Durante la Plenaria de Consejeros de Banamex, Édgar Amador Zamora, secretario de Hacienda, se dirigió a exponentes del sector privado para explicar la situación de México en 2025 y lo que se proyecta para los próximos años.
El secretario señaló, que en 2025 el país tuvo un crecimiento moderado debido a factores como la elevada volatilidad en el comercio internacional, y a que fue el primer año de la administración de la nueva presidenta, periodo que, históricamente, suele tener un crecimiento por debajo de la tendencia.
A pesar de ello, el crecimiento de 2025 se ubicó en 0.6%, en la serie original, contrario a los escenarios de recesión que algunos anticipaban al inicio del año, y México se consolidó como el principal socio comercial de Estados Unidos, tanto en importaciones como en exportaciones.
Para 2026 se proyecta un panorama más favorable que se consolidará hacia 2027 conforme se materialice la inversión pública y privada. Esto no son solo las estimaciones nacionales, sino que también la OCDE elevó su previsión a 1.4%, y el Banco de México a 1.6%; la expectativa es tener un crecimiento cercano a 3% rumbo al final de este ejercicio.
Precisó, que en el frente externo, México mantiene una ventaja relativa muy clara. Aún en un entorno de mayores tasas arancelarias globales, la posición del país es competitiva. En diciembre de 2025, la tasa arancelaria efectiva de nuestro principal mercado que enfrentamos fue de 4.4%, significativamente menor a la de China, que enfrentó 31.1%, y a la de varios socios relevantes de Estados Unidos.
Amador Zamora analizó que actualmente las cadenas globales de valor se están reconfigurando. La política industrial ya no se define sólo por costos, sino por productividad, seguridad, resiliencia y acceso confiable a insumos, por lo que habría que señalar qué países están mejor posicionados para aprovecharla.
A lo que consideró que México tiene esa capacidad pero hace falta impulsar la innovación mexicana, que es parte de los propósitos del Plan México: analizar inversión hacia sectores estratégicos, elevar el valor agregado doméstico y generar empleos mejor remunerados con mayor contenido tecnológico.
En paralelo, el Plan Nacional de Infraestructura contempla una cartera superior a 5 billones de pesos, distribuidos en más de 1,500 proyectos que abarcan energía, transporte ferroviario, carreteras, puertos, salud y agua. La magnitud es significativa, pero el principio rector es claro: incrementar la inversión pública y catalizar la privada sin comprometer la sostenibilidad fiscal.
Por ello, la estrategia descansa en tres ejes: fortalecimiento de la banca de desarrollo con financiamiento y garantías, creación de nuevos vehículos de inversión y contratos con participación privada bajo reglas claras y certidumbre jurídica.