
La Unión Europea (UE) y China conmemoran esta semana el 50 aniversario de sus relaciones diplomáticas con una cumbre de alto nivel en Pekín, que se celebra en un contexto de crecientes fricciones económicas y tensiones geopolíticas. Aunque el motivo es simbólico, el contenido de las conversaciones será profundamente estratégico.
El presidente chino Xi Jinping, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, se reunirán este jueves para abordar los temas que hoy dividen a ambas potencias: la falta de acceso recíproco a los mercados, la guerra en Ucrania, la transición verde y la seguridad internacional.
Bruselas reclama una relación más equilibrada
Desde Bruselas, las expectativas son claras. La Comisión Europea considera que el modelo actual con China es insostenible: mientras el país asiático mantiene amplias facilidades de acceso al mercado europeo, impone restricciones comerciales y controles a las exportaciones que, según funcionarios europeos, distorsionan la competencia.
“China se beneficia de nuestro mercado abierto, pero compra demasiado poco”, indicaron fuentes comunitarias. Aunque no se plantean sanciones o cierres, la UE quiere reequilibrar la relación y dejar claro que no aceptará prácticas que perjudiquen a sus empresas y ciudadanos.
No se prevé una declaración conjunta al finalizar la cumbre, salvo en áreas de posible acuerdo, como el cambio climático, donde ambas partes han mantenido cierta sintonía. Sin embargo, para Europa, lo esencial será lograr una conversación franca y directa sobre el estado actual de la relación y su rumbo futuro.
Alianzas alternativas frente a la incertidumbre
La cumbre con China forma parte de una estrategia europea más amplia para diversificar sus lazos económicos en Asia, en medio de una reconfiguración del comercio global. Un día antes, el 23 de julio, Von der Leyen y Costa sostendrán una reunión con el primer ministro japonés Shigeru Ishiba en Tokio, en la que se lanzará una alianza de competitividad centrada en reforzar la base industrial y tecnológica compartida.
Japón y la UE buscan además reducir su dependencia de China en sectores clave, como el abastecimiento de tierras raras, utilizadas en la fabricación de vehículos eléctricos, dispositivos electrónicos y armamento.
Además, la UE ha firmado o tiene en curso tratados de libre comercio con Vietnam, Singapur, Corea del Sur, India, Indonesia, Australia y Nueva Zelanda, con el objetivo de construir una red de socios confiables que mitiguen los efectos de las guerras arancelarias impulsadas por Estados Unidos y que garanticen el suministro de materias primas esenciales.
Un entorno internacional cada vez más frágil
El tono que marcará la cumbre en Pekín estará condicionado por las diferencias políticas sobre conflictos como la invasión rusa de Ucrania, donde Europa espera que China adopte una posición más clara. También se debatirá sobre el papel de ambas potencias en el fortalecimiento del multilateralismo y el mantenimiento de un orden internacional basado en normas comunes.
Aunque las distancias son evidentes, el encuentro representa una oportunidad para ambas partes de recalibrar una relación estratégica en momentos de gran incertidumbre global. Para Europa, el reto será defender sus intereses sin romper los canales de diálogo con una de las principales economías del mundo.
(Con información de EFE)