
La cifra de víctimas mortales por el terremoto de magnitud 7.1 que sacudió el sur de Japón aumentó a 13, mientras continúan las labores de búsqueda y rescate de personas atrapadas entre los escombros en la prefectura de Kumamoto, una de las zonas más afectadas por el sismo.
El movimiento telúrico ocurrió el pasado 28 de julio con epicentro a unos 10 kilómetros de profundidad bajo la prefectura de Kumamoto, en la isla de Kyushu. El terremoto alcanzó el nivel máximo de 7 en la escala de intensidad sísmica japonesa, utilizada para medir la fuerza con la que se perciben los temblores y su capacidad destructiva.
Tras el sismo, la Agencia Meteorológica de Japón emitió una alerta de tsunami por la posibilidad de olas de hasta un metro de altura en varias zonas costeras del sur del país. Sin embargo, horas después la advertencia fue levantada al no registrarse un riesgo significativo para la población.
La primera ministra, Sanae Takaichi, informó que aún hay personas desaparecidas y atrapadas bajo edificios colapsados, por lo que las próximas horas son fundamentales para las operaciones de rescate. La mandataria aseguró que el Gobierno ha desplegado todos los recursos disponibles para atender la emergencia y apoyar a las comunidades afectadas.
Miles de elementos de las Fuerzas de Autodefensa, bomberos, policías y equipos especializados trabajan de manera ininterrumpida para localizar sobrevivientes. Las tareas de búsqueda se desarrollan entre estructuras dañadas y bajo el riesgo constante de nuevas réplicas.
El terremoto provocó severos daños en viviendas, edificios públicos, carreteras y comercios. Entre los incidentes más graves se encuentra el colapso parcial de un centro comercial y el derrumbe de una chimenea industrial, hechos que dejaron varias de las víctimas mortales. Además, numerosas personas resultaron heridas y fueron trasladadas a hospitales de la región.
Las autoridades también reportaron interrupciones en el suministro eléctrico y de agua potable, así como afectaciones al transporte ferroviario y aéreo. Algunas empresas suspendieron temporalmente sus operaciones debido a los daños en la infraestructura y a las complicaciones logísticas derivadas del desastre.
Más de 10 mil personas permanecen refugiadas en centros de evacuación habilitados por el Gobierno japonés, donde reciben alimentos, agua y atención médica mientras se evalúan las condiciones de sus viviendas. Las autoridades mantienen activos los protocolos de emergencia para garantizar la seguridad de la población.
La Agencia Meteorológica de Japón advirtió que podrían registrarse nuevas réplicas de intensidad considerable durante los próximos días, por lo que exhortó a la ciudadanía a mantenerse alerta y seguir las indicaciones de protección civil.
Pese a la magnitud del terremoto, las autoridades confirmaron que la central nuclear de Sendai no sufrió daños y opera con normalidad, descartando riesgos relacionados con instalaciones nucleares.
Japón se ubica sobre el denominado Anillo de Fuego del Pacífico, una de las regiones con mayor actividad sísmica del planeta, por lo que registra terremotos con frecuencia. Gracias a sus estrictas normas de construcción y sistemas de alerta temprana, el país ha logrado reducir el impacto de estos fenómenos naturales, aunque eventos de gran intensidad, como el ocurrido en Kumamoto, siguen representando un importante desafío para las autoridades y la población.