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La inversión y la confianza en México

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¿Por qué crece tan poco la economía mexicana?

La economía mexicana se encuentra en una trampa de bajo crecimiento. En los últimos 40 años la tasa de crecimiento del PIB por habitante ha sido en promedio de 0.53%. A últimas fechas esto ha sido aún peor, al grado de que el PIB por habitante de 2025 es prácticamente el mismo que se tenía en 2017. La economía mexicana no solo no ha tendido a converger con las más avanzadas, como cabría esperar, sino que además se ha quedado rezagada respecto de otras, como Corea del Sur, que antes estuvieron por debajo de ella.

Una de las principales causas de este bajo crecimiento es la insuficiencia de inversión. Los países emergentes con alto crecimiento suelen tener una razón de inversión a PIB mayor que la de 23% que impera en México, que se compara desfavorablemente con la de 40% de China, 35% de India y 30% de Corea del Sur. El cociente inversión/PIB de México es similar al de algunos países desarrollados, como Suecia (26%) o Estados Unidos (21%), lo que hace menos factible que el PIB por persona de México pueda crecer más rápido que el de esos países a efecto de ir cerrando la brecha que tiene con ellos.

¿Qué es la inversión y por qué importa?

La inversión es el acto de postergar el consumo actual para dedicar recursos a la creación o adquisición de bienes de capital. El objetivo es aumentar la capacidad productiva de la economía y, con ello, generar una mayor producción o riqueza en el futuro. La inversión permite sumar capital al proceso productivo o aumentar su eficiencia, por lo que es un componente clave del crecimiento económico.

Al contribuir al aumento de la capacidad productiva del aparato económico, la inversión es un argumento fundamental del crecimiento de largo plazo de la economía. La inversión va de la mano con la incorporación del cambio tecnológico en la actividad productiva, lo que suma a su impacto en el crecimiento, además de que suele tener externalidades positivas de eficiencia entre las distintas actividades y encadenamientos con efectos multiplicadores, especialmente en el caso de la inversión en infraestructura. Es decir que, con frecuencia, la inversión en una actividad favorece la mayor inversión en otras actividades, provocando círculos virtuosos e impactando positivamente en el crecimiento.

¿Cómo ha evolucionado la inversión en México?

Alrededor del 85% de la inversión en México es privada y solamente el 15% es pública, de manera que la principal explicación de lo que ocurre con la inversión en el país resulta de las decisiones del sector privado, aunque también es cierto que tales decisiones pueden beneficiarse de sinergias con la inversión pública. Una inversión pública bien diseñada puede atraer mayor inversión privada, al aumentar su rentabilidad. Entonces, en primera instancia, lo que ocurre con la inversión resulta de la disposición del sector privado, nacional y extranjero, para invertir; y en segunda instancia de las acciones de inversión pública que se desarrollen. En los últimos años el comportamiento de la inversión ha sido a la baja, tal como lo reflejan las estadísticas de Formación Bruta de Capital Fijo que produce el INEGI, a partir de las cuales se observa que la inversión ha venido disminuyendo desde julio de 2024.

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Los inversionistas privados son diversos, pero en general su disposición a invertir depende de una serie de elementos como entorno internacional y paz social, estabilidad de precios, tasas de interés competitivas, buen ambiente regulatorio, cantidad y calidad de la infraestructura para la producción, seguridad física, seguridad jurídica y estabilidad en las reglas de juego, entre otros aspectos. En conjunto, las mejores o peores condiciones se reflejan en la confianza para invertir. La confianza se incrementa en la medida en que el entorno general para la inversión también lo hace y viceversa.

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El Indicador Global de Opinión Empresarial de Confianza del INEGI, referido a empresas de manufacturas, comercio, construcción y servicios privados no financieros, muestra un deterioro muy claro a partir de julio de 2023, destacando el hecho de que casi a todo lo largo de 2025 y lo que va de 2026 ha estado por debajo del umbral teórico que separa la zona de optimismo, que señala crecimiento de la actividad económica (valores superiores a 50), de la zona de pesimismo, asociada con decrecimiento (valores inferiores a 50).

Sin lugar a duda la profundización del indicador en zona de decrecimiento es mal presagio, puesto que la desconfianza es contagiosa. En general, las empresas reportan una cada vez más baja valoración de la situación presente y futura tanto del país como de las mismas empresas. Destaca el hecho de que el porcentaje ponderado por tamaño de las empresas que consideran que el momento actual es adecuado para invertir se ha venido haciendo progresivamente más minoritario, indicando un cada vez menor apetito por invertir, lo que a su vez refuerza las expectativas de deterioro del crecimiento del PIB, que ya de por sí está en niveles muy bajos, siendo de 1.4% para 2026 según lo que resulta de la encuesta a especialistas del sector privado que reporta Banco de México y la encuesta del Comité de Estudios Económicos del IMEF.

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El deterioro en la confianza seguramente está relacionado con la incertidumbre que ha inducido la errática política comercial de EEUU y en particular la inminente revisión del TMEC. Por supuesto, algunos eventos geopolíticos relevantes, como las guerras en Ucrania e Irán, también han sumado al enrarecimiento del entorno económico. A estos elementos, se suman otros de origen interno como una suigéneris reforma al poder judicial, el debilitamiento de la Ley de Amparo, la eliminación de contrapesos al poder ejecutivo y la reversión de proyectos de inversión nacionales y extranjeros que ya estaban legalmente autorizados e incluso en marcha. Todo esto ha resultado en un aumento de la cautela de los inversionistas, que han preferido esperar a ver para entender mejor los riesgos implícitos en el nuevo entorno, antes de disponerse a arriesgar su dinero. Otras razones que se mencionan en la encuesta de especialistas del Banco de México incluyen: crimen, falta de estado de derecho, corrupción, burocracia, falta de competencia y acceso a financiamiento.

Medidas recientes

El gobierno de México y el poder legislativo están tomando acciones proactivas para favorecer la inversión, en especial de infraestructura. Estas incluyen el Plan México, el Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo con Bienestar (2026-2030) y la Ley para el Fomento de la Inversión en Infraestructura Estratégica para el Desarrollo con Bienestar. Es deseable y está por verse que estas medidas sean suficientes para revertir la pérdida en la confianza que ha dominado en los años recientes, ya que sin recuperación de la confianza difícilmente podrá darse el crecimiento sostenido en la inversión que el país necesita. En este sentido no vale la pena atenernos a discursos o a promesas. En cambio, pongamos nuestra atención en lo que pase con los indicadores de confianza, como adelanto de lo que podrá ocurrir con la inversión en lo que resta del año.

Análisis de especialistas de la Universidad Iberoamericana son presentados a nuestros lectores cada 15 días en un espacio que coordina el Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana, CDMX

Comentarios: pablo.cotler@ibero.mx

*El autor es miembro del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad (Equide)

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