
Desde el año pasado, el gusano barrenador ha sido un problema que ha afectado a animales de ganado y que incluso ha tensado algunas relaciones comerciales entre México y Estados Unidos. Ahora, se ha confirmado que animales de hogar como perros y gatos también pueden padecerlo tus “michis” y “lomitos”. Ahora, esto es lo que necesitas saber en caso de tener un caso en tus mascotas.
El gusano barrenador del ganado (Cochliomyia hominivorax) es un parásito que también afecta con frecuencia a perros y gatos, provocando lesiones graves en los tejidos, dolor intenso e incluso la muerte si no se trata a tiempo. Ante el aumento de casos en mascotas, especialistas han establecido un protocolo clínico que define desde la evaluación inicial hasta el seguimiento posterior para garantizar una atención adecuada y reducir riesgos sanitarios
Lo primero que necesitas hacer es confirmar que existe un contagio y revisar sus síntomas. Si detectas heridas que no cicatrizan y que tienen mal olor, inflamación intensa, lamido constante en alguna zona específico o la aparición de pus, deberás llevarlo a una persona especialista en veterinaria para que pueda atenderlo lo antes posible.
En caso de que se trate de un caso de gusano barrenador, el protocolo de atención del Organismo Internacional de Sanidad Agropecuaria establece los siguientes pasos
¿Qué hacer si mi perro o gato sufren el gusano barrenador?
De acuerdo con el protocolo técnico, el primer paso es una entrevista con el propietario para conocer la evolución de la herida, cambios de conducta, tratamientos previos y el contexto del caso. Posteriormente se realiza una exploración física completa para medir signos vitales, evaluar el estado general del animal e inspeccionar la lesión, identificando número de larvas, profundidad de la herida y posibles signos de infección.
Esta valoración permite clasificar el caso como leve, moderado o severo y determinar el tipo de tratamiento necesario.
Procedimiento clínico para retirar las larvas
Una vez confirmado el diagnóstico, el veterinario prepara materiales estériles, sujeta adecuadamente al animal y aplica un larvicida tópico para facilitar la salida de las larvas. Después se extraen manualmente las visibles y se toman muestras para laboratorio, con el objetivo de confirmar la especie del parásito y cumplir con la notificación sanitaria obligatoria. En casos avanzados puede requerirse sedación, drenaje o desbridamiento de tejido dañado.
Limpieza profunda y tratamiento médico
Tras la extracción, la herida debe limpiarse e irrigarse con solución salina y antisépticos para eliminar restos de tejido necrosado. Dependiendo de la gravedad, el tratamiento puede incluir antibióticos sistémicos para prevenir infecciones secundarias, antiinflamatorios para el control del dolor y antiparasitarios tópicos o sistémicos como complemento terapéutico.
El manejo clínico se adapta a cada caso según la cantidad de larvas, la extensión de la lesión y el estado general del paciente.
Orientación al propietario y cuidados posteriores
El protocolo establece que los dueños deben realizar curaciones diarias con productos autorizados, evitar que el animal se lama la herida mediante collar isabelino y vigilar signos de complicación como fiebre, secreción o letargia. Además, se recomienda monitorear la temperatura corporal, mantener al animal en ambientes limpios y asistir a consultas de seguimiento entre 7 y 10 días después del tratamiento, o antes si el caso fue grave.
Prevención y vigilancia sanitaria
Entre las medidas preventivas destacan revisar diariamente a las mascotas, mantener heridas limpias y protegidas, evitar que duerman en zonas contaminadas y reportar cualquier caso sospechoso a las autoridades veterinarias. La correcta notificación y registro de los casos es parte esencial del control sanitario para evitar la propagación del parásito.
Un manejo oportuno puede salvar la vida de la mascota
El protocolo subraya que la atención temprana, el tratamiento integral y el seguimiento constante son determinantes para la recuperación de perros y gatos infestados. La colaboración entre veterinarios y propietarios es clave para reducir complicaciones y prevenir nuevas infestaciones, contribuyendo así a la salud animal y a la vigilancia epidemiológica en la región.