
La pesadilla duró algo más de un año, pero Alberto Trentini y Mario Burlò duermen ya en sus casas en Italia. Este martes se reencontraron con sus familias tras bajar del avión en el aeropuerto de Roma, luego de formar parte de las decenas de presos políticos liberados por el régimen chavista de Delcy Rodríguez, permitido y vigilado por Estados Unidos, a cambio de explotar el petróleo venezolano.
A diferencia de los presos españoles, a los que se les impuso como cláusula que no detallaran su estancia en una cárcel de la dictadura bolivariana (no queda claro si formó parte del acuerdo con los mediadores del gobierno español o no, para no perjudicar a los españoles que siguen presos), los dos italianos relataron a la prensa italiana el infierno que vivieron en la prisión El Rodeo 1, a unos 45 kilómetros de Caracas.
“Fue peor que Alcatraz: hemos pasado 14 meses durmiendo en el suelo, con cucarachas”, declaró Burlò, empresario de Turín de 52 años.
“No hemos sufrido torturas físicas, pero psicológicas, sí, como no hablar con mis hijos durante un año, la primera llamada la hice después de 11 meses y medio. Tenía miedo de que me mataran”, declaró Burlò, quien acababa de llegar a Venezuela, el 10 de noviembre de 2024, para poner en marcha un negocio.
Cinco días después, fue arrestado, también sin mediar palabra, Trentini, de 46 años, cooperante originario del Véneto (la provincia con Venecia de capital y de la que, precisamente, procede el nombre de Venezuela).
Nunca se presentaron cargos contra ellos, ni tuvieron acceso a un abogado, y el cónsul italiano solo pudo verlos al cabo de seis meses. Simplemente, lamentaron, fueron arrestados por patrullas de la policía en el lugar equivocado y por tener la nacionalidad equivocada. Según los medios italianos, los dos hombres fueron tomados como botines por el régimen de Nicolás Maduro para usarlos como moneda de cambio, por ejemplo, para obtener la entrega de opositores antichavistas huidos a Italia o la liberación de chavistas arrestados.
Tratados peor que perros
Los dos relataron que estaban hacinados en celdas, casi en la oscuridad, donde solo se podían caminar seis pasos. Les despertaban a las 5:30 de la mañana para pasar lista, con nombre, apellido y nacionalidad. Comían casi siempre lo mismo, arepas que les pasaban por la abertura de la puerta, sin ver a nadie.
En una entrevista concedida en la tarde del martes al diario turinés La Stampa, ha añadido que en la celda había una letrina pero estaba en el mismo pavimento donde dormía, y los guardas solo pasaban dos veces al día con agua para limpiarla. “Tenías que elegir si vivir todo el día con ese hedor o usar tu agua de beber para que se fueran los residuos”, declaró Burlò.
“Les dije a los guardas de la cárcel que hasta los perros tienen necesidades cotidianas, y que nosotros éramos menos que los perros”, relató.
Como ya estuvo en una ocasión en una cárcel italiana, opina que era “un club de crucero” comparada con la prisión venezolana.
De hecho, el caso de este empresario ha sido particular, porque cuando viajó a Venezuela tenía investigaciones judiciales abiertas en Italia y durante meses se le dio por desaparecido. Su familia tuvo noticias suyas por primera vez en marzo de 2025, cuatro meses después de ser encarcelado, y aun así, relata El País, todavía este verano los tribunales italianos no creían a sus abogados cuando argumentaban que estaba detenido en Venezuela, porque no había ninguna prueba oficial.
Burlò fue absuelto definitivamente hace meses en el proceso más grave, una acusación de asociación mafiosa, pero aún tiene un juicio pendiente por una quiebra, en el que el fiscal pide para él tres años y medio de cárcel.
“Digamos que he estado secuestrado”
Lo peor eran las noches, aseguró Burlò: “Había guardias con el rostro cubierto por pasamontañas. Usaban alias y uno se hacía llamar Hitler”.
“He perdido 30 kilos, pero no me importa, lo importante es haber regresado y volver a abrazar a mis hijos. He superado estos meses pensando en ellos y en mis amigos. Digamos que he estado secuestrado, como por desgracia muchísimos extranjeros que aún siguen allí, 94 de 34 nacionalidades distintas, en condiciones bastante inhumanas”, comentó el empresario.
Por su parte, Trentini prefirió difundir un comunicado de agradecimiento: “Somos muy felices, pero nuestra felicidad ha tenido un precio altísimo. No se pueden borrar los sufrimientos de estos 423 días interminables”.
Para él fue muy importante la cercanía de Burlò, de personalidad más expansiva y que le ha servido de apoyo durante estos meses. “Nos conocimos en la hora de patio y desde ese momento hicimos amistad. Mario tiene un carácter más extrovertido y me ayudaba a mantener alta la moral”, ha contado Trentini.
La única ventana con el mundo exterior era la televisión chavista los martes, jueves, viernes y sábado. De hecho, no se enteraron de la caída de Maduro hasta que llegaron el lunes a la Embajada italiana el día de su puesta en libertad.