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En la teocracia que quiere Trump en EU, él es Jesucristo rodeado de ángeles-soldados, mientras aplaude Hegseth y calla avergonzado Rubio. Frente a ellos, el papa se rebela: su guerra es lo contrario a Dios

El Evangelio según San Marco, San Pete y el “iluminado” Donald

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Fanatismo Donald Trump, bendecido por líderes evangélicos en el Despacho Oval

“Con la Iglesia hemos topado”, que diría don Quijote a Sancho Panza. Algo parecido podría decirle el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a su escudero más fiel, el jefe del Pentágono, Pete Hegseth, sobre la ingratitud mostrada por el compatriota de ambos, el papa León XIV, quien ha decidido no quedarse callado y condenar con dureza la guerra de Estados Unidos contra Irán (y por extensión la de Israel contra Líbano y contra los palestinos en Jerusalén, Cisjordania y Gaza).

El domingo 22 de marzo, más de dos semanas después de que Estados Unidos e Israel comenzaran sus ataques masivos contra Irán, el papa hizo su primera declaración sobre la guerra, pero manteniendo su estrategia de bajo perfil. Durante el Ángelus, expresó su “consternación” por la situación en Medio Oriente y otras regiones del mundo golpeadas por el conflicto bélico, como Ucrania y Sudán, y calificó el sufrimiento de muchas “víctimas indefensas” como un “escándalo para toda la humanidad”.

Al día siguiente, lunes, durante una audiencia con la aerolínea italiana ITA, cambió repentinamente de tema, pasando del uso civil de las aeronaves al militar. Según dijo, estas nunca deberían ser vehículos de guerra y los bombardeos aéreos deberían estar prohibidos. El martes por la noche subrayó ante un grupo de periodistas que “debemos trabajar por la paz, pero no con armas”.

Pese a que no nombró ni a él ni a su guerra, Trump decidió cruzar la línea roja y lanzó el mayor ataque de un presidente de EU de la era moderna contra la libertad religiosa; con el agravante, además, de que lo hace contra el primer papa estadounidense de la historia.

El 12 de abril de 2026, Trump lanzó el primero torpedo en su red Truth Social, calificando al Papa como “DÉBIL con el crimen y en materia de seguridad”, en alusión a la postura crítica del pontífice contra la cacería antiinmigrante ordenada por la Casa Blanca.

Luego añadió que era “terrible en política exterior”, por condenar la guerra, por lo que le instó a no alinearse con la “izquierda radical”, que en la mente del magnate republicano es cualquier persona que condene crímenes cometidos por sus tropas, como la matanza de 168 niñas en la escuela primaria de Minab, en Iránm tras el impacto de un misil Tomahawk.

El segundo ataque, el mismo día, causó estupor, indignación y preocupación por la salud mental del presidente: Trump colgó en sus redes una imagen realizada mediante inteligencia artificial de él mismo como Jesucristo, sanando a un enfermo; e igual de inquietante, varios soldados lo observan desde las alturas como si fueran ángeles de la guerra, mientras un caza como los que bombardea Irán pasa cerca.

La foto —que borró de su cuenta en cuanto empezó a ser criticado por blasfemo y en cuanto alguien colgó la misma foto, pero bendiciendo a su amigo, el pederasta Jeffrey Epstein— resume todo lo que el presidente de EU entiende como el verdedero pensamiento cristiano: la paz sólo se logra mediante la fuerza bruta.

Esta misma filosofía la defiende con fervor su secretario de Defensa, Pete Hegseth, a tal extremo que compartió con Trump la idea de cambiar su cargo por el de secretario de Guerra: suena más viril y temible.

Como no podía ser menos, Hegseth, considerado por la prensa de su país como el más fanático cristiano del gobierno, están especialmente dolido con el actual papa, a quien reprocha que no vea la guerra de Estados Unidos como una especie de nueva cruzada cristiana.

Según publicó The New York Times el 4 de abril, el jefe del Pentágono está convencido de que los soldados de Estados Unidos “luchan en Medio Oriente en el nombre de Jesucristo” y, por tal motivo, “el pueblo estadounidense debería rezar por ellos de rodilla”, en una velada referencia al papa.

Con el paso de los días, el comportamiento del jefe del Pentágono ha dado también señales de desvarío místico, parecido al que sufre Trump.

¿Hegseth citó la Biblia o a Pulp Fiction?

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Fanatismo El secretario de Defensa de EU, Pete Hegseth, dirige el rezo en el Pentágono, pese a la separación Iglesia-Estado

Este jueves, Hegseth protagonizó un misterioso episodio durante un servicio religioso en el Pentágono al pronunciar una cita que él atribuye a la Biblia pero que coincide más con una escena de la película de Quentin Tarantino Pulp Fiction.

“Y castigaré con gran venganza y furia a quienes intenten capturar y destruir a mi hermano. Y sabrás que mi indicativo es Sandy One cuando descargue mi venganza sobre ti, y amén”, rezó en voz alta ante sus subalternos.

Tras incendiar las redes con el sermón, el secretario de Guerra afirmó que se trataba de la oración “CSAR 25:17”, según él inspirada en “Ezequiel 25:17”, y dijo que la aprendió del responsable de la reciente operación de rescate de dos miembros de la Fuerza Aérea en Irán.

Sin embargo, en esos versículos de la Biblia solo aparece una parte de la cita: “Y ejecutaré sobre ellos gran venganza con furiosas reprensiones; y sabrán que yo soy Jehová, cuando yo descargue mi venganza sobre ellos”.

El resto, excepto el término Sandy One (una referencia militar al rescate de pilotos derribados), replica una famosa escena de Pulp Fiction en la que el personaje que interpreta Samuel L. Jackson versiona libremente los versículos de Ezequiel.

Polémicas aparte, tan notorio como los ataques de Trump y Hegseth ha sido el “despertar” de León XIV.

“No le tengo miedo”

El 13 de abril, mientras volaba de Roma a Argelia para su gira por varios países africanos, el papa entró definitivamente en guerra con un claro mensaje a los 70 periodistas presentes, luego de ser cuestionado sobre si le intimidaban los insultos de Trump a su persona:

“No, no le tengo miedo a la administración Trump, ni a proclamar el mensaje del Evangelio en voz alta, que es para lo que creo que debo estar aquí, y por eso está aquí la Iglesia”, dijo el papa con total tranquilidad, pero con firmeza.

Y agregó: “No creo que el mensaje del Evangelio deba ser tergiversado como algunos lo están haciendo. Sigo manifestándome enérgicamente contra la guerra, tratando de promover la paz, el diálogo y el multilateralismo con los estados para buscar soluciones a los problemas. Demasiadas personas sufren hoy, demasiadas personas inocentes han muerto, y creo que alguien debe alzar la voz”.

Este miércoles, durante una misa en Camerún, el papa repudió a quienes usan las religiones y a Dios para sus intereses militares, económicos y políticos y afirmó que “el mundo está siendo destruido por unos pocos tiranos”.

Sin nombrar a dirigentes como Trump ni a sus aliados con los que comparte la vocación de hacer la guerra, como el ruso Vladimir Putin y el israelí Benjamín Netanyahu, el papa declaró que “los señores de la guerra fingen no saber que basta un instante para destruir, pero que a menudo no basta una vida para reconstruir. Simulan no ver que se necesitan miles de millones de dólares para matar y devastar, y que no encuentran los recursos necesarios para sanar, educar y levantar”.

El silencio de los corderos

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Hipocresía El secretario de Estado de EU, Marco Rubio, presume de católico devoto durante una entrevista el miércoles de ceniza, mientras calla las críticas al papa por condenar la guerra

Y finalmente está la posición del tercer hombre más poderoso de la Casa Blanca, el secretario de Estado de EU, Marco Rubio, quien ha optado por la posición más cómoda para no perder su puesto de trabajo, pero la más cobarde, según muchos católicos practicantes como él: el silencio.

Con su silencio, el jefe de la diplomacia estadounidense da por válida la política de bombardeos de Trump, de igual manera que no dijo nada sobre la cacería y reclusión en centros de detención de inmigrantes, incluidos niños, como Liam Conejo, de 5 años.

El último silencio de Rubio, muy locuaz en otros aspectos y a quien le gusta mostrar una cruz de ceniza en toda la frente para dejar clara su devoción católica, tuvo como epicentro su propia ciudad natal, Miami.

El martes pasado, el gobierno de Trump canceló un contrato millonario con una organización benéfica de la Iglesia Católica en Miami dedicada a albergar y cuidar a niños migrantes que ingresan solos a Estados Unidos, que se remontaba a la llegada de los primeros exiliados cubanos al sur de Florida, como fue el caso de sus padres.

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