
Rajendra Dawadi, director de la escuela Tribhuvan, en la localidad de Trishuli Bazar, se encontraba impartiendo clases en el interior del salón cuando otro profesor entró corriendo a la estancia alertando de que el agua del río Trishuli bajaba por el valle convertida en una riada monstruosa.
Eran las 9:10 de la mañana y en ese momento sonó la primera de cuatro llamadas consecutivas de padres a su celular, informando de un desastre que había ocurrido río arriba. Sin tiempo aún para reaccionar, Dawadi relató que no había colgado la primera llamada cuando «un padre vino y me dijo: “Se avecina una gran inundación, vengo a buscar a mi hija, me la llevaré”».
«Los padres no se apresuran sin una razón de peso, así que estaba claro que no debía perder ni un segundo en evacuar a los niños», declaró, y agregó: «Decidí que no debía demorarme más. Incluso si no iba a haber inundaciones, solo se trataba de un día de clases».
En cuestión de minutos, el director de la secundaria tocó el timbre de salida de clase y ordenó a alumnos y docentes del recinto que literalmente corrieran por sus vidas cuesta arriba, hasta las zonas más altas de la localidad. Asimismo, llamó a los conductores de los autobuses escolares que se aproximaban a la escuela para que dieran marcha atrás y se dirigieran a zonas altas, ya que los vehículos eran una trampa mortal.
Mientras Dawadi los seguía hacia una colina cercana, la devastadora riada en Nepal empezaba a engullir las instalaciones a su espalda. Se giró para ver cómo el instituto donde había sido alumno —y donde había impartido clases durante años— desaparecía bajo un torrente de agua, lodo, rocas y escombros. Dos miembros del personal no lograron llegar a tiempo a la colina y permanecen desaparecidos.
En menos de diez minutos desde el primer aviso, una especie de tsunami de montaña arrasó todo lo que encontró a su paso a decenas de metros a cada ribera del cauce del río Trishuli: casas, puentes y carreteras. La escuela en su totalidad quedó engullida por la furia del agua y las toneladas de escombros que arrastraba desde 5,400 metros de altitud, donde un embalse natural formado por la caída de cascotes de roca y hielo de un glaciar colapsó el pasado miércoles a las 8:37 hora local.
«Si no hubiéramos tomado una decisión rápida, si hubiéramos tardado 10 minutos más, ninguno de nosotros, incluidos los estudiantes y yo, podríamos hablar con ustedes hoy», relató Dawadi a los periodistas que lo entrevistaron tras correrse la noticia de que había salvado a 900 estudiantes.
«Me siento orgulloso de que hayamos salvado tantas vidas», declaró.
«Sobreviví por diez segundos»
Una de los 900 alumnos que lograron ponerse a salvo fue la adolescente Yunisha Amatya, de 16 años, quien contó a la BBC que ella y sus amigas escaparon cuesta arriba por un estrecho sendero que hay detrás de la escuela.
«No podía caminar rápido, y mis amigas me ayudaron a subir la cuesta. Si mis zapatos no hubieran tenido buen agarre, me habría caído. Sobrevivimos por apenas 10 segundos», recordó.
Por su parte, el padre de Yunisha, Yubaraj Amatya, se apresuró a llegar a la escuela tras enterarse de las inundaciones: «Poco después de que se difundiera la noticia de las inundaciones, intenté llamar a mi hija, pero no pude contactarla, y entonces me asusté. En cuestión de minutos corrí hacia la escuela de mi hija y la escuela estaba completamente inundada. Pensé que mi hija había muerto. Estaba horrorizado, paré mi moto. Había mucha inundación, pero no podía ni pensar en volver sin ella».
Durante casi una hora, no supo si ella seguía viva y la llamó repetidamente sin éxito. Finalmente, la llamada se conectó y Yunisha contestó: «Mi hija recibió mi llamada y no pude contenerme, rompí a llorar».
19,000 sin escolarizar
La rápida reacción y la pronta respuesta de Dawadi durante el desastre natural han sido aclamadas como un acto heroico. Cuando regresó al lugar donde se encontraba la escuela días después de la tragedia, los familiares de los menores lo abrazaron agradecidos por haber salvado a sus hijos. «Los padres me abrazaron, lloraron conmigo, estábamos muy emocionados», manifestó el director. Su petición al gobierno nepalí es sencilla: reconstruir las escuelas y conseguir que los niños vuelvan a clase.
La destrucción del centro educativo de Dawadi no fue una pérdida aislada. En todo el norte de Nepal, las inundaciones han dejado a miles de niños sin sus escuelas, han interrumpido su educación y han generado temores de que el desastre pueda costarles meses de escolarización. La organización Save the Children declaró que al menos 69 escuelas han quedado completamente destruidas, poniendo en riesgo la educación de casi 19,000 estudiantes.
Se dispara cifra de desaparecidos
Nepal agregó este lunes 115 fallecidos en su último recuento y más de 1,700 nuevos desaparecidos, lo que eleva el balance de la tragedia en Nepal y el Tíbet a 919 muertos y 4.793 personas de las que aún no se tiene información.
Al menos 590 ciudadanos extranjeros provenientes de 39 países continúan desaparecidos tras la fuerte riada que arrasó el norte y centro de Nepal el 26 de agosto.