insurgente, se han convertido en parte del paisaje. Desde su llegada a Observatorio, en febrero de 2026, algunas familias han tenido que modificar su manera de vivir, entre sombras que alcanzan sus viviendas y el paso de un transporte que no necesariamente utilizan para sus traslados.

Para algunos habitantes, la presencia del tren ya forma parte de su rutina; para otros, todavía representa molestias y preocupaciones que comenzaron durante su construcción. Aunque reconocen que las condiciones han mejorado, consideran que su llegada no ha representado grandes cambios para la comunidad.

Acostumbrarse a su nueva vida

Sobre la calle Presa Tacubaya, María del Refugio vive frente a una de las columnas que sostienen las vías. Aunque considera que la colonia no ha tenido grandes transformaciones, explica que la sombra de la estructura modifica la temperatura dentro de su vivienda, donde en ocasiones se siente más frío.

Sin embargo, recuerda que las mayores molestias ocurrieron durante las excavaciones y la colocación de las columnas, cuando el ruido y las vibraciones se percibían dentro de las casas, tanto de día como de noche.

“En su momento, las grandes excavaciones y cuando colocaron las columnas fue cuando había más ruido y problemas con el movimiento del suelo. Al principio creíamos que eran vibraciones continuas que hasta podían parecer un pequeño temblor. A veces sí daba miedo”, recuerda.

Con el inicio de operaciones, las molestias disminuyeron, aunque durante los primeros meses todavía percibía movimientos cuando las unidades circulaban a mayor velocidad.

“Cuando llegaba a pasar rápido el tren sí se sentía un pequeño movimiento y también se escuchaba el ruido. Sin embargo, en los últimos meses parece que ha bajado la velocidad, porque ya casi no se escucha y tampoco se sienten esas pequeñas vibraciones”, comenta.

Los encargados de una tienda cercana coinciden en que la colonia siempre ha sido tranquila. Recuerdan que durante la construcción padecieron el polvo y el ruido, mientras que al comenzar el servicio escuchaban el paso de las unidades y las señales sonoras del tren. Actualmente aseguran que esas molestias han disminuido y que ya no representan un problema para dormir.

Temor de los vecinos

Aunque las vibraciones han disminuido, entre algunos habitantes todavía existe preocupación por la seguridad de la estructura elevada.

Un hombre que transita habitualmente por la zona para dirigirse hacia Tacubaya recuerda que durante la construcción algunos vecinos expresaban dudas sobre las uniones de las estructuras por donde circula el tren.

El temor estaba relacionado con el colapso de un tramo elevado de la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México, acontecimiento que llevó a algunas personas a observar con desconfianza la nueva infraestructura.

“Yo siempre paso por aquí y no me molesta como tal el ruido ni nada. Solamente que, cuando paso, me acuerdo de lo que decían algunos vecinos, que esto se podría caer porque ellos veían que algunas partes por donde pasa el tren no estaban bien unidas”, relata.

Aunque actualmente no observa una situación que considere peligrosa, reconoce que aquella preocupación continúa presente.

“Como anteriormente había pasado lo de la Línea 12, pues el miedo sigue ahí. Podemos decir que ya nos acostumbramos y ahora tenemos que vivir con estas estructuras, pero creo que ese temor no desaparece por completo”, agrega.

Transporte que no todos utilizan

Otra de las vecinas explica que, aunque considera que el Tren Insurgente representa una mejora para la movilidad y la infraestructura de la ciudad, no es un transporte que utilice regularmente. Tanto ella como su familia realizan sus actividades laborales en distintos puntos de la capital, por lo que sus recorridos diarios no requieren utilizar esta línea.

“Yo, mi hijo y mi esposo trabajamos en el centro de la ciudad. Mi hijo por Reforma, mi esposo en Mixcoac y yo por Tacubaya. Entonces, realmente no ocupamos la línea, no nos beneficia a nosotros, no tenemos un beneficio real como tal. Y creo que no solamente yo, sino que muchos de los vecinos que vivimos aquí tampoco la ocupamos”, comenta.

La mujer reconoce que el tren puede resultar útil para otras personas, pero considera que para su familia no ha representado una mejora directa en sus traslados. Además, señala que la estructura elevada también afecta la entrada de luz natural a su vivienda, una de las modificaciones que ha tenido que aceptar desde su construcción.

Una situación similar se presenta cerca de la estación Vasco de Quiroga, donde algunos vendedores de la zona consideran que el Cablebús representa una alternativa más accesible debido a su cercanía y menor costo.

Alejandra, una de las vendedoras, explica que utiliza el Tren Insurgente solamente en determinadas circunstancias, principalmente cuando tiene prisa o cuando el transporte que habitualmente ocupa tarda demasiado en pasar.

“Realmente muchos de aquí, yo creo, bueno, no quiero hablar por todos, pero por lo menos yo no lo ocupo tanto. Nada más cuando son emergencias, cuando ya es tarde, de repente lo llego a utilizar, pero prefiero el Cablebús, que es más barato y está aquí cerca”, relata.

Para ella, el costo del tren resulta elevado si se considera la distancia que necesita recorrer, especialmente cuando se trata de utilizarlo por una sola estación.

“Es un precio bastante alto para el tramo que es. También aquí tardan mucho en pasar los micros de Observatorio, entonces por esa razón sí lo llego a ocupar, pero casi siempre evito utilizarlo”, agrega.

Calles que siguen en obra

Más allá del ruido y las preocupaciones por la estructura, algunos habitantes esperaban que la construcción del tren también trajera mejoras a las calles y banquetas cercanas.

Una mujer que caminaba por la colonia explica que nunca consideró que el transporte fuera a beneficiarla directamente, pero sí esperaba cambios en las vialidades. Aunque reconoce que actualmente se realizan trabajos, considera que las mejoras han tardado demasiado y que buena parte del entorno continúa igual, solo que ahora con columnas en medio de las calles.

Esta situación se observa en la calzada Minas de Arena, una de las vialidades más cercanas a la estación Observatorio, donde todavía se realizan trabajos debajo de las vías elevadas.

En el lugar continúan circulando camiones que transportan grava y otros materiales, mientras avanzan las labores de pavimentación. A diferencia de otras calles de la colonia, aquí predominan talleres mecánicos, carpinterías y otros establecimientos cuyos propietarios también enfrentan las molestias de las obras.

Locales afectados

Jorge, propietario de un taller mecánico de la zona, considera que los trabajos complementarios ya deberían haber terminado. Explica que el movimiento de camiones, el polvo y las labores de pavimentación afectan las actividades de los talleres cercanos.

Recuerda que uno de sus clientes habituales, quien viajaba desde Santa Fe para reparar su automóvil, decidió dejar de acudir temporalmente al taller debido a las condiciones de la calle.

“Era un señor de Santa Fe, de los que tienen dinero, que venía a arreglar su carro aquí porque decía que trabajábamos bien. Era un cliente regular, pero cuando empezaron estos trabajos nos dijo que por el momento ya no vendría porque la tierra y el polvo podían rayar su carro”, cuenta.

Aunque Jorge considera exagerada la explicación, reconoce que la decisión terminó afectando su negocio. “A mí se me hace algo ridículo, pero es su opinión. Al final, aquí fue donde me quitaron un cliente”, señala.

Para el mecánico, las obras representan una molestia que continúa incluso después de que el tren comenzó a operar, pues los trabajos pendientes dificultan que los talleres recuperen sus actividades habituales.

Una nueva forma de vivir

A varios meses de la llegada del Tren Insurgente a Observatorio, las familias continúan adaptándose a una infraestructura que transformó su entorno. Para algunos, el ruido y las vibraciones han dejado de ser un problema importante; para otros, permanecen las preocupaciones por la estructura y las obras pendientes.

Mientras los propietarios de los talleres esperan que concluyan los trabajos de pavimentación, los habitantes siguen conviviendo con columnas frente a sus viviendas y vías que proyectan sombras sobre sus calles.

La paradoja permanece: el tren llegó para mejorar la movilidad, pero quienes viven debajo de sus estructuras no necesariamente lo utilizan. Para ellos, su presencia significa principalmente aprender a convivir con los cambios que dejó en su entorno.

Mientras el Tren Insurgente continúa con sus recorridos, los vecinos siguen adaptándose a los cambios que dejó su construcción. Aunque algunas molestias han disminuido, todavía quedan trabajos pendientes y preocupaciones entre quienes conviven diariamente con esta infraestructura.

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