En México, el acceso al agua potable suele evaluarse a partir de un indicador básico asociado al bienestar: si los hogares están conectados o no a la red pública. Bajo esta lógica, el país ha avanzado de manera notable. En la mayoría de las entidades, más de nueve de cada diez viviendas urbanas cuentan con agua entubada. Sin embargo, esa cifra optimista oculta una realidad cotidiana mucho más desigual. Tener tubería no significa tener agua, al menos no de manera regular ni en condiciones equitativas, como lo muestra la investigación titulada “Acceso diferenciado al agua potable en zonas urbanas de México. Un estudio sobre las desigualdades”. Las fallas, la intermitencia y los cortes forman parte de la experiencia diaria de millones de personas, incluso en ciudades con alta cobertura de infraestructura.
Cuando la cobertura no garantiza el servicio
La intermitencia es hoy una de las principales expresiones de la inseguridad hídrica urbana, más del 60 por ciento de las personas reporta haber tenido fallas o fugas en el suministro de agua potable. No se trata de casos aislados ni de episodios excepcionales, sino de un problema extendido pues de acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Urbana (2024), el 62.12% de los encuestados reportó haber tenido fallas y fugas en el suministro de agua potable.
Este dato obliga a cuestionar la forma en que se ha medido el acceso al agua en México. Durante años, la política pública ha privilegiado la expansión de la infraestructura, dejando en segundo plano aspectos fundamentales como la continuidad del servicio, la frecuencia del suministro y la disponibilidad real del agua en los hogares.
Pobreza y agua: una relación estructural
Los resultados muestran que las fallas en el suministro no se distribuyen de manera aleatoria. Por el contrario, siguen un patrón claramente asociado al nivel socioeconómico de los hogares.
Las personas que viven en estratos medio bajo y bajo tienen una probabilidad mucho mayor de enfrentar problemas de agua que quienes habitan en zonas de estrato alto. La pobreza, una vez más, opera como un factor estructural que limita el acceso a servicios básicos. En colonias con menores ingresos, la infraestructura suele ser más antigua, el mantenimiento es irregular y la capacidad de respuesta ante fugas o fallas es limitada. Así, la desigualdad económica se traduce en desigualdad hídrica.
Incluso dentro de una misma ciudad, el contraste es evidente. Mientras algunas zonas mantienen un suministro relativamente estable, otras dependen del tandeo, del almacenamiento improvisado o de la compra de agua por medios alternativos.
Una desigualdad que también tiene rostro de mujer
Los hallazgos identifican además una brecha de género en el acceso al agua. Los hogares encabezados por mujeres presentan una mayor probabilidad de reportar fallas y fugas en el suministro que aquellos encabezados por hombres.
Este resultado no es menor. En muchos contextos urbanos, las mujeres jefas de hogar enfrentan mayores niveles de precariedad económica y residen con mayor frecuencia en zonas periféricas. A ello se suma que la falta de agua impacta directamente en las tareas de cuidado y las actividades indispensables para el funcionamiento diario de los hogares, que recaen de manera desproporcionada sobre ellas. La inseguridad hídrica, en este sentido, se superpone con otras desigualdades y las profundiza.
El territorio de la desigualdad: el caso del Valle de México
En el estudio se analizan los problemas en el suministro de agua potable tanto a nivel nacional como en las principales zonas urbanas del país. Con base en estos resultados, se construyeron mapas que permiten identificar los territorios y ciudades con mayor probabilidad de registrar fallas y fugas en el suministro.
Sin embargo, para efectos de este análisis, el énfasis se coloca en un solo caso: la Ciudad de México y sus municipios adyacentes, al tratarse del principal conglomerado urbano del país y de uno de los territorios donde las desigualdades en el acceso al agua se expresan con mayor claridad. Con base en los datos de la ENSU (2024) construimos una gráfica que describe la probabilidad de observar de fallas y fugas en el suministro de agua potable en la Ciudad de México y municipios adyacentes.

El mapa muestra una distribución claramente desigual del acceso al agua. Lejos de tratarse de un problema homogéneo, las fallas en el suministro se concentran en zonas específicas, configurando conglomerados territoriales donde la probabilidad de enfrentar cortes e intermitencia es considerablemente más alta. Los resultados indican que la zona oriente presenta los mayores niveles de probabilidad de fallas en el suministro de agua potable, en contraste con las alcaldías centrales de la Ciudad de México, donde dichas probabilidades son significativamente menores. Esta distribución pone de relieve que, incluso dentro de una misma metrópoli, el acceso al agua responde a una lógica territorial profundamente desigual.
Estas diferencias no responden únicamente a la ubicación geográfica, sino que parecen estar estrechamente asociadas con condiciones socioeconómicas, en particular con la concentración de pobreza urbana en la periferia oriente del Valle de México. Municipios y alcaldías con mayores niveles de vulnerabilidad social presentan, al mismo tiempo, una mayor exposición a la inseguridad hídrica.
El caso de Iztapalapa destaca de manera particular. De acuerdo con el análisis, esta alcaldía presenta una de las probabilidades más altas de sufrir fallas y fugas en el suministro de agua potable, lo que confirma una problemática ampliamente conocida por sus habitantes y documentada en diversos estudios previos. La intermitencia del servicio en esta zona no aparece como un fenómeno aislado o excepcional, sino como un patrón que ha sido ampliamente documentado en distintos estudios.
En contraste, las alcaldías centrales muestran una menor probabilidad de enfrentar problemas de agua. Esto sugiere que la cobertura de infraestructura, la capacidad institucional y las condiciones socioeconómicas interactúan para producir accesos diferenciados al mismo servicio dentro de la ciudad.
El mapa del Valle de México sintetiza de manera clara uno de los principales hallazgos de la investigación: el acceso al agua potable no solo es desigual entre regiones del país, sino también al interior de las grandes metrópolis. La inseguridad hídrica se territorializa y se concentra en espacios específicos, generalmente aquellos donde se acumulan otras formas de desigualdad urbana.
Finalmente, en México existe no solo un problema de disponibilidad de agua, sino uno de equidad en su distribución y gestión. Mientras algunas zonas cuentan con un suministro relativamente estable, otras dependen de esquemas de tandeo, almacenamiento y estrategias cotidianas para hacer frente a la falta del líquido. El acceso al agua, en este sentido, se convierte en otro reflejo de las desigualdades estructurales que atraviesa el país.
Análisis de especialistas de la Universidad Iberoamericana son presentados a nuestros lectores cada 15 días en un espacio que coordina el Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana, CDMX
Comentarios: pablo.cotler@ibero.mx
Los autores son profesores-investigadores del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas. Además, el primer autor está adscrito al Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad (Equide)