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La megasequía, que dura ya 25 años, pone en riesgo el consumo de agua, la industria agropecuaria y la generación de electricidad en el oeste del país y en el norte de Baja California y Sonora

El río Colorado se está secando: los dos mayores embalses de EU se encuentran en mínimos históricos

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Megasequía en el oeste de Estados Unidos La franja blanca marca la caída del nivel del agua embalsada en el lago Mead, el más grande de Estados Unidos

La cuenca de los centenares de afluentes que alimentan el río Colorado —que abastece de agua y electricidad a siete estados del oeste de Estados Unidos (Colorado, Utah, Wyoming, Nuevo México, Arizona, Nevada y el sur de California), así como a Baja California y Sonora, en México— se está secando peligrosamente y, con ella, los dos principales embalses de Estados Unidos: los lagos artificiales Mead y Powell.

Todo esto sin que el gobierno de Donald Trump, un negacionista del cambio climático, haya reaccionado ante una catástrofe en ciernes. Muy al contrario: el presidente republicano planea revocar la ley que impide la construcción de carreteras en parques nacionales, lo que pone en peligro millones de hectáreas de bosques, los principales acumuladores naturales de humedad en tierra y responsables de la formación de nubes de lluvia.

La escasez de agua, alertó The New York Times en su edición de este lunes, amenaza con tener consecuencias «nefastas» no solo en grandes áreas urbanas como Los Ángeles y Las Vegas, o en ciudades del Cinturón del Sol en rápido crecimiento como Phoenix, sino también en industrias clave como la agricultura o los recientes centros de datos, grandes consumidores de agua y electricidad.

Un preocupante «anillo de bañera»

El nivel del agua sobre el nivel del mar del lago Powell, el segundo embalse más grande de EU, bajó el pasado sábado hasta la cota de 1,066.8 metros, lo que supone una pérdida de 57.5 metros desde el máximo histórico alcanzado el 14 de julio de 1983. Esto ha dejado expuesta una enorme franja blanca marcada en las paredes de arenisca rojiza del cañón, conocida como el «anillo de bañera» (bathtub ring).

La situación es tan crítica que faltan poco más de 3 metros para que el agua del lago Powell deje de entrar en las turbinas que generan energía hidroeléctrica (minimum power pool), lo que obligaría a un parón eléctrico.

El máximo histórico de generación mensual de la presa del Cañón de Glen —cuyo dique se terminó de cerrar en 1964 y tardó 17 años en formar el lago Powell— ocurrió el 14 de julio de 1983, tras las grandes nevadas en las Montañas Rocosas. Las ocho turbinas de la hidroeléctrica alcanzaron un pico máximo de 1,200,000 MWh, muy por encima de los niveles actuales (166,472 MWh).

El actual estrés hídrico y de generación de electricidad pone en serio riesgo a unos cinco millones de personas en 6 de 7 estados del oeste (Arizona, Utah, Colorado, Nuevo México, Nevada, Wyoming y Nebraska), así como a 53 tribus nativas, que sufrirían costes drásticos de agua y subidas en las tarifas de la luz.

Solo en julio, el nivel del embalse Powell descendió 1.1 metros, mientras nada indica que se vaya a revertir la situación en los próximos meses debido a las olas de calor que azotan el país, en el que se teme que sea el año más caluroso desde que hay registros.

Lo peor está río abajo

De mantenerse la megasequía pertinaz en la cuenca alta del río Colorado —que acumula ya 25 años y es la peor en 1,200 años, según la medición de los anillos de los árboles— y si no se recorta drásticamente la explotación de su cauce hídrico, la segunda mayor reserva de agua dulce embalsada del país podría cruzar en un corto espacio de tiempo el límite de lo que se consideraría un embalse muerto (dead pool) si cae al nivel de 1,027.18 metros sobre el nivel del mar, para lo que faltan apenas 39.62 metros.

En cualquier caso, lo peor estaría río abajo, donde se concentran las grandes áreas urbanas del oeste de EU —entre ellas Los Ángeles, Las Vegas y Phoenix—, así como Mexicali y Tijuana en Baja California.

Al encontrarse el lago Powell en mínimos históricos, la autoridad de la cuenca alta se ha visto obligada a reducir drásticamente la liberación de agua para no dañar las turbinas y garantizar la generación de electricidad en la presa de Glen Canyon.

En años húmedos (décadas de 1980–1990), se llegó a liberar hasta 14 mil 800 millones de metros cúbicos de agua en los mejores años. En 2026, el plan de operación prevé liberar no más de 9,226 millones de metros cúbicos para evitar una parada de la hidroeléctrica y prevenir que se seque el cauce intermedio del Colorado, evitando así una catástrofe medioambiental.

El gran perjudicado es el embalse Mead, el mayor lago artificial del país, ubicado 450 kilómetros río abajo, ya que sufriría un doble estrés hídrico: uno causado por el menor caudal de agua que baja y otro por la intensa evaporación debida a las temperaturas récord desérticas en el sur de Nevada y norte de Arizona.

El lago Mead, limítrofe entre los estados de Nevada y Arizona, ha pasado de un nivel máximo histórico de 372 metros sobre el nivel del mar en 1983 —tras años de fuertes deshielos y lluvias— a su mínimo histórico, registrado este viernes 14 de agosto, cuando retrocedió hasta los 316.9 metros.

Solo en lo que va de año, el nivel del agua del embalse que se creó tras el cierre de la presa Hoover en 1935 ha caído siete metros.

Según alertó este lunes The New York Times, se trata del nivel más bajo desde que concluyó el llenado del lago Mead en 1957. En estos 69 años, el mayor lago artificial pasó de almacenar 35 mil millones de metros cúbicos de agua a los actuales 8,600 millones, un nivel crítico que afecta a treinta millones de personas en California, Nevada y Arizona, y a 3.5 millones en Baja California y Sonora.

Esta situación ha provocado que la hidroeléctrica Hoover, una de las mayores del país, haya pasado de generar un promedio de 4.2 millones de kWh a los apenas 2.3 millones que se prevén para este año. El área metropolitana de Los Ángeles (12 millones de habitantes) es la más perjudicada, ya que aproximadamente el 50 % del agua que consume llega del acueducto que conecta el lago con la segunda ciudad de EU.

Plan de choque californiano

A diferencia del gobierno federal republicano, instalado en el negacionismo y poniendo trabas a la generación de energía renovable, las autoridades demócratas de California han puesto en marcha un ambicioso plan de reciclaje y purificación de aguas residuales (Pure Water Southern California), así como proyectos para construir desaladoras, plantas de captura de agua de lluvia y descontaminación de acuíferos locales.

Aunque la construcción de esta nueva infraestructura y la compra de suministros alternativos repercuten directamente en tarifas de agua más altas, la opinión pública es favorable a tomar acción antes de que sea demasiado tarde.

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