
La masificación en el empleo de drones por parte de grupos del crimen organizado, particularmente los cárteles de la droga, ha obligado a estas organizaciones a acelerar el ritmo con que capacitan a nuevos operadores, o ‘droneros’, como se les conoce en la jerga del hampa. Donde antes eran empleados instructores con experiencia probada en combates con cuadricópteros, en frentes de batalla como los de Ucrania (invadida por Rusia en 2022) y Colombia (en la guerra entre el gobierno de Gustavo Petro y el Ejército de Liberación Nacional, el Clan del Golfo y las disidencias de las FARC), pulula ahora el uso de videojuegos que sumergen al neófito operador en una jugabilidad dinámica y realista cuyo móvil es emular los desafíos, tácticas y “virtudes” del uso de drones en la guerra moderna.
Para los cárteles y su sicariato los drones se han convertido en herramientas clave para sostener, vigilar y cooptar territorios; así, desde hace casi siete años los narcodrones protagonizan operaciones que abarcan desde el trasiego de drogas y armas, hasta acciones de bombardeo en contra de grupos rivales, fuerzas del orden e incluso asentamientos rurales a cuyos pobladores buscan desplazar. Han resultado ser todo un éxito y no parece que eso cambie en el futuro cercano, al contrario, los conflictos bélicos que afligen actualmente al mundo suponen una oportunidad de oro para los desarrolladores de drones -y software-, son un terreno fértil en el cual probar las capacidades y los alcances de estos dispositivos que, huelga decir, se comercializan sin filtros y a precios que los vuelven asequibles para prácticamente cualquier persona.
ASES VIRTUALES

La invasión de Rusia a territorio ucraniano en febrero de 2022 desencadenó una auténtica guerra de gadgets, un teatro de operaciones accesible en cualquier momento a través de internet y del cual el crimen organizado abreva tácticas e ideas que en nuestro suelo, y en la cruzada contra el narco, resultan insólitas; la de Rusia contra Ucrania es la primera guerra moderna caracterizada por el empleo masivo de drones que mutan, mudan y exudan innovaciones tecnológicas en un afán por volverles más rápidos, evasivos, indetectables y, en última instancia, mortales.
En este tenor, afloró un mercado de cuadricópteros dominado por las compañías chinas Da Jiang Innovations (DJI), Autel Robotics y Potensic, así como por la empresa francesa Parrot (el mayor fabricante de aeronaves no tripuladas de Europa) y la marca californiana de drones Skydio. La alta demanda de estos aparatos, y su indiscutible éxito en los campos de batalla, dilató también la necesidad formar operadores capaces y con una agudeza instintiva cargada de anabólicos y en constante trabajo de pulido para lograr pilotar, y literalmente explotar, las ventajas operativas de los drones. De modo que la capacitación migró al terreno de lo virtual, en forma de inocentes videojuegos.
EN LA INTERFAZ

Supuestos droneros del Cártel Jalisco Nueva Generación han sido captados perfeccionando sus habilidades con cuadricópteros mediante el uso de simuladores en línea. Jóvenes, en su mayoría, practican con videojuegos que ostentan escenarios tan diversos como entornos urbanos, bosques, fábricas y hasta desplegados arquitectónicos similares a centros comerciales, complejos de oficinas, y aeropuertos en los cuales es posible desarrollar operaciones de caza, bombardeos de objetivos a distancia (con proyectiles) o de estilo kamikaze contra vehículos (emboscadas) o personas, sean estas últimas figuras desarmadas (atentados) o combatientes “enemigos”. Son entramados virtuales e inmersivos específicamente diseñados para emular las condiciones reales del combate con drones.
La mayoría de los videojuegos más populares consagrados a la trama de los drones y la guerra, tales como FPV Kamikaze Drone, Kamikaze Strike, FPV Kmikaze Drone Simulator o Drones of War, están disponibles en plataformas como Steam o Epic Games, y en las tiendas en línea de Nintendo, PlayStation y Xbox. Y todos ostentan fechas de lanzamiento que abarcan de 2023 a 2026, es decir, son contemporáneos de la guerra en el este de Europa, de la que toman prestada gran parte de su ambientación, estética y hasta el nombre: Ukranian Fight Drone Simulator.
MAESTRO DRONERO

Uno de los juegos más socorridos, el FPV War Kamikaze Drone (disponible en Google Play Games), ofrece a los usuarios la oportunidad de controlar distintos tipos de drones para atacar y destruir “sitios estratégicos” como bases militares, “zonas industriales”, carreteras y “vehículos enemigos” que van desde todoterrenos y camiones de suministro hasta tanques medianos o pesados y sistemas de artillería fija o móvil sobre el campo de batalla. El juego pretende educar al operador entorno a qué dron usar en función del objetivo y la operación, si es menester utilizar un kamikaze o uno tipo striker (que arroja la carga). También aconseja en el tipo de explosivos a emplear, los más adecuados para neutralizar blindados, infantería, vehículos ligeros, o bien, para causar un daño extendido en toda el área.
La “jugabilidad”, según se lee en la descripción del producto, “sumerge en la experiencia de pilotar un dron FPV real” y permite “observar los resultados de tu ataque y evaluar el daño”. Conviértete en un maestro de los drones de combate, su eslogan.

Pero existen niveles más avanzados. Otro juego, el Kamikaze Strike FPV Drone, asequible en la web de Nintendo por tan solo 180 pesos, enseña a evadir inhibidores de señal y a maniobrar entre sistemas de radar y fuego ligero que “amenazan con cortar tu transmisión”, todo mientras el jugador conduce al “dronesolitario” hacia puestos de mando enemigos, todo con la proyección de ángulos de impacto sugeridos para garantizar desenlaces “crudos y explosivos”.
En ambos casos, los desarrolladores arguyen que sus creaciones están diseñadas para ceder a controles inalámbricos “ultrasuaves” y responsivos como los usados por los equipos reales y profesionales, también se jactan de poseer interfaces provistas de los instrumentos de navegación habituales en las marcas de drones más populares. Se trata de simuladores confeccionados para mercados con intereses sumamente específicos, pero sin reparo alguno en qué tan amplia y descuidada pueda ser su oferta y disponibilidad.

METAFRENTE
Deshacerse finalmente de la idea de gravar los videojuegos “violentos” con un impuesto del 8%, (tras no poder resolver la semántica y en ello decidir qué es violencia y qué no) en un intento por graduar la apología a la violencia contenida en sus tramas y trazos, no significó para el Gobierno de México abandonar la batalla que mantiene en contra de los metaversos virtuales dado el peligro que representa la democratización de su venta, un mal que alcanza finalmente a niños y adolescentes aún sin la capacidad o sin los elementos necesarios para discernir adecuadamente qué sí replicar y qué no; ello sin mencionar la veta directa a un probable reclutamiento de menores por parte grupos del crimen organizado, un fenómeno probado.

Sobre esto último, el gobierno federal ha perseguido y eliminado decenas de sitios web de videojuegos vinculados con redes de reclutamiento o gestionadas directamente con por grupos delictivos, 180 al corte de marzo de este año. La justificación que esgrimió el jefe de esta operación, y a la par encargado de la seguridad pública en todo el país, Omar García Harfuch, dictó que estas páginas, sitios y aplicaciones se han convertido en una herramienta más del hampa para sumar victimarios a sus filas. Se presume que los cárteles en México precisan reclutar entre 350 y 370 personas a la semana para reponer sus bajas, sean estas por muertes, arrestos o deserciones; cada año, todo el mecanismo de leva del crimen organizado rondaría los 19 mil 300 nuevos reclutas. De ahí que sea prudente preguntarse qué sucederá con el surgimiento y proliferación en línea de estos simuladores de vuelo para drones kamikaze.