
“La experiencia más indeseada de mi vida”, describe María en torno al momento en que se enteró de que estaba embarazada de 1 mes con 6 semanas.
A sus 28 años, consolidando su carrera profesional en una empresa donde le gusta su trabajo, no estaba dispuesta a parar su vida para dedicarla a la maternidad, por eso, cuando comenzó a presentar cansancio inusual, cambios de humor, cólicos parecidos a los menstruales, falta de aire cuando hacía mayores esfuerzos, y los primeros indicios de náuseas, supo que algo estaba diferente en su cuerpo.
“Inconscientemente lo sabía, había una parte de mí que lo sabía y por eso había retrasado el realizarme la prueba. Pero cuando tuve el positivo en la mano, fue como si una parte de mi mundo se cayera”, rememora, “al mismo tiempo me sostuve, porque sabía que las mujeres de hoy tenemos el privilegio del derecho a elegir”.
La interrupción del embarazo tuvo un avance notable en México apenas en septiembre de 2023 por la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación cuando los ministros resolvieron que es “inconstitucional el sistema jurídico que penaliza el aborto en el Código Penal Federal” hasta las 12 semanas de gestación (aunque congresos locales como Sonora, Tamaulipas, Tlaxcala, Guanajuato, Nayarit y Durango tienen pendientes en esta materia).
Las mujeres han usado métodos abortivos desde siempre, pero con esa decisión de la SCJN se avanza en hacer una obligación del Estado que el servicio de interrupción del embarazo se brinde de forma gratuita en cualquier clínica del sistema de salud pública a toda mujer que lo solicite. Instituciones de salud como el IMSS o el ISSSTE gozan de cierta fama por ineficiencia, malos tratos, e insuficiencia en los servicios de este tipo.
Es aquí donde la labor de organizaciones como MSI (antes Marie Stopes México) se vuelve fundamental para garantizar el derecho a “decidir libre, responsable e informadamente sobre el número y espaciamiento de hijos”, establecido en el artículo 4 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
En entrevista para Crónica, Claudia Morales, Coordinadora de Vinculación y Difusión de MSI, platica la labor de la organización como facilitadores de un derecho ya ganado como lo es el aborto, que ante la Organización Mundial de la Salud, es reconocido como la posibilidad de vivir con bienestar biológico, psicológico y social, ya que un embarazo no deseado puede impactar negativamente en estos tres ámbitos.
“Puede haber una despenalización, pero despenalizar y accesibilidad no es lo mismo; puede estar despenalizado pero no ser accesible, porque lo que lo hace accesible es que se cuente con información, que exista un espacio seguro para poder ejercerlo, que se respondan todas las dudas”, señala Morales, “el aborto ha ocurrido y va a ocurrir sin el permiso de nadie, entonces, más bien lo que se busca al meterlo en un ámbito de derechos humanos es que sea vivido en las condiciones óptimas de salud. Que el procedimiento previo, durante y después de una interrupción sea saludable en nuestras esferas biológicas psicológica y social”.
La representante de MSI, resaltó la importancia de que, cuando una mujer acude a sus clínicas con la decisión de interrumpir un embarazo, sienta que se encuentra en un espacio seguro y confiable, donde será acompañada y atendida sin ser puesta a juicio ya que reconocen que cada mujer tiene una historia única que tiene derecho a ser orientada en la plena salud, guiados por los lineamientos de seguridad que rigen a la organización, y siempre haciéndole saber que no está haciendo nada fuera de la ley.
María señala, que cuando llegó a MSI, a pesar de atravesar por un momento complicado, se sintió cobijada por la calidad con la que su personal, conformado sólo por mujeres, se dirige a quienes acuden por algún servicio, ya que, comenta, son cuidadas desde la comprensión de que pueden acudir con miedo, nervios o inseguridad. Y lo mismo en torno al dolor físico, pues aunque las médicas hacen su trabajo para que sean procesos lo más amables posibles, cada cuerpo reacciona distinto.
La paciente narra que no esperaba encontrarse con un espacio médico “de primera calidad”; inicialmente recibió una explicación por parte de una ginecóloga que le explicó con detenimiento en qué consistiría su procedimiento; luego, le realizó un ultrasonido para comprobar el avance del embarazo; después pasó a una sala donde se administró medicamento previó a la intervención, ahí se encontró con otras mujeres, de perfiles muy distintos al suyo, pero que acudían por la misma razón.
A partir de ahí, cuenta que el resto del proceso terminó rápido y en cuestión de minutos pudo salir por su propio pie de vuelta a su casa. Este caso es particular, ya que en MSI ofrecen distintas alternativas para elegir la que más se adecúe al perfil de cada mujer.
La misión de MSI comenzó hace 50 años en Inglaterra y llegó a México hace 27 años, con la vocación de impactar en comunidades vulnerables, donde la información sobre reproducción sexual es escasa o nula. Esta misión continúa hasta el día de hoy, a través de los ingresos que generan con los servicios que ofrecen en las clínicas que tienen en 9 estados de la República (5 en la CDMX).
Fundación MSI cuenta con tres programas sociales: uno donde imparten pláticas de educación sexual en distintos lugares y dirigidas tanto a adultos como a jóvenes; el programa parteras, donde acuden a comunidades del país donde enseñan a estas mujeres con conocimientos ancestrales a utilizar métodos antifecundativos que la fundación les proporciona; y el programa subsidios, donde mujeres de escasos recursos o que no cuentan con la solvencia económica para pagar alguno de los servicios que ofrecen, pueden acceder a ellos de forma gratuita o mediante un pago parcial. “La idea es que ninguna mujer, por un tema económico se quede sin posibilidad de decidir”, señala Morales.
Actualmente, existen más clínicas como estas, con una mayor demanda en servicios para evitar o interrumpir el embarazo: un paso hacía adelante que se ha ganado a través de años de lucha y exigencias por la libre decisión de las mujeres.
“Tener una justicia que haya declarado inconstitucional criminalizar a una mujer y a quien le acompaña en la decisión de interrumpir un embarazo, eso no lo tiene cualquier país; el que tengamos hoy la mayor parte de los estados con una despenalización del aborto, no lo tiene cualquier país; que puedas encontrar educación sexual integral en algunos espacios, tampoco lo tiene cualquier país. Todo el trabajo que se ha hecho por parte de las colectivas, por parte de los movimientos feministas, por parte de muchas mujeres que han picado piedra, va haciendo que caminemos, no estamos igual que hace 10 años, no estamos igual que hace 20 años”, concluye Morales.