Metrópoli

Desde familias que llevan casi 40 años visitando el templo de San Hipólito hasta quienes reparten tacos, dulces y rosas, los devotos encuentran distintas maneras de agradecer los favores que atribuyen al santo y compartir con quienes acuden a la celebración

La fe en San Judas Tadeo que hace que sus devotos agradezcan sin importar el gasto

Familias mantienen viva la tradición de San Judas En el marco de la celebración del Día de San Judas Tadeo, fieles creyentes acudieron a la Iglesia de San Hipólito a la Eucaristía, en donde agradecieron, oraron y recibieron la bendición de sus figuras religiosas. (Graciela López Herrera/Cuartoscuro)

Desde las primeras horas de la mañana, con aire frío que se siente como en invierno, los devotos de San Judas Tadeo comenzaron a llegar al templo de San Hipólito, ubicado en el cruce de Paseo de la Reforma y avenida Hidalgo, cerca de la estación Hidalgo del Metro.

Algunos vienen acompañados de toda su familia, desde el más pequeño hasta el más grande; otros llegan solos, con una imagen entre las manos, dentro de una mochila o cargada sobre los hombros. Poco a poco, la gente llena los alrededores y comienza una jornada marcada por las historias personales y las distintas formas de agradecer a quien consideran su santo protector.

Afuera, los aromas y las expresiones de creencias se mezclan, entre el incienso de las limpias y otras prácticas que incorporan elementos de tradiciones prehispánicas, la comida que comienza a prepararse y las flores que se venden junto a imágenes, pulseras y veladoras.

En las calles aledañas, los puestos se instalan desde temprano para recibir a quienes acuden durante la celebración, mientras que dentro del templo continúan las ceremonias católicas.

Las familias llegaban con ropa verde y blanca, playeras con la imagen del santo o vistidos como San Judas Tadeo, mientras otros cargan figuras de distintos tamaños. Entre quienes llegan hay personas que recuerdan momentos difíciles, otras que buscan un momento de tranquilidad y quienes regresan cada año para agradecer los favores que, desde su experiencia, han recibido.

Entre las personas que acuden vestidas como San Judas Tadeo está María, quien lleva años visitando el templo. Su vestimenta no es solamente parte de la celebración: detrás de ella hay una historia personal que la llevó a regresar con una intención distinta.

La mujer cuenta que desde hace aproximadamente 20 años acude para pedir o agradecer, principalmente por tener una vida tranquila. Sin embargo, hace un año comenzó a enfrentar problemas en una rodilla. Según relata, llegó a escuchar que quizá no volvería a caminar como antes, por lo que pidió ayuda y ahora continúa con su recuperación.

“Sí, yo llevo alrededor de 20 años viniendo a la iglesia a pedir o a dar gracias, más que nada por tener una vida tranquila. Pero en este caso, hace un año tenía problemas de la rodilla, por lo que le pedí ayuda. Ahora no puedo caminar al cien por ciento, pero, a diferencia de lo que me habían dicho los doctores, que era probable que no pudiera caminar, ahorita voy en recuperación y vamos bien”, cuenta.

Filas dentro y fuera del templo

Conforme avanza la mañana, la afluencia aumenta. Para el mediodía, el espacio dentro del templo comienza a ser insuficiente para recibir a todas las personas que esperan entrar. Las misas continúan, pero también crecen las filas y los tiempos de espera. Afuera, los asistentes se acomodan como pueden, atentos al momento en que les toque pasar.

La escena cambia al cruzar la entrada. Mientras en el exterior predominaba el movimiento, las voces, los puestos y las personas que ofrecen comida o artículos, dentro del templo el ambiente se vuelve más ceremonial y tranquilo. Quienes consiguen entrar se detienen frente a las imágenes de San Judas Tadeo y permanecen unos momentos antes de continuar su recorrido.

El personal de apoyo y de seguridad también se hace más visible en los alrededores, especialmente cerca del Metro, donde llegan y salen grupos de visitantes. Entre la multitud, algunas personas ayudan a orientar a los asistentes para que encuentren los accesos y puedan avanzar entre las filas.

Tradición que pasa de generación en generación

Para algunas familias, acudir al templo de San Hipólito para visitar a San Judas Tadeo es una costumbre que comenzó mucho antes de que los niños que hoy las acompañan nacieran. Es el caso de la familia Martínez, cuyos integrantes llevan cerca de cuatro décadas asistiendo.

Una de sus integrantes recuerda que fueron sus padres quienes comenzaron a llevarla cuando era pequeña. Con el tiempo, la tradición continuó y ahora son sus hijos quienes la acompañan. De esta manera, la visita se ha mantenido durante tres generaciones.

“Mis papás fueron los primeros que venían a esto y a mí me traían de pequeña. Aunque he visto que poco a poco ha crecido la gente que viene, creo que nunca hemos tenido grandes problemas en esta tradición. Ahora yo traigo a mis hijos, que ya no están tan pequeños, porque cuando son pequeños sí es un problema para tanta gente y los empujones”, relata.

Para la familia, regresar también significa mantener una costumbre compartida. La multitud ha crecido con los años, reconoce, y eso exige tener más cuidado al desplazarse, sobre todo cuando acuden con niñas y niños. Aun así, la visita a San Judas Tadeo continúa formando parte de su calendario familiar.

Alejandro, otro de los asistentes, cuenta que fue él quien comenzó a acudir cuando su familia atravesaba dificultades económicas. En aquel momento buscaba un empleo que le permitiera sostener a los suyos. Después de conseguirlo, decidió mantener la visita y, con el tiempo, se sumaron su esposa, sus hijos y ahora sus nietos.

“Mi familia casi no era tan devota; fui yo el que empezó a hacer esto, ya que vivíamos momentos difíciles económicamente. Yo pedía tener un buen trabajo para apoyar a mi familia y no se me cumplía, hasta que le pedí a San Judas que me apoyara para encontrar uno. A los pocos meses lo encontré y por eso vengo. Después mi esposa también vino conmigo, luego mis hijos y ahora mis nietos”, comparte.

Dar sin recibir nada a cambio

La jornada no se vive únicamente dentro del templo. En los alrededores también hay personas que acuden para compartir alimentos y pequeños obsequios con los devotos, sin esperar nada a cambio. Algunas reparten dulces o refrescos; otras llevan pan, tacos de canasta, agujas y hasta rosas.

Una familia que viajó desde Ecatepec, en el Estado de México, llegó para regalar tacos de carnitas. Sus integrantes explican que llevan alrededor de diez años realizando esta actividad porque saben que algunas personas pasan varias horas en la zona y no siempre tienen algo para comer.

“Esto lo hacemos desde hace algunos años y es nuestra forma de agradecer”, comentan.

Preparar los alimentos también implica un gasto importante. La familia calcula que en esta ocasión destinó alrededor de 15 mil pesos entre la carne, las verduras, los limones, las salsas y los demás complementos. Aunque la cantidad puede parecer elevada, aseguran que lo hacen con gusto porque para ellos compartir la comida es una forma de agradecer a San Judas Tadeo.

No todos pueden aportar lo mismo. Algunas personas compran bolsas de dulces que cuestan alrededor de 20 pesos y las reparten entre los niños; otras entregan una botella de refresco o una pieza de pan. Lo que se comparte depende de las posibilidades de cada quien, pero la intención es la misma: ofrecer algo a quienes acuden a la celebración.

Rosas para agradecer por la salud

Entre los regalos también hay flores. Dos hombres que repartían rosas explicaron que acostumbran hacerlo, aunque en esta ocasión tenían una razón particular para volver a las calles cercanas al templo.

Uno de sus sobrinos se encuentra hospitalizado después de una operación de estómago, por lo que decidieron dedicar la entrega de flores a su salud. Para ellos, repartirlas es una forma de expresar sus deseos de que el joven se recupere y, al mismo tiempo, compartir un detalle con quienes pasan por el lugar.

“Siempre hemos regalado flores, pero en esta ocasión venimos a dar de esta manera por la salud de mi sobrino, quien está en el hospital por una operación de estómago”, explican.

Como ellos, otras personas se acercan para entregar algo sencillo. No todos pueden preparar cientos de alimentos ni destinar miles de pesos a una actividad de este tipo, pero una bolsa de dulces, un pan o una rosa también pueden convertirse en un gesto de agradecimiento a San Judas Tadeo.

Agradecer sin importar el gasto

A medida que avanza el día, las filas continúan, los puestos mantienen el movimiento y las familias buscan la manera de entrar al templo o encontrar un espacio para descansar. Algunos llegan con imágenes grandes de San Judas Tadeo que cargan durante el recorrido; otros llevan figuras pequeñas guardadas en sus mochilas. También hay bebés vestidos como el santo, acompañados por sus padres, y personas mayores que avanzan despacio entre la multitud.

Afuera, las actividades siguen su propio ritmo. Los vendedores atienden a quienes buscan recuerdos, los puestos de comida reciben a quienes necesitan hacer una pausa y las personas que reparten obsequios se acercan a los visitantes para ofrecerles algo. En medio del ruido y el movimiento, se repiten escenas de familias que se acompañan y de desconocidos que reciben un alimento o una flor.

Para quienes acuden cada año, la visita no se limita a entrar al templo. También representa reencontrarse con una tradición, recordar una etapa difícil o compartir con otras personas aquello que está dentro de sus posibilidades.

Así, entre el frío de la mañana, las filas que se prolongan hasta el mediodía y los aromas que se mezclan en las calles, la celebración de San Judas Tadeo en San Hipólito se convierte en un punto de encuentro para miles de historias. Algunas se relacionan con promesas personales; otras, con una costumbre familiar que ha pasado de abuelos a nietos.

Y para quienes llegan a repartir tacos, dulces, refrescos o rosas, el agradecimiento al santo también se expresa de una manera concreta: compartir lo que tienen, sin importar si se trata de una pequeña bolsa de dulces o de una comida que representa un gasto de miles de pesos.

Tendencias