
Asbesto — Don Nabor Álvarez, originario de Nuevo León, murió el 23 de julio de 2021 por mesotelioma, un agresivo cáncer anidado en el pulmón cuya causa es la exposición al asbesto. Durante años, trabajó como obrero en la empresa Asbestos Monterrey.
“Comenzó en enero de ese 2021 con dificultades en la respiración, lo llevamos al Seguro Social, pero siguió agravándose, se le escuchaba un pitido al respirar. Cuando le hicieron estudios le detectaron un tumor cancerígeno y una especie de fibras, principalmente en el pulmón derecho”, cuenta Paula, su hija.
“Nos pareció raro, porque mi papá ni fumaba. ´Es mesotelioma, por inhalar asbesto´, dijeron al final los doctores. No sabíamos ni qué era. Fue muy duro. La última parte de la enfermedad duró siete meses: mi papá ya no dormía bien, le dolía el pecho, se quejaba, se vino abajo muy rápido, le costaba hasta caminar”.
La de don Nabor es apenas una de múltiples historias en un país donde, de forma increíble, y pese a las evidencias médicas recabadas durante décadas y los esfuerzos colectivos por prohibirlo, el asbesto sigue utilizándose.
El primer país en restringirlo fue Islandia, en 1983. En los siguientes años se sumaron otras naciones, en especial del viejo continente. La Unión Europea lo hizo de manera definitiva en 2005. A la fecha, por lo menos 75 países siguieron esa ruta.
Pero aquí, en México, continúa su uso y venta. Se oferta hasta en páginas de comercio electrónico como Mercado Libre. “Tela de asbesto que soporta hasta 500 grados de temperatura”, se lee en un anuncio reciente de la plataforma, el cual ofrece un descuento por metro cuadrado de 914 a 809 pesos.
Y lo inaudito: el asbesto, como en antaño, se emplea aún como dádiva durante campañas políticas y programas partidistas. Como ejemplo, el pasado 9 de diciembre de 2025 se extendió en el municipio colimense de Villa de Álvarez un “Programa de Mejoramiento a la Vivienda, el cual incluyó convenios con ferreteras para la compra con descuentos de diversos productos, entre éstos, láminas de asbesto. “Comprometidos con la economía de las familias villalvarenses, el gobierno municipal que preside Tey Gutiérrez firmó convenios de colaboración para tener acceso a ahorros del 10 al 50 por ciento y mejorar las condiciones de sus casas. Los productos a precios rebajados son: láminas de asbesto”, fue la publicidad oficial.

FIBRAS
El asbesto es un mineral fibroso usado a gran escala desde el siglo pasado, por su bajo costo y propiedades como resistencia al calor, fuego, corrosión y electricidad. Se ha empleado, de manera especial, en industrias como la automotriz (piezas de autos y pastillas de frenado) y en actividades de construcción (techos y láminas), siderurgia y refinería, así como en instrumentos aislantes, depósitos, tanques de agua, tuberías de drenaje y termos. Lo hay de dos tipos: friable, el cual se desmenuza y libera fibras al aire, con un mayor riesgo a la salud; y el no friable, mezclado con otros materiales como cemento o vinilo, pero el cual no deja de ser peligroso.
“El mayor consumo de asbesto en nuestro país se dio entre 1930 y 1970, después comenzó a disminuir a nivel global. Al observar los datos actuales de exportación, comprobamos que sigue circulando en México. Hay un stock, continúa sacándose. En territorio nacional no hay minas de asbesto para explotar con fines comerciales, todo viene de fuera: en su momento Canadá y Brasil, ahora Rusia, China, Kazakhstan”, señala Alejandro Cabello López, médico adscrito a la Unidad de Investigación de Salud en el Trabajo del Centro Médico Siglo XXI, del IMSS, quien recién participó en una mesa de diálogo relacionada con el tema, organizada por el Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la UNAM.
“La mayor parte, sino es que todos los casos de mesotelioma, están generados por el asbesto. Dos investigadores: Guadalupe Aguilar y Cuauhtémoc Juárez, coordinaron un trabajo, el cual arrojó que a partir de 1998 se incrementó la mortalidad, y coincide con el periodo de latencia de este cáncer letal, que aparece tras un periodo de inducción posterior a 20 años”.

El artículo “Análisis geográfico y tendencias de la mortalidad por mesotelioma en México 1998-2022”, en el cual participaron además de Aguilar, Juárez y el propio doctor Cabello -entre otros expertos-, fue publicado apenas el 31 de octubre del 2025 en la revista International Journal of Epidemiology.
De 1998 a 2022, se señala en la investigación, al menos 5 mil 472 mexicanos fallecieron por mesotelioma; el 67 por ciento de las muertes correspondieron a hombres, y las tasas de mortalidad por edad fueron más altas en las personas mayores a 55 años; aumentaron de 2.53 por millón en 1998 a 3.46 por millón en 2022.
Las cinco entidades con más muertes son: Chihuahua, Ciudad de México, Estado de México, Nuevo León y Querétaro.
“Llama la atención el centro y el norte del país. En Chihuahua la tasa es 4 o 5 veces más alta que la reportada a nivel mundial”, refiere Cabello.
OLVIDO
En nuestro país se mantiene vigente la Norma Oficial Mexicana 125-SSA1-2016, la cual se limita a establecer requisitos para el proceso y uso de asbesto. Su vigilancia corresponde a la Secretaría de Salud, a través de la Comisión Federal de Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris). En 10 años, la normatividad en torno al tema se olvidó.
“Estamos jugando a ´te permito usar el asbesto bajo ciertas condiciones´. Se desatendieron los estándares internacionales de cero asbesto. No es regularlo, es prohibirlo. La norma contempla medidas que no se cumplen y, aun cuando se cumplieran, no sirven. Pasa por alto recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y estudios como el de American Cancer Society”, reprocha Luz Berthila Burgeño, de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Baja California, quien forma parte de un grupo de académicos e investigadores en acción contra el asbesto. Algunos unieron sus voces en el IIJ de la UNAM.
“Seguimos en contacto con el asbesto en múltiples formas, y más en este juego perverso del fríable y no fríable: ´sí te permito mientras esté encapsulado´, sin saber que tarde o temprano quedará liberado. Deberíamos tener superado el asunto, pero falta concientización, hacer movimientos como en Argentina y Colombia”.

-¿Cuál ha sido la postura de Cofepris?
-Sus respuestas son evasivas, se le han hecho consultas por transparencia: nadie tiene información, no saben nada, no hay registros; ni siquiera un sistema eficaz de observancia e inspección de la norma. Tampoco un modelo de sustitución y remoción del asbesto ni medidas para controlar la exposición en fuentes laborales o campañas de difusión. El tema no existe”.
De manera contradictoria, el mesotelioma, otros cánceres y padecimientos pulmonares por exposición al asbesto sí están incluidos en la tabla de enfermedades contenida en artículo 153 de la Ley Federal del Trabajo.
“No es que ignoremos la peligrosidad o el daño. En 2014, por ejemplo, el gobierno de la hoy CDMX prohibió el asbesto en los frenos del transporte público RTP. ¿Por qué tenemos que dar pasos tan pequeñitos frente a este monstruo? Hay una total falta de congruencia de las autoridades”, comenta Burgueño Duarte.
-¿Por qué ha sido tan difícil para las víctimas hacer justicia?
-No hay canales para que los trabajadores exijan sus derechos, se vuelven letra muerta. Al ser una situación multifactorial, es complejo para las familias probar los daños, principalmente por falta de recursos económicos y el tiempo transcurrido. A veces el trabajador ya no está donde se contaminó o el patrón ya no existe. Urge una regulación que prohíba el uso a nivel nacional.
La aflicción llegó a casa de los Álvarez. Paola resguarda las fotos junto a su padre como tesoro. Y los recuerdos también. “La familia se desplomó. Tras la noticia, comenzamos a investigar y supimos que el asbesto está prohibido en muchos países desde hace años. ¿Por qué en México no? Vemos que los políticas ponen y quitan leyes a conveniencia, en un día, ¿por qué ignoran los temas que afectan a los trabajadores, a las personas y familias con más necesidad?..
La Crónica de Hoy 2026