
La espada de Damocles que maneja Donald Trump no ha dejado de pender un solo día sobre la cabeza de la presidenta Claudia Sheinbaum, desde que el republicano juró su segundo mandato, el 20 de enero de 2025. Aunque esquivó relativamente bien una guerra comercial y un ataque terrestre el año pasado, el 2026 se presenta mucho más complejo por tres motivos: el presidente de Estados Unidos está envalentonado tras la exitosa captura de Nicolás Maduro, es el año que debe renovarse el T-MEC y debe remontar en las encuestas de cara a las elecciones de noviembre, si no quiere perder el control del Congreso.
Con la cuestión venezolana resuelta a su favor —un gobierno chavista dócil, que colabora en la entrega de petróleo con tal de que no haya más operaciones militares—, el mandatario republicano vuelve de nuevo los ojos (y sus amenazas) hacia sus aliados más cercanos, México y Canadá, por un lado, y los europeos, por otro, por su deseo de quedarse con Groenlandia.
De momento, Trump está distraído con la cuestión de la isla ártica que quiere arrebatar a Dinamarca, pero el mandatario republicano ha demostrado ya su hiperactividad y su comportamiento mafioso e impredecible. De hecho, insiste en que “la presidenta le tiene miedo a los cárteles y no puede con ellos, algo habrá que hacer”.
La gran cuestión es: ¿traducirá esta amenaza en un ataque terrestre? O dicho de otra manera: ¿Le seguirá funcionando a la presidenta la estrategia “telefonazos, no balazos”, luego de la fallida estrategia “abrazos, no balazos” de su antecesor, que no hizo sino empoderar a los cárteles?
Para avistar lo que nos depara este 2026 habría que repasar qué se hizo y qué hablaron los dos presidentes en su primer año de mandato, que comenzó con una bomba por decreto: la declaración de seis cárteles mexicanos en grupos terroristas (y por tanto objetivos militares dentro y fuera de EU).
La diplomacia de las llamadas
No pasó ni una semana y media desde la investidura cuando ya empezó el chantaje de Trump a Sheinbaum (que llevaba apenas tres meses en el poder). El 1 de febrero de 2025 firmó una orden ejecutiva para imponer aranceles del 25% a productos importados desde México, Canadá (fuera del T-MEC) y China, por “no detener la avalancha de extranjeros ilegales y drogas mortales que matan a nuestros ciudadanos, incluido el fentanilo” (nada dijo, en cambio, del reclamo desde el gobierno mexicano para que frene el tráfico de armas a la inversa, que empoderan al límite a los cárteles).
Tras condenar la medida inaudita entre países socios, Sheinbaum advirtió contra medidas “arancelarias y no arancelarias”. Sin embargo, rápidamente rectificó y concertó una llamada urgente, que llegó el 3 de febrero.
Bastaron 45 minutos para desactivar el chantaje arancelario, pero también para que el gobierno mexicano se pusiera las pilas: el 5 de febrero, el gobierno mexicano anunció el Plan Frontera Norte y días más tarde mandó a Estados Unidos, pese a no haber orden de extradición, a 29 narcotraficantes, entre ellos Rafael Caro Quintero.
“Fue una llamada muy amistosa en la que ella aceptó mandar inmediatamente 10,000 soldados mexicanos a la frontera. También acordamos pausar inmediatamente los aranceles por un mes. Espero con ansias participar en estas negociaciones para lograr un acuerdo entre nuestros dos países”, declaró Trump tras colgar.
El respiro duró lo que duró la tregua. El 3 de marzo, Trump decidió que entren en vigor los aranceles porque, según dijo, “las drogas siguen llegando desde México y Canadá en niveles muy altos e inaceptables”. El anuncio provocó la segunda llamada. El 6 de marzo de 2025, Sheinbaum le dijo que las incautaciones de fentanilo del lado de Estados Unidos se redujeron en 41.5%. “Esta gráfica no la conocía él hasta que se la enviamos. Le dije: estamos teniendo resultados, presidente Trump. ¿Por qué ahora puso las tarifas?, pues cómo vamos a seguir cooperando, colaborando, con algo que daña al pueblo de México?”.
Trump prorrogó un mes más los aranceles y dijo: “Nuestra relación es muy buena y estamos trabajando juntos en la frontera, ¡tanto en términos de detener a los migrantes ilegales y el fentanilo! Gracias a usted, presidenta Sheinbaum, por todo su trabajo duro y cooperación”.
En esta ocasión, la luna de miel duró hasta el 10 de abril, cuando Trump acusó a México de incumplir el Tratado de Aguas y volvió a amenazar con “aranceles y otras sanciones, si México no entrega a Texas los más de 1,520 millones de metros cúbicos que le corresponde”.
Amenaza de intervención
La tercera llamada, el 16 de abril, Sheinbaum se comprometió al envío de agua, pero, según The Wall Street Journal, esta vez la conversación fue tensa y, por primera vez, Trump presionó con la idea de que fuerzas armadas de Estados Unidos debían entrar en territorio mexicano para combatir a los cárteles de la droga.
El 1 de mayo se produce la cuarta llamada, esta vez “cordial”, según Sheinbaum, en la que la presidenta le pidió quitar los aranceles al acero, al aluminio y a la industria automotriz. Un día después, EU anunció que las autopartes producidas en México estarían exentas de aranceles, lo que fue considerado un triunfo por Sheinbaum. La sonrisa le duró pocos días, hasta que Trump dijo, por primera vez en voz alta, que la presidenta tiene miedo a los cárteles.
Además, estalló la primera polémica nacional sobre una posible intervención estadounidense en suelo mexicano, tras publicar Washington una foto de una operación del Ejército mexicano “certificada” por el Departamento de Seguridad Nacional de EU sobre el desmantelamiento de un laboratorio en Sinaloa. En dicha foto aparecen unos agentes con uniformes presuntamente del ICE. Para enrarecer más el ambiente, el Congreso aprobó, a iniciativa de Trump y con la mayoría republicana, una tasa del 3.5% sobre las remesas.
Tras una cuarta llamada irrelevante, Sheinbaum y Trump se encontraron por primera y única vez en la cumbre canadiense del G-7, ocurrida el 16 de junio, básicamente para hacerse una foto juntos y mantener una charla intrascendente, ya que el presidente abandonó abruptamente Canadá. Como no pudieron verse, sostuvieron la quinta, que dejó muy satisfecha a la presidenta porque le señaló la “disminución muy grande” de las caravanas, gracias al control en la frontera con Guatemala y, aprovechando el asentimiento de Trump, le preguntó: “¿Por qué no teníamos un acuerdo general, un acuerdo que tuviera que ver con seguridad, con migración y también con comercio?”. Y estuvo de acuerdo.
El 31 de julio se produjo la sexta llamada y la más productiva: una prórroga de tres meses sin aplicar aranceles “para seguir dialogando, construyendo un acuerdo más largo”, dijo Sheinbaum. Y como gesto de cooperación envió en agosto otros 26 narcos, pero el anuncio se enturbió tras la aparición de un dron del ejército estadounidense. El secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, tuvo que salir al paso señalando que fue a petición del gobierno mexicano.
El 2 de septiembre, Sheinbaum recibió al secretario de Estado Marco Rubio, quien afirmó que “ningún gobierno está cooperando más con nosotros que el Gobierno de la presidenta de México”. Pero de nuevo se enturbió el ambiente cuando Washington empezó a cancelar visas de políticos y gobernantes morenistas por sus supuestos vínculos con la delincuencia organizada.
Primera y única reunión cara a cara
El 5 de diciembre en Washington, después del sorteo del Mundial de Fútbol 2026 organizado por Estados Unidos, Canadá y México, se reunieron por fin Trump y Sheinbaum “casi una hora; fue muy cordial y muy positiva”.
Sólo tres días después de la reunión, Trump volvió a amenazar a México con aranceles por el incumplimiento del Tratado de Aguas de 1944, lo que forzó una nueva llamada.
Y de nuevo se tensó la relación el 3 de enero. Envalentonado por el secuestro de Nicolás Maduro, reiteró que Sheinbaum tiene miedo de los cárteles que “controlan México” y advirtió que “algo hay que hacer”.
“Hemos erradicado el 97% de las drogas que entran por agua y ahora vamos a empezar a atacar por tierra”, amenazó.
En la última llamada a la fecha, Sheinbaum enumeró a Trump los laboratorios erradicados, la caída a la mitad del cruce de fentanilo y la disminución de un 40% de la delincuencia organizada.
“Él todavía nos insistió en que, si nosotros lo pedíamos, ellos podían ayudar en otros temas”. Le dijimos: “Bueno, hasta ahora vamos muy bien, no es necesario. Además, está la soberanía de México y la integridad territorial”.
“Y lo entendió”, dijo Sheinbaum, que este martes envió otros 37 narcos a EU. Falta por ver si, de verdad, lo entendió Trump o se deja arrastrar por su recién descubierta vocación imperialista.